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30- 31 D 7 LOS DOMINGOS DE ROSA BELMONTE Expediente Ñ Vestidas para impactar l power- dressing da giros inesperados. La pionera a la hora de vestirse para gobernar fue Margaret Tatcher pero las nuevas tendencias vienen de Alemania (aunque se hayan manifestado en Oslo) Sólo permanecen las perlas. Angela Merkel, una vez asentado en el imaginario global el soso estilo canciller (casi el mismo de Hillary Clinton) ha decidido que hay ocasiones propicias para enseñar cacho (además, ya le fotografiaron el culo) Por medio de su portavoz se ha manifestado sorprendida por las reacciones que ha provocado su escote. Suena a pose. No se puede ser tan lista para unas cosas y tan tonta para otras. Para mí que es una respuesta a Wrost la revista satírica polaca que este verano la sacó en un montaje con las tetas al aire (eran de una chica de 21 años) y amamantando a los increíbles gemelos Kaczynski (menos mal que no todo el mundo siente la necesidad de invadir Polonia) Visto lo visto en la inauguración de la nueva (y espectacular) Ópera de Olso a la que nadie ha prestado atención, los atributos de la chica de 21 años se quedan en junior ante los verdaderos de la señora de 53. Pero lo más curioso ha sido el revuelo. Teutón y mundial. Ahora los hombres, como si fueran de verdad marcianos, andan sorprendiéndose de que las mujeres gasten pecho o embarazo (por favor, que alguien lance el politono Capitán, mande firmes que lo quiero en mi teléfono móvil) En Estados Unidos, un cirujano plástico ha publicado un libro con dibujos My Beautiful Mommy para intentar explicar a los traumatizados niños por qué sus madres llevan vendajes y de pronto lucen la barriga lisa, una nariz más mona o unas tetas que no tenían antes. A algunos E Naty Abascal, de blanco, en la fiesta de Suárez. Lució joyas JOSÉ RAMÓN LADRA de la firma, mientras se mostraba encantada con los éxitos de sus hijos evitar más comentarios que los justos. Ese día los Ortiz Rocasolano ganaron una familia política pero perdieron el tranquilo anonimato con el que habían vivido. Ahora, 40 medios están citados ante una jueza, el 12 de mayo a demanda de Telma Ortiz. Por supuesto de esto se habló y mucho en los corrillos que se formaron durante el coctel de presentación de la nueva colección de joyas Veris 2008 de la firma Suárez, en la galería de arte Pepe Cobo. La modelo Martina Klein repitió como imagen de esta colección y de ahí que luciera pendientes, sortija y colgante de rubí color sangre de pichón rodeados por orlas de brillantes en forma de lágrimas que eran todo un espectáculo. Martina se ha instalado con su hijo en Madrid (ahora presenta un programa del corazón en La Sexta) y donde también reside su ex pareja, el músico Alex de la Nuez. Fue de blanco (un largo de la nueva colección de Loewe) al igual que la adorable Naty Abascal que lució esmeraldas y brillantes también de Suárez y bronceado del Caribe adonde viaja constantemente para las producciones de moda que coordina. La mano de Naty se nota en cada uno de los reportajes que firma (ha creado una legión de imitadores) porque nadie como ella da estilo y elegancia a quien se deje asesorar. Pero lo mejor de Abascal es la manera en la que ha criado a sus dos hijos. Supo darles la educación que necesitaban y hoy puede presumir de chicos. Esa noche observé cómo le cambia el rostro cada vez que los ve. En plena charla apareció por la puerta su hijo pequeño, Luis, y la mirada de Naty se iluminó. Entre las primeras en acudir a la cita de Suarez estuvo Cari Lapique que trabaja desde hace varias temporadas para los Suárez. Con ella estuvo su hija Caritina quien me contó que tiene casi todo organizado para su boda a finales de julio en Ibiza y que sólo discute con su madre por la lista de invitados puesto que no quiere que se dispare. Esa noche no lució su original anillo de pedida: brillantes negros con uno blanco en medio. El vestido se lo hará Manuel Mota para Pronovias y a pesar de que aún no lo han dibujado ni está nerviosa ni tiene pinta de que vaya a estarlo. También con joyas de la casa posó la guapísima Mar Saura y con nuevo tipo Montse Fraile, la esposa de José María García, que se ha quitado un montón de años tras perder otro tanto de kilos. hombres habría que escribirles un librito con dibujitos para que no se impacten ante los embarazos que se notan y pasan revista o los escotes generosos de las políticas. A algunas damas también habría que leerles algún capítulo. A veces, como Madeleine Albright, creo que hay un sitio especial en el infierno para las mujeres que no ayudan a otras mujeres. El miércoles, The Daily Telegraph recordaba el estilo de Margaret Tatcher y su imagen pionera. Los 80 fueron suyos (gobernó desde el 79 al 90) Y los 80 precisamente fueron los años del powerdressing ya viniera de la mano de Dinastía de Armas de mujer (la peluquería de las secretarias sigue dándome escalofríos) o de la entonces trendsetter Margaret Tatcher. Marianne Abrahams, que era la diseñadora jefe de Aquascutum, firma que le hacía la mayor parte de la ropa, contaba que la premier británica se preocupaba especialmente del tamaño de las hombreras, que sí importaba (seguramente se sentía más segura a la hora de asustar a los mineros en huelga) De hecho, las hombreras eran en la imagen de Tatcher mucho más importantes que las perlas, el bolso o los zapatos salón de Ferragamo con tres centímetros de tacón compacto. Unas hombreras de poder y unos trajes sastre como armaduras (aunque lo de Dama de Hierro no venga de ahí) Sólo Linda Evans marcaba más hombreras. Pero era porque llevaba las mismas que la Tatcher y además poseía un ancho de espalda similar al de las Mónaco de serie B (la princesa Estefanía y Charlene Wistock) Qué años aquellos de hermanamiento entre las hombreras y el velcro. Llevábamos hasta en las camisetas. Siempre preparadas como para cargar un santo en procesión, que es una cosa que puede surgir en cualquier momento. Serán muy horribles vistas hoy (bueno, han vuelto las hombreras, aunque sea en versión suave) pero tenían que ver con el poder femenino. Igual que hay (o había) un power- dressing hay una forma de vestir para la sumisión. Un ejemplo es el de las mujeres de la secta de Texas, de la ridícula Iglesia Fundamentalista de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Ponle nombre al chiringuito, tú. A mí no es la poligamia lo que me molesta, son esos vestidos tan espantosos. Si hasta Kelly McGillis de amish en Único testigo tenía estilazo de supermodelo al lado de esas infelices del siglo XIX. De mostrar cacho a lo Angela Merkel ni hablamos. Pero es que Merkel es una política del siglo XXI. Quizá Hillary Clinton debería ir pensando en enseñar un poco la tetas.