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10- 11 D 7 LOS DOMINGOS DE Diez años de vida para el Barrio Rojo Deslumbrantes tubos de neón que llaman al vicio, escaparates empotrados en callejuelas estrechas con cuerpos que llaman al desenfreno, mirones, viciosos, turistas, transeúntes en bici y creyentes que acuden a la misa de la tarde en la iglesia gótica del barrio. Así de pintoresco es el Red Light District de Amsterdam, la imagen más liberal de un país pragmático que prefiere no ocultar vicios, o necesidades, humanos Desde que en 1972 un ciudadano de Amsterdam decidió vender marihuana y café en su casa okupada y creó así el primer coffeshop, el Mellow Yellow, la capital holandesa ha visto nacer 300 de estos establecimientos, 500 ventanas y 150 habitaciones para prostitutas, además de decenas de museos eróticos y sex shops, todo ello fruto de las leyes que en 1976 y en 2000 legalizaron el consumo de cannabis y hachís y los locales de prostitución. Pero después 30 años siendo el paradigma de la libertad- -y el libertinaje- a los holandeses empieza a pesarles la imagen impúdica que se han creado en el exterior, sobre todo porque la legalización de estos negocios no ha acabado con las mafias, el dinero negro, la prostitución forzosa o el tráfico de drogas y mujeres. Con la excusa de combatir las mafias, el Ayuntamiento de Amsterdam ha endurecido sus políticas. En 1996 limitó la venta de cannabis a cinco gramos por persona y día, ordenó el cierre de 80 coffeeshops en el último año y prohibió el consumo de alcohol en los mismos. Hemos pasado 20 años sin restricciones y de repente todo cambia dice Mike, el actual gerente del Mellow Yellow, que cree que la era de tolerancia holandesa ya pasó El Ayuntamiento de Amsterdam asestó el golpe más duro al Barrio Rojo el pasado enero con el cierre de 18 prostíbulos y la compra de los locales para poner en su lugar negocios de calidad Robin, que regenta una casa de prostitución y sabe lo que se cuece en este barrio, cree que se trata de un cambio en los intereses del Gobierno Las mafias han existido siempre, pero ahora se las toman en serio porque quieren abrir nuevos negocios de los que el Gobierno sacará partido dice este empresario, que no da más de diez años de vida al Barrio Rojo. Aquí no huele a mafia, sólo huele a comida tailandesa dice refiriéndose al tufillo que llega de la cocina donde sus nueve chicas preparan la cena ataviadas con lo mínimo AP conocen en Holanda a Rita Verdonk, abandonó el ministerio de Inmigración dejaron de proliferar las propuestas para forzar la integración de inmigrantes, pero los holandeses no han logrado volver al multiculturalismo explica el profesor de Inmigración e Inte- gración de la Universidad de Roterdam, Han Entzinger, que cree que la población holandesa empieza a percibir a los musulmanes como una amenaza, no física, pero sí a sus valores liberales En Roterdam, una de las ciuda- des holandesas en las que los minaretes de las mezquitas asoman de forma más o menos improvisada en cada barrio, y en la que se sospecha que hasta 400 jóvenes podrían estar ligados a grupos fundamentalistas, Marco Pastors, miembro del gobierno local, Una turista fuma marihuana en uno de los famosos coffeeshops de Amsterdam AP lo tiene claro: La labor del gobierno no es asimilar a los inmigrantes, sino exigirles que acepten nuestros principios liberales, incluida la emancipación de la mujer, el respeto a los derechos humanos y los derechos de los homosexuales En la mezquita de El Taweed, donde rezaba el asesino de Van Gogh, Mohammed B. conocida por inculcar a sus fieles las interpretaciones más radicales del Corán, no dan una respuesta catastrofista cuando se les pregunta sobre la evolución de la tolerancia holandesa, pero creen que la publicación de Fitna y la actitud de personajes como Wilders no hacen más que agrandar la brecha entre holandeses y musulmanes. Si tipos como él siguen haciendo y diciendo lo que quieren, reviviremos escenas como las de los años 30 con los nazis afirma Farid, portavoz de la mezquita. Citando un informe de la Universidad de Roterdam en el que se da prueba de que el sentimiento nacionalista de los holandeses se ha agudizado, el profesor Entzinger explica que el mayor cambio lo ha sufrido sin duda la población autóctona El papel del islam sigue siendo el mismo, ellos son incluso más tolerantes con el uso del velo o el trato a la mujer, pero los holandeses siguen percibiendo diferencias culturales cada vez mayores ¿Es el fin de la política de tolerancia en Holanda? Desde luego, no la hemos vuelto a recuperar concluye.