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13 4 08 EN PORTADA Monjes budistas encienden velas durante una de las vigilias que tienen lugar estos días en Dharamsala para protestar contra la represión china en Lhasa Dharamsala En la corte del Dalai (Viene de la página anterior) través de las montañas. Una odisea por las cumbres del Himalaya que cada año se cobra muchas vidas, algunas abatidas por los soldados chinos y otras enterradas bajo la nieve. A pesar de los riesgos, Lobsang Palden pudo entrar en Nepal y llegó el pasado 26 de diciembre al centro de recepción de refugiados de Dharamsala, que cada año atiende a cerca de 3.000 exiliados que han huido del Tíbet. Tras ser recibidos en audiencia por el Dalai Lama, los recién llegados son destinados, según su edad y educación, a los colegios, monasterios y asentamientos que gestiona el Gobierno tibetano en el exilio. La mayoría de los que huyen son monjes que ya no pueden soportar los cursos de reeducación patriótica que impone el régimen chino, pero también hay prisioneros políticos, peregrinos muy mayores que quieren ver al Dalai Lama antes de morir y niños a los que sus padres renuncian para que estudien en libertad indica una de las responsables del centro, que RESIDENCIA DEL DALAI LAMA EN EL EXILIO Dharamsala PAKISTÁN NE CHINA Nueva Delhi INDIA MAR ARÁBIGO PA L Calcuta Bombay 0 Km 300 En el Pueblo de los Niños Tibetanos estudian miles de pequeños a los que han renunciado sus padres para que puedan ser formados lejos del adoctrinamiento chino tiene capacidad para 150 refugiados pero en estos momentos sólo acoge a 40 porque se han incrementado los controles en la frontera tras la revuelta tibetana. Entre ellos destacan varios pequeños que irán a parar al Pueblo de los Niños Tibetanos, una institución educativa que forma a unos 20.000 estudiantes y tiene un colegio con 2.000 alumnos cerca de McLeod Ganj. Uno de los últimos en llegar fue, el pasado 1 de marzo, Tenzin Nyima, un niño de once años al que su padre envió a la India para que no creciera bajo la ocupación china. Para ello, y haciendo un gran esfuerzo económico además del sacrificio de pri- varse de su hijo, su padre pagó unos 7.000 yuanes (632 euros) a un guía de Nepal para que lo llevara hasta Katmandú, donde el centro de recepción de refugiados tiene una sucursal que gestiona los viajes a la India. Fuimos en coche hasta la frontera y luego tuvimos que andar un par de semanas, pero siempre de noche para que no nos detuvieran los soldados narra Tenzin Nyima, quien estuvo todo el camino muy cansado, hambriento y sediento porque apenas teníamos comida ni agua Aunque intenta contener las lágrimas, el pequeño rompe a llorar cuando se le pregunta si ya ha hablado por teléfono con su familia. Me dijeron que no me preocupara por ellos y que estudiara duro gimotea mientras otros dos estudiantes mayores, que huyeron del Tíbet hace diez años, le consuelan dándole ánimos. En grupos de 40, los alumnos viven aquí en 42 casas, que han sido construidas con donaciones internacionales, donde son como una gran familia en la que los mayores hacen de hermanos de los pequeños explica una profesora paseando por el patio de este enorme recinto donde un grupo de estudiantes hace gimnasia. Al fondo, varios niños juegan bajo la proclama Salva al Tíbet que reza en un mural tan descolorido y borroso como el futuro de esta región del Himalaya.