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2- 3 D 7 LOS DOMINGOS DE guiendo una tortuosa carretera por donde los taxistas sortean a toda velocidad las curvas y vacas del camino al volante de sus diminutos Tata Indigo, una estupa preside la plaza donde se erige el Parlamento en el exilio. Sus 43 miembros, elegidos democráticamente, se reúnen dos veces al año, en marzo y septiembre, bajo la presidencia del Dalai Lama. Desde 2001, los tibetanos en el exilio también escogen a su kalon trippa (primer ministro) un cargo que desempeña el monje Samdhong Rinpoche tras su reelección en 2006. Para inscribirse en el censo electoral, compuesto por 32.205 votantes, es necesario tener el Libro Verde donde consta que se pagan, como mínimo, las 46 rupias (menos de un euro) de los impuestos anuales. Dichas tasas suponen un 30 del presupuesto de 1.873 millones de rupias (29,6 millones de euros) que, en el año fiscal 2007- 08, manejó el Kashag (gobierno) que también recibe aportaciones de la Oficina Privada del Dalai Lama y centra sus gastos en salud, educación y en dar alojamiento a los refugiados que viven en 55 asentamientos en India y Nepal. Todo un ejemplo de modernidad en la gestión que, en cambio, contrasta con la figura de un adivino, que sigue entrando en trance en unas ceremonias rituales que celebra varias veces al año para vaticinar el futuro y aconsejar al Kashag y al Dalai Lama en el conflicto con el régimen comunista de Pekín. Durante estos días miles de personas participan en multitudinarias vigilias por las víctimas de la represión con que el Gobierno chino ha aplastado la revuelta tibetana. Según el Gobierno tibetano en el exilio, el Ejército Popular de Liberación ha matado a unas 150 personas, a las que habría que sumar miles de desaparecidos y detenidos, mientras que Pekín fija la cifra de fallecidos en una veintena de chinos de la etnia Han, la mayoritaria en el país, linchados e incluso quemados vivos por los manifestantes. Al amanecer, cuando los rayos del alba despuntan entre los riscos de Dharamsala, los guturales cantos de los monjes despiertan a sus habitantes y les indican el camino a seguir en una nueva marcha por la paz. Portando pancartas donde se pueden leer proclamas como China, deja de matar en el Tíbet y Hu Jintao, asesino monjes budistas, exiliados y turistas comprometidos con la causa, que incluso agitan la bandera nacional con la montaña y los dos leones de nieve, desfilan por las empinadas calles de McLeod Ganj. En las ventanas y La modernidad en varios aspectos de la gestión de esta corte contrasta con la figura de un adivino que entra en trance varias veces al año para aconsejar al Dalai Lama balcones cuelgan impactantes fotografías de los disturbios en Lhasa, que estallaron el 14 de marzo tras varios días de manifestaciones pacíficas que conmemoraban el 49 aniversario de la huida del Dalai Lama. A su lado, otras desgarradoras imágenes muestran los cadáveres ensangrentados de las víctimas de las balas chinas. Al anochecer, las velas de la procesión iluminan las calles y templos mientras los monjes entonan los tradicionales sutras de amor y compasión Tenemos que aprovechar la repercusión de los Juegos Olímpicos de Pekín para que el mundo se dé cuenta del sufrimiento que el Gobierno chino está causando en el Tíbet explica a ABC Lobsang Palden, un monje que sabe bien de lo que habla porque ha pasado 12 de sus 39 años en la cárcel. Condenado por el habitual y genérico delito de subversión contra el Estado Lobsang Palden asegura que fue torturado por la Policía china por retirar en 1994 una placa del Gobierno en su pueblo y escribir sobre la misma Tíbet libre Su osadía llegó hasta tal punto que dejó sus huellas dactilares sobre la misma para que no acusaran a ningún inocente por mí Me interrogaban cuatro veces al día y me ponían electroshocks en varias partes del cuerpo y hasta en la boca relata este prisionero político, quien pasó cuatro años encerrado en una pequeña celda oscura y con goteras donde había otros once presos y en la que nos echaban los platos de una comida infecta a través de una rendija en la puerta Las condiciones eran tan malas y las palizas tan habituales que uno de mis compañeros, acusado de espionaje, enfermó de una infección y murió en el hospital, mientras que otro, que había estudiado en el extranjero y era una de las personas más listas que he conocido, se quedó deficiente después de que los guardias le pegaran sin piedad Tras ser liberado, la Policía fue a recogerlo a la prisión y lo confinó bajo arresto domiciliario en su pueblo natal. Aunque sus familiares habían dado su palabra de que no iría a ningún sitio, y de que incluso avisarían a las autoridades si tenía que ir al médico, Lobsang pagó 6.600 yuanes (595 euros) a un guía nepalí para huir del Tíbet cruzando la frontera a (Pasa a la página siguiente) El osado Lobsang Vigilias por las víctimas Monjes, mochileros y oficinas de cambio pueblan las calles de esta corte