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24- 25 D 7 LOS DOMINGOS DE en su gorrito. Le pregunto cuánto espera ganar y me deja boquiabierto al responder que el año pasado sacó mas de cuatrocientos euros. Unos divertidos chavalotes han dado en colocar un tablero- -naranja, faltaría más- -con un agujero por el que asoman la cabeza. Por unos euros permiten que se les arrojen dos huevos a la cara. Sin que tampoco falte el avispado que por cinco euros vende citas a ciegas. Todo un derroche de imaginación y buen humor que una muchedumbre monocolor disfruta mientras serpentea por los recovecos del parque. A mediodía es hora ya de trasladarse. El barrio de Jordaan puede ser un buen destino, quizá el mejor. Este antiguo barrio de clase obrera alberga el mejor ambiente de la ciudad. En cada esquina, en cada puente, no falta una orquesta que toca salsa, rock, tecno... Miles de amsterdameses- -o amsterdamigos, como a algunos les gusta llamarse- -danzan frenéticamente con vasos de cerveza en la mano, mientras las mujeres hacen colas interminables en los servicios de los bares o de casas particulares que ceden su baño por un euro y los hombres alivian en urinarios públicos instalados sin el menor recato en medio de la calle. El ambiente que se vive es de amistad y diversión. Se puede hablar con todo el mundo y resulta más fácil que te abrace un desconocido a que alguien te de un desplante. Es una especie de San Fermín sin toros. Otro punto interesante es la fiesta gay que se celebra muy cerca de Jordaan, en la Westerkerch. La comunidad gay de Holanda es la más potente y mejor organizada de Europa. Su desinhibido sentido del humor convierte esta fiesta en un carnaval de disfraces y provocación. Además, hay buena música y mucha marcha. Y es que Amsterdam es una ciudad singular, en la que, a pesar de las más de 150 nacionalidades que conviven en ella, aún sigue vivo su legendario gezelligheid un término intraducible que equivale a alternar, a buscar la compañía de otros para compartir. Así, en los numerosos cafés marrones que abundan por doquier, la gente se reúne para charlar con amigos o desconocidos. Una costumbre no muy lejana de las famosas tertulias españolas. Es también proverbial la histórica- -aunque hoy cuestionada- -tolerancia de los holandeses. Agenda Cuándo ir El Día de la Reina se celebra todos los años el 30 de Abril. Cómo llegar KLM (www. klm. com) tiene varios vuelos diarios a Ámsterdam. Otras opciones son el tren, vía París, o el coche. Las autopistas holandesas son gratuitas. Para mayor información sobre la ciudad, llamar a la Oficina de Turismo de Holanda (www. holland. com) Dónde dormir En Amsterdam hay 270 hoteles, muchos de 4 y 5 estrellas. Lo ideal es alojarse en el mismo corazón de la ciudad, desde donde prácticamente todos los puntos de interés pueden alcanzarse andando o en bicicleta. El Hotel Inntel (www. goldentuliphotelinntel. com) dispone de habitaciones modernas en una situación inmejorable. Hay además numerosos hotelitos de pocas estrellas, pero mucho encanto y ambiente, como el Hotel De Filosoof (www. hoteldefilosoof. nl) muy cerca de Voldenpark, con sus 38 habitaciones dedicadas a otros tantos pensadores y un ambiente muy propicio para el sosiego y la reflexión. Dónde comer Haesje Claes (www. haesjeclaes. nl) representa lo más típico de la comida holandesa, en un marco de bóvedas de ladrillo y velas, ciertamente logrado. Pero en una ciudad con tantos extranjeros la comida étnica goza también de gran predicamento. Pathum (www. pathum. thaise- restaurants. nl) es un digno representante de la más pura cocina thai, en los aledaños del Distrito Rojo. Un San Fermín sin toros Alternar, convivir, pasarlo bien y ganar unos euros es el lema que procura mejor tiempo en la calle. El naranja es el color emblemático de los Orange, la fundadora Casa Real holandesa, pero es también el color de la selección nacional de fútbol, símbolo del orgullo nacional. Lo cierto es que las celebraciones del Día de la Reina han alcanzado una enorme dimensión popular, que rebasa las directrices oficiales. Bien lo sabe un antiguo alcalde de Amsterdam, que perdió la reelección por acortar las celebraciones. Para no perderse en la esquizofrenia de un día que se celebra sin NBTC bridas ni estribos, comencemos por el parque. Son las nueve de la mañana y ya lo invade todo el síndrome naranja A la misma entrada, unos rapaces madrugadores que visten la camiseta del equipo nacional permiten, por tres euros, tirar seis penaltis sobre una portería de balonmano que defiende uno de ellos. Quien meta más de tres, no paga. Apenas unos metros más allá, una niña de ocho años con la cara pintada de naranja rasga las cuerdas de una guitarra, mientras los viandantes depositan monedas Las fiestas han alcanzado una dimensión popular que rebasa las directrices oficiales. Bien lo sabe un antiguo alcalde que perdió la reelección por acortar las celebraciones Aquí fue donde primero se legalizaron los matrimonios entre personas del mismo sexo, donde más se respetan las libertades individuales y donde se defienden con más ahínco los derechos humanos. La libertad se respira en las calles de una ciudad en la que la extravagancia puede ser la cosa más natural del mundo. Pero, que nadie se engañe, este aparente laissez faire es sólo la espuma que oculta una sociedad de raíces extraordinariamente conservadoras. Responde a un sentido práctico de ver la vida. Los holandeses entienden que no vale la pena pelear por las formas, que hay que ceder en lo pequeño para conservar lo grande. A nadie le importa allí que se casen dos hombres, mientras paguen sus impuestos. Es su manera de incorporar las marginalidades al núcleo duro de la sociedad. Y mientras tanto, fiesta y diversión; charla y cerveza. Y si de paso se pueden ganar unos euros, mejor.