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8- 9 D 7 LOS DOMINGOS DE Manifestación en Amsterdam contra el líder populista Geert Wilders, acusado de atizar la islamofobia y de traicionar la tolerancia holandesa AP Holanda POR: LAURA VILLENA. AMSTERDAM ROTERDAM La tolerancia se asfixia La crisis del modelo multicultural, un pujante rebrote nacionalista y el choque de la mentalidad conservadora del islam con algunos de los valores arraigados de la sociedad holandesa están acabando con el mítico modelo de tolerancia de este país ulta. Sanción. Arresto. Condena. Todos estos sinónimos de castigo son palabras que los holandeses habían borrado de su vocabulario y sustituido durante los últimos treinta años por otras como respeto, transigencia, consentimiento: tolerancia, al fin y al cabo. Los holandeses han presumido durante estas tres décadas de saber aceptar con naturalidad lo que en otros países era un tabú o motivo de escándalo. La legalización del consumo y venta de dro- M gas blandas, la regularización de la prostitución, la integración del matrimonio y la adopción homosexual, del aborto, de la eutanasia... y la convivencia con más de un millón de inmigrantes- -la mayoría de ellos musulmanes- -en un país de dieciséis millones de habitantes, son claros ejemplos de que en el pueblo holandés el multiculturalismo, la libertad y el debate abierto son, o al menos lo eran hasta ahora, un imperativo. Una Holanda idílica para unos y aberrante para otros, en la que el imperio de la tolerancia está a punto de asfixiarse tras constatar que los resultados de la política del consentimiento han sido más bien escasos. ¿Ha logrado el millón de musulmanes que viven en los Países Bajos integrarse en este paraíso de la libertad? ¿Pueden realmente convivir sus ideas conservadoras con la libertad para el aborto, con la opción de elegir en la agonía una muerte prematura o contraer matrimonio con una persona del mismo sexo? ¿Se ha conseguido extinguir el crimen organizado con la mera legalización de negocios como el de la droga o la prostitución? La realidad muestra que las mafias siguen campando a sus anchas en el popular Barrio Rojo de Amsterdam, que el tráfico de mujeres y drogas continúa su curso y que se siguen moviendo incalculables sumas de dinero negro bajo la aparente legalidad de la prostitución las drogas blandas. Y que la gran comunidad musulmana prefiere vivir de espaldas a tanta benevolencia y encerrarse en guetos impermeables a una realidad que está muy lejos de compartir. El mito de la Holanda multicultural y progresista se ha quedado en eso, en mito, y no ha logrado poner punto final a problemas que se reproducen a mayor o menor escala en cada Estado europeo y para los que este pequeño y particular país creía haber encontrado remedio. Sin reconocer explícitamente su fracaso, la repentina mano dura del Gobierno holandés con los inmigrantes, las continuas restricciones en materia de drogas y prostitución y el cierre en masa de prostíbulos y coffeshops (establecimientos para el consumo de drogas blandas) en el Red Light Disctrict de Amsterdam (RLD) muestran que el modelo de tolerancia holandesa se asfixia. (Pasa a la página siguiente)