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20 4 08 CLAVES DE ACTUALIDAD Afganistán Los budas no descansan en paz El fanatismo talibán dinamitó aquellas dos estatuas de Buda que fueron unión de credos y culturas. Hoy queda la herida abierta en la montaña y la memoria, mientras se discute si reconstruir el monumento TEXTO Y FOTO: MIKEL AYESTARÁN. ENVIADO ESPECIAL A BAMIYAN (AFGANISTÁN) a reconstrucción cuesta muchos millones de dólares y aquí es más urgente la construcción de escuelas, hospitales o la llegada de la electricidad y el agua corriente, ¿para qué nos sirven unos budas de piedra? Aga Sher es el propietario del hotel Roof of Bamyan, desde cuya terraza se tiene una vista soberbia de la enorme pared en la que hasta hace siete años los dos budas gigantes presidían el valle. Hoy sólo quedan los dos huecos vacíos, de 53 y 37 metros, y las dudas de una población ya acostumbrada a vivir sin la presencia de las enormes estatuas y que no tiene muy claro qué va a ocurrir con ellas. Dos enormes cicatrices en un marco incomparable que des- L de hace más de mil años y hasta la llegada de los talibanes al poder servía de unión de culturas y religiones. Pero los seguidores del mulá Omar llevaron su ideario fundamentalista hasta las últimas consecuencias. Tras varios días de infructuosos disparos desde carros de combate y lanzamiento de cohetes, finalmente decidieron encargar la labor a artificieros de Pakistán, según la versión local de los hechos, y a mediados de marzo de 2001 consiguieron separar definitivamente a los dos gigantes de la pared y reducirlos a pedazos. No había sitio para Buda en el emirato talibán. Bamiyan se encuentra a menos de 300 kilómetros al oeste de Kabul, pero se tarda cerca de diez horas en llegar a través de pistas de montaña que van surcando valles y bordeando ríos. Este antiguo punto clave en la Ruta de la Seda, donde en los siglos V y VI fueron esculpidos los budas en una de sus montañas de arenisca, es hoy un bazar insulso de chabolas de metal y madera que se ha ido construyendo con el paso de los años apartado de la antigua Bamiyan, la ciudad de adobe que descansaba a los pies de los budas, y que hoy está tan muerta y destruida como las estatuas. Clasificación de restos La entrada al lugar arqueológico cuesta trescientos afganis- -cuatro euros- -y es el propio director de Monumentos de Bamiyan quien vende los billetes. Nasir Mudabir y un vigilante son los dos únicos empleados fijos que la Administración mantiene al cuidado del lugar. De forma tempo- Marzo de 2001: los talibanes dinamitan dos budas con 1.500 años de antigüedad AP Antes éramos famosos por las estatuas, hoy sólo nos conocen por las patatas señala Mohamed, en este penoso poblachón de chabolas de latón y madera