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27 4 08 1968. EL AÑO EN QUE NOS VOLVIMOS LOCOS psicodelía, del LSD, de la hippy revolución de las flores y de la enloquecida moda del maoísmo chic y otros ismos del más radical marxismo. Fue el año en el que una nueva generación hizo suyo ese lema de William Blake que dice que el exceso es el camino que conduce a la sabiduría Las consecuencias vendrían después. Pero aquella era la primera generación del bienestar, criada en el optimismo del viaje y el cambio, y para la que lo importante era llegar lejos: lo más lejos posible Hasta cierto punto, el Mayo francés fue sólo un episodio anecdótico del año más vertiginoso del siglo XX. 1968 fue el año de la Primavera de Praga, de las protestas contra Vietnam, del asesinato de Bob Kennedy y Martin Luther King, de la Primavera del 68 Ni De Gaulle ni los comunistas ni los intelectuales marxistas del momento supieron entender aquella revuelta, una fronda anarcocapitalista que terminaría dejando su huella en la sociedad POR JUAN PEDRO QUIÑONERO. CORRESPONSAL EN PARÍS El fin de un orden difunto as jornadas de mayo de 1968 fueron la culminación espectacular de varios procesos históricos, culturales, sociales, políticos, estrictamente nacionales. Pero sus raíces y prolongación fueron muy cosmopolitas: hundimiento cultural del comunismo (Praga) emergencia de nuevas sensibilidades internacionales (Berkeley) globalización de la protesta (Vietnam) irrupción generacional de nuevos modelos culturales: contracultura revolución sexual, amor, antiautoritarismo, autogestión, anarco- capitalismo, nuevos medios de expresión y agitación, del comic a la publicidad, del panfleto filosófico a las radio libres En la periferia de París, en la universidad de Nanterre, los primeros estallidos que preludiaban la gran crisis tuvieron un origen meramente universitario: los estudiantes querían hablar, discutir, intervenir. Pero el modelo jacobino napoleónico no permitía cosas tan simples como las asambleas juveniles que la gran prensa de la época había comenzado a fotografiar en Chicago o en Berkeley, donde jóvenes poetas, como Allen Ginsberg, y jóvenes cantantes, como Joan Baez, cantaban y leían poemas para protestar contra Vietnam. Entre los jóvenes estudiantes de Nanterre y París la influencia de la revuelta cultural beat (norteamericana) estaba muy marcada por las tradiciones francesas y europeas. Y comunistas y socialistas eran percibidos como algo tan arcaico como el gaullismo y el conservadurismo. En Francia, la tradición liberal había sido sofocada por el General y el PCF. Los grupúsculos izquierdistas te- L nían una influencia política minúscula. Quienes ejercían una influencia cultural muy honda eran la Internacional Situacionista y la leyenda de la CNT- FAI españolas. El primer comic de agitación política se llamaba Le retour de la Columna Durruti De ahí que cuando las protestas de Nanterre se extendieron, París comenzó a ser víctima de un incendio cultural que ni el gobierno ni los partidos políticos ni los intelectuales comprendían. Los intelectuales intentaron sumarse al carro de la revuelta, en vano. Sartre pidió entrevistarse con Cohn- Bendit para intentar comprender Pero no entendió nada. Sartre hablaba de revolución y sus amigos trostkistas y maoístas consideraban indispensable tomar el Ministerio de Economía, cuando, en verdad, las asambleas de estudiantes, en el Odeón, en la Sorbona, solo pedían la libertad absoluta de radio y TV para propagar una revuelta que nadie controlaba ni nadie sabía a donde podría dirigirse. Louis Aragon, el gran poeta comunista, intentó participar en la revuelta: y fue expulsado de una reunión a gritos de ¡crápula stalinista. Grandes personalidades de la época, como Roland Barthes (el más afamado crítico literario) Louis Althusser (el filósofo marxista) Michel Foucault (el gran ensayista) Jacques Lacan (psicoanalista) Gilles Deleuze y Felix Guattari (ensayista y psiquiatra) ni influyeron, ni entendían nada, ni sus difuntas doctrinas interesaban mucho más allá de sus sectas intelectuales. Las grandes publicaciones de Mayo, como Action que di- rigían André Glucksman (filósofo) y Bernard Kouchner (actual ministro de Exteriores) eran minúsculos panfletos de tipo auto gestionario Y el PCF y las numerosas capillas marxistas que intentaban adoctrinar a los estudiantes eran recibidos a pitidos, insultos y tomatazos. Ni jefes ni orquestas Sartre quiere comprender El prefecto de policía de París, Grimaud, sabía perfectamente que no había ningún jefe ni orquesta el movimiento, la contestación y las barricadas florecían y desaparecían sin orden preconcebido. Alain Peyrefitte, ministro de Educación, estaba obsesionado con el orden sin comprender que los estudiantes solo deseaban tomar la universidad de la Sorbona, sin otro fin revolucionario que organizar grandes fiestas festivo- culturales. El PCF y De Gaulle se creían los puntales del orden, sostenidos por la guardia pretoriana marxista (en el terreno intelectual) y las Compañías Republicanas de Seguridad (CRS) en la calle. Sin advertir que se estaban viniendo abajo todos los falsos mármoles de un orden ficticio. Las CRS cargaban e imponían su ley contra las barricadas en la rue Gay Lussac y el bulevar St- Germain, siguiendo el difunto modelo revolucionario francés. Una vez impuesto el orden, la crisis se propagaba porque los estudiantes y los obreros no sindicados contaban con la complicidad de la Radio y la TV que retransmitían en directo los debates y acontecimientos. Ningún partido ni sindicato tradicional hubiera podido aspirar a lo que consiguieron varias bandas de estudiantes desorganizados y deslenguados: propagar la insurrección pidiendo y dando la palabra libremente. Cuando descubrieron, aterrados, que dos pequeños barrios de París se habían convertido en algo así como una comuna que podía propagar el fuego por toda Francia, De Gaulle y el PCF