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14- 15 D 7 LOS DOMINGOS DE bería haber sido escuchada: por la sociedad, pero también por ella misma. Se puede comparar el ámbito de la televisión y el del pueblo, que actúa como una suerte de coro, pero que no es capaz de intervenir para impedir que ocurra la tragedia. El espectáculo fascina, pero no explica El dilema de la madre decapitada, maltratada por su vástago, escindida entre el deber y el temor. Esta madre tenía que haber sido capaz de alejarse de su hijo para no ir juntos al abismo. Pero también es importante la ausencia de la figura paterna (estaba separada de su marido, italiano) que podía haber puesto límites, normas Admite De Frutos que la situación actual es consecuencia de los movimientos antipsiquiátricos de los sesenta y los setenta, que reclamaban que fuera la sociedad quien se hiciera cargo de estos enfermos, aunque al final acabó recayendo en las familia. Se olvida que la función de la familia es crear seres autónomos, capaces de valerse por sí mismos. Si la solución psiquiátrica es que vuelva al seno de la familia estamos infantilizando al individuo: la familia es el peor lugar para él Una madre de Málaga, Ana María C. R. de 62 años, intenta por todos los medios evitar que su hijo Miguel, de 26 años, drogodependiente y esquizofrénico (como Angelo) abandone en junio la cárcel. Está aterrada ante lo que considera una bomba de relojería y no sabe qué hacer después de haber recurrido a todas las instancias. Para José Luis Díaz Ripollés, catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Málaga y director del Instituto Andaluz de Criminología, es preciso distinguir lo que son problemas penales de los médicos. Reconoce que existe una laguna ya que no hay instituciones terapéuticas adecuadas donde se pueda ingresar a personas que no han cometido un delito, pero manifiestan una clara peligrosidad por su condición mental, pero se trata más de una carencia asistencial que jurídica Díaz Ripollés recuerda que cuando sí lo comete no se le puede aplicar todo el peso de la legislación porque su condición mental no le hace íntegramente responsable porque se trata de una responsabilidad atenuada. En este caso ha de ser ingresado en centros de asistencia que carecen de las condiciones necesarias para garantizar la seguridad. En una sociedad democrática si quieres ser libre hay que aceptar ciertos riesgos. No hay seguridad total En la misma línea se manifiesta la juez de capacidad y estado civil de las personas del juzgado número 40 de Barcelona, Silvia Ventura Mas: No es posible meter a todos los locos en la cárcel para evitar cualquier riesgo, salvo que quieras retroceder a las leyes franquistas Recuerda la juez que está previsto el internamiento psiquiátrico involuntario a petición de cualquier persona (familiar o no) Se le cita y tras ser examinado por el juez y el forense se recomienda su ingreso en una institución psiquiátrica si fuera necesario Señala Ventura Mas que en nuestra sociedad del bienestar la salud mental es la pariente pobre del sistema sanitario. El Gobierno ha intentado legislar sobre el tratamiento ambulatorio obligatorio para los enfermos mentales, pero las propuestas no prosperaron El juez Jesús Fernández Entralgo, presidente de la Audiencia Provincial de Huelva, cree que existen lagunas judiciales que cubrir, y que hoy por hoy, tras desterrar los manicomios, la carga ha caído sobre las familias pero que es la sociedad la que debe optar entre la seguridad o la libertad El entusiasmo terapéutico que llevó a rechazar el internamiento de los enfermos psiquiátricos en los llamados manicomios no fue seguido por el desarrollo de servicios comunitarios especializados y suficientes para asegurarar la continuidad terapéutica a estos enfermos señala desde Nueva York el psiquiatra Manuel Trujillo. Afortunadamente, además de los recursos comunitarios clásicos como viviendas protegidas, hospitales de día y centros de rehabilitación, la psiquiatría moderna ha desarrollado dispositivos de intervención basados en la evidencia científica. Los equipos de Tratamiento Comunitario Asertivo (ACT, en inglés) permiten acercar un equipo multidisciplinar móvil (psiquiatra, enfermero psiquiátrico, trabajadora social) al domicilio del enfermo en los casos en que estos resisten la asistencia al centro de salud mental Catedrátido de Psiquiatría de la Universidad de Nueva York, Trujillo recuerda que en su equipo del hospital Bellevue, la muerte de Kendra Webdale a manos de un paciente esquizofrénico hizo posible el desarrollo de una ley que permite el tratamiento ambulatorio bajo tutela judicial de los pacientes que incumplen habitualmente el tratamiento ambulatorio y tienen factores de riesgo para conductas violentas. Sería muy consolador para la familia de Teresa Macanás que su trágica muerte haga posible la puesta en marcha de los dispositivos necesarios para mantener en tratamiento ambulatorio a todo enfermo diagnosticado de una enfermedad psiquiátrica grave OTRA MIRADA La cárcel de la mente uando nos enteramos de una atrocidad inexplicable tratamos de catalogar el comportamiento del agresor y de la víctima. Nos sentimos reconfortados si, al igual que en una fábula de Esopo, el acto temible tiene sentido. Esto esclarece el porqué, después de un crimen descabellado, si los medios anuncian que se trataba de un enajenado, nos agarramos con alivio a la enfermedad mental. Pues no hay una criatura más temible que el criminal cuya conducta no sigue una cierta lógica. Las noticias sobre enajenados que cometen actos de violencia tan sanguinarios como irracionales, aunque poco frecuentes, son populares entre los medios de comunicación. Investigaciones sobre la relación entre la enfermedad mental y la violencia demuestran que la gran mayoría de los que sufren trastornos graves no son agresivos. Sin embargo, un subgrupo sí son más violentos que la población general. Los resultados de estas investigaciones han provocado un acalorado debate sobre la peligrosidad del enfermo mental y la política de cerrar psiquiátricos. La barrera que interfiere con la normalización del enfermo mental es la falta de programas que hagan posible su integración digna y productiva. Como consecuencia, estos pacientes, una vez en la comunidad, se encuentran frente a rechazo, marginación y ambivalencia sociales. Los enfermos mentales son con más frecuencia objeto de violencia que autores de ella. El problema de la asociación entre violencia y trastorno ha creado un espinoso dilema en cuyo centro se encuentran la negación de la enfermedad mental y los límites de la libertad individual. Ante este desafío la sociedad deberá optar por rescatar a quienes por causa de enfermedad pierden el juicio y son incapaces de defenderse de sus delirios y están rodeados de fantasmas amenazantes. La libertad tiene escaso significado para estos enfermos cuyas acciones están gobernadas por fuerzas infinitamente más peligrosas que cualquier intervención clínica. Si aceptamos un concepto positivo de la libertad, estos pacientes tienen derecho a ser dueños de sus propias acciones, pero también a verse libres de la prisión que es la enfermedad mental. C Luis Rojas Marcos Cierre de manicomios No hay instituciones adecuadas GLORIA NICOLÁS AFP Angelo Catenuto, el presunto parricida de su madre ABC