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6- 7 D 7 LOS DOMINGOS DE son muy duras en un valle por el que en el pasado discurrió la Ruta de la Seda, la importante vía de comercio entre Oriente y Occidente, pero por donde ahora apenas pasa un camino polvoriento y sin asfaltar en el que es complicado superar los cinco kilómetros por hora. No es un asunto de dinero, es una cuestión étnica y religiosa. Si Bamiyan estuviera en Kandahar y en vez de un buda, hubiera sido una mezquita, se destinaría todo el dinero del mundo. Pero somos azaras, no pastunes, y chiíes se lamenta Foladi. La última vez que vio los budas en pie fue a mediados de los noventa. Recuerda cómo trepaba hasta la cabeza de las estatuas y allí pasaba horas contemplando el paisaje. Hoy estrechas y empinadas escaleras serpentean en la roca y permiten admirar el paisaje; es lo único que los talibanes no pudieron llevarse. Desde esta escalera se puede acceder a pequeñas salas donde los monjes budistas vivían y oraban. No quedan apenas restos de la pintura original, que ha sido sustituida por pintadas en árabe. Las pequeñas tallas decorativas con la imagen de Buda fueron arrancadas una a una. Muchas de ellas se vendieron en Peshawar recuerda Foladi, uno de los grandes expertos sobre las estatuas que quedan en el lugar. Antes éramos famosos por los budas, hoy sólo nos conocen por las patatas señala Mohamed, dueño de dos de las cuatro tiendas de recuerdos que permanecen abiertas en el pueblo. Cuadros pintados a mano, bandejas grabadas con las figuras y postales son los únicos objetos que tienen relación con las estatuas gigantes, el resto de material a la venta proviene de la artesanía local. No hay datos precisos sobre la llegada de turistas, pero los responsables de monumentos de la ciudad registraron en 2007 a dos mil extranjeros y calculan que otros dos mil podrían haber visitado el lugar sin pasar por taquilla. Una cifra que no está nada mala para un país en la situación de Afganistán. Bamiyan se ha convertido en una escapada segura para los miles de diplomáticos y funcionarios de Naciones Unidas que trabajan en el país y que debido a los problemas de seguridad tienen muy restringidos sus movimientos. Esta llegada de expatriados con fuerte poder adquisitivo ha provocado incluso la apertura de un hotel de lujo de estándares occidentales, a pocos metros de los nichos donde descansaban los budas. Mientras siga abierta esta herida será difícil que descansen en paz. Tiendas de recuerdos Unos muchachos juegan al fútbol al pie del hueco dejado por la destrucción de uno de los budas ral, también llegan media docena de funcionarios de la Unesco, que están a punto de terminar la labor de recogida y clasificación de los fragmentos de las estatuas. Los restos, miles de piedras de muy diferentes tamaños, descansan bajo toldos blancos con el logotipo de la ONU impreso en color azul. Hemos concluido una primera fase de trabajo. Primero se repararon los nichos, que tras la explosión estaban en serio riesgo de colapso, luego se limpió la zona de minas y se procedió a la recogida y clasificación de los restos, porque cada piedra es un monumento por sí misma. Ahora hay que prevenir las excavaciones ilegales e iniciar un plan de gestión según explica el arqueólogo australiano Brendan Cassar. El presupuesto de la ONU para Bamiyan no llega a los dos millones de euros, una cantidad que debe cubrir las labores realizadas desde 2003, fecha en la que este lugar fue incluido en la lista de Patrimonio de la Humanidad, hasta 2011. Es uno de los lugares calificados como monumentos en peligro, así que en estos ocho años nuestro objetivo es poder sacarlo de esta lista. Unesco no tiene el mandato de rehabilitar las estatuas, eso es labor de las autoridades locales. Pretendemos conservar lo que nos queda de la mejor manera posible destaca Cassar. El ministerio de Cultura afgano no se ha pronunciado, pero la gobernadora local de Bamiyan, Habiba Sarabi, única mujer que ocupa un cargo tan alto en el país, piensa que se tendría que reconstruir al menos un buda, porque eso reactivaría económicamente la zona. Muchos turistas vendrían de nuevo a Bamiyan y la gente de aquí podría sacar provecho El responsable de la Fundación Agha Khan, Amir Foladi, coincide con la gobernadora, y tras analizar los restos recogidos hasta el momento piensa que se dispone al menos del 20 de la escultura original, así que en el caso del mayor de los budas podríamos plantearnos la reconstrucción por anastilosis (reconstrucción de un edificio antiguo mediante la reunión de sus elementos arquitectónicos dispersos) como hacen en Grecia. El otro lo dejaría vacío, como símbolo de lo que ha sufrido este lugar: una especie de Hiroshima a la afgana Respecto a si un país en reconstrucción y con inmensas carencias Afganistán debería destinar dinero a estos monumentos, Sarabi aclara que los fondos de la Unesco tampoco se podrían destinar a las personas; no se pueden mezclar las ayudas Los expertos se quejan amargamente de la falta de presupuesto y destacan una y otra vez la importancia de conservar el patrimonio para el nacimiento de un nuevo país pero en las calles de Bamiyan la población ya se ha acostumbrado a vivir sin los budas e insiste en que las necesidades básicas están por encima del patrimonio cultural. Aunque ya poca gente vive en cuevas, las condiciones de vida Las autoridades creen que se tendría que reconstruir un buda para atraer turistas a la zona. El otro quedaría vacío, como símbolo de un Hiroshima a la afgana