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6- 7 D 7 LOS DOMINGOS DE Flores de Mayo POR MARIANO ANTOLÍN RATO ESCRITOR Sueños para otro mundo Fue el año en que Lennon y Yoko Ono se hicieron fotografiar desnudos. Una imagen que ya presagiaba la disolución de los Beatles. El año de The Doors, los Rolling, Janis Joplin, 2001. Una odisea del espacio el LSD, los viajes astrales y el sueño de que cualquier cambio siempre es para mejor ería inexacto considerar mustias las flores de aquel mayo de 1968. Hace demasiado que, siguiendo el ciclo vital amenazado por la acción depredadora de los humanos, se han convertido en humus. Sin embargo, por poco que se escarbe en él- -y basta con que una fecha del calendario señale que desde entonces han pasado 40 años- brotan, no restos de estiércol, sino hasta rescoldos que, con imaginación, remiten a una especie de apocalipsis que alarmó a los mandamás del momento y despierta nostalgias entre quienes lo sobrevivimos y aún lo recordamos contradiciendo el apotegma de que quien recuerda la década de 1960 es que no la vivió. La sobada foto del chico que mete una flor en el cañón del fusil de un policía, sugiere la ingenuidad, y también la horterada que significa el eslogan: Haz la paz, no la guerra. En especial si se pronuncia en inglés, como está mandado, pues fue en Estados Unidos donde empezó a manifestarse aquella contestación al Sistema -palabras de entonces- de unos jóvenes cuya manifestación más pública- -y mediática quizá se diría hoy- tuvo lugar en 1968. En Europa las imágenes de referencia son las de los famosos événements de mayo de ese año en París, con sus estudiantes descarados, anarquizantes, situacionistas que tiran adoquines bajo los que estaba la playa- -otro eslogan revenido del momento- a la policía en un intento de cambiar la Historia con mayúscula. O el aplastamiento de la Primavera de Praga por los tanques soviéticos. Una intervención militar contra rebeldes al igualitarismo, sobre todo mental, que supuso uno de los muchos principios del fin del comunismo y de la Historia- -también con una mucho más justificada mayúscula- Simultáneamente, llegaban ecos de protestas en Berlín, en Berkeley, en Ciudad de México, y tantos S John y Yoko pregonan la florida causa de la paz y el amor con los Beatles al borde la ruptura otros puntos donde el curso 1967- 68 sería el más agitado de la historia universitaria. En España, uno de sus iconos sistemáticamente silenciados fue el crucifijo arrojado por una ventana de la facultad de Filosofía y Letras, en Madrid. Un acto que responde al clima desmadrado de la época y a las muertes violentas, su telón de fondo. La del líder de los derechos civiles de los negros, Martin Luther King. El asesinato de Robert Kennedy- -se repetían los misterios que rodearon al de su hermano, presidente de Estados Unidos, John Fitzgerald, cinco años antes- O el de los estudiantes en la plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco. Y como una sombra siniestra que descargaría su mazo un año después, la matanza de la actriz Sharon Tate- -mujer del director de cine Roman Polanski- -y sus amigos por una banda filonazi drogada al mando del iluminado Charles Mason. Y a una escala mucho menor, pero bien difundida porque tuvo lugar durante un concierto gratuito ante más de 300.000 fans de los Rolling Stones, los muertos en Altamont, San Francisco, a manos de unos Hell s Angels contratados insensatamente para garantizar el orden. Todos los apocalipsis empiezan con la salmodia de profetas. El de mayo del 68 lo anunció Bob Dylan al proclamar en estéreo que los tiempos estaban cambiando- -así lo cantaba- o que el viento traía respuestas y grandes lluvias justicieras que ni los más sombríos augures de aquella turbulenta época supusieron que tendrían su culminación en la Expo de Zaragoza. Otro profeta, en contra de sus deseos, fue Jack Kerouac. Sus novelas- -a la España negra de la censura franquista llegaron vía traducciones argentinas- -ofrecían visiones de movimiento perpetuo. Si uno no se paraba nunca, si aceleraba para alejarse de cada nuevo encuentro antes de que la excitación inicial lo marchitara, la vieja sociedad cambiaría. Unas alucinaciones de vía estrecha que se prolongarían durante los 60, una década que, en realidad duró como mucho cinco años. Aunque, claro, entonces el tiempo tenía una dimensión elástica, y viajando en LSD, transcurría la historia entera de la humanidad antes de que uno terminara de ver salir de los altavoces el grito del chamán del grupo de rock The Doors, Jim Morrison: ¡Queremos el mundo, y lo queremos ya! La música desempeñó una papel decisivo- -leer requiere más esfuerzo que oír una canción, ver una película- Sus mascarones de proa fueron Los Beatles. Basados en el rock and roll, inventaron la obra conceptual, introdujeron en la música popular el sinfonismo y la psiquedelia- -y utilizo deliberadamente esta forma, frente a psicodelia una manía de los puristas de primera época- Algunos exaltados osaron proclamar que las buenas vibraciones que lanzaban al aire tendrían como efecto que a nadie se le ocurriría ir por ahí haciendo guerras. Pero es que in illo tempore -y busco las resonancias bíblicas- -existía la fantasía de que el atronar de las guitarras eléctricas haría temblar el Pentágono como si el milenio estuviese a la vuelta de la esquina. Hunter Thompson- -un periodista poco moderado y autor de esa apasionante barbari (Pasa a la página siguiente)