Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
20 4 08 CLAVES DE ACTUALIDAD Holanda La tolerancia se asfixia (Viene de la página anterior) Los inmigrantes de origen musulmán son quizás los que más han notado este cambio de mentalidad y costumbres que ha sido incluso denunciado por el Consejo de Europa en su informe sobre Racismo publicado este mismo año, en el que se concluye que la islamofobia ha crecido drásticamente en Holanda y se critican los estereotipos y estigmatizaciones desproporcionados que pesan sobre la población de origen musulmán. Los Países Bajos cuentan hoy con 1,7 millones de inmigrantes no europeos, el 6 de su población es musulmana y dos tercios de ese porcentaje son de origen marroquí o turco. En ciudades como Roterdam o Amsterdam al menos la mitad de la población son inmigrantes de primera o segunda generación, y las mezquitas, escuelas, universidades y centros islámicos forman parte del mestizo paisaje. Lo que no puede pasar desapercibido en un país que tradicionalmente se ha organizado en comunidades ideológicas y religiosas, como la protestante, la católica, la judía, la liberal, la humanista, todas ellas con sus propias instituciones, colegios, partidos y hospitales, y todas ellas tratadas por igual por el Gobierno, El hecho de que tan sólo el 4,5 de la población no tenga pasaporte holandés muestra la generosidad holandesa con los inmigrantes en comparación con otros países europeos. Sin embargo, la polarización de la sociedad que denuncia el Consejo de Europa es una realidad que no ha dejado de acentuarse desde el 11- S, los atentados de Madrid y Londres y, sobre todo, después del brutal asesinato del cineasta holandés Theo van Gogh en 2004 a manos de un musulmán por sus críticas a la sumisión de la mujer en la cultura islámica. Todos estos capítulos han influido negativamente en la percepción pública de las minorías y han dejado mella en una sociedad que en la década de los 80 y de los 90 hizo todo lo posible por integrar cultural y económicamente a los 200.000 inmigrantes que llegaron al país en los años setenta y al goteo de familiares que se fue instalando posteriormente, basándose siempre en la idea de una sociedad multicultural que no ha cuajado. Las primeras políticas restrictivas en materia de inmigración empezaron a cocinarse a finales de los 90, pero fue tras la muerte de Van Gogh cuando se sucedieron los ataques a escuelas islámicas y mezquitas, y empezaron a escucharse agravios de corte racista que nunca antes se habían Una recién abierta tienda de modas junto a un peep show en el Barrio Rojo de Amsterdam oído en Holanda. No tardaron en llegar las más estrictas y controvertidas propuestas de un Gobierno que había dejado de ser el gran defensor del multiculturalismo de las décadas anteriores: la prohibición del velo en los lugares públicos, la obligación de hablar neerlandés en la calle, el pago de primas a los policías por la detención de inmigrantes ilegales, o la exigencia a dos diputados holandeses de origen marroquí y turco a que renunciasen a sus pasaportes no holandeses si querían seguir ocupando sus escaños, son algunos ejemplos. ro sus- -a menudo extravagantes- -propuestas han hablado por sí mismas: nunca antes se habían lanzado mensajes tan poco subliminales desde el Gobierno, nunca antes se había hablado de subcultura para referirse al islam, y nunca se había hablado de incompatibilidad entre la democracia y los valores retrógrados de la religión musulmana, ni se habían ligado islam y terrorismo en el debate público. De su batería de propuestas Verdonk consiguió imponer en enero del año pasado la obligatoriedad de un examen de holandés para los aspirantes a la nacionalidad o a un trabajo en Holanda. Medida que en ciertos casos puede requerir una inversión de 7.000 euros y 600 horas de clase por aspirante. La manera que utilizan para integrarnos, como los cursos de idiomas, es muy forzada. Está bien que nos obliguen a hablar su lengua, pero este curso hará muy difícil que podamos traer a nuestras familias nos cuenta Mohammed Ari, inmigrante de origen marroquí, que dice no haberse integrado tras veinte años en el país y que reconoce que apenas hace vida fuera del barrio de Slotervaart, a las afueras de Amsterdam, en el que ya no quedan holandeses y donde puede llevar a sus hijos a una escuela islámica, comprar carne halal o practicar su religión en cualquiera de las muchas mezquitas que se han construido en la última década. Cuando Rita de hierro como Una sociedad hermética Aunque ninguna de estas propuestas fue finalmente aprobada, enviaban señales de humo a la comunidad internacional de que algo estaba cambiando en este minúsculo y carismático país. Rita Verdonk, ministra de Inmigración hasta el año pasado, y el famoso diputado de la ultraderecha Geert Wilders, autor de Fitna, la polémica película contra el Corán, no han tenido ningún reparo en representar a la otra cara de la moneda, la de la Holanda hermética y hostil a la llegada de extranjeros. Saben que sólo representan a una minoría del país, pe- Los holandeses empiezan a percibir a los musulmanes como una amenaza, no física, pero sí a sus valores liberales explica el profesor Han Entzinger