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6 4 08 VIAJES Galicia mágica Ritos y piedras Barcos que se convirtieron en rocas, ancestrales ritos celtas, árboles sagrados, santos navegantes... Recorrer la Costa de la Muerte de Galicia es viajar a uno de los territorios más fértiles en mitos de la España mágica TEXTO Y FOTOS: CÉSAR JUSTEL rmitas, santuarios, fuentes o una simple piedra. Galicia es una de las regiones más ricas en leyendas, enclaves mágicos y romerías de míticos orígenes. En algunos casos se trata de ancestrales ritos, como el de pasar bajo una piedra, beber del agua de una fuente o rodear un determinado árbol. En otros, el prodigio deriva del rayo caído, de las propiedades curativas de las aguas o de las energéticas vibraciones del terreno. Manifestaciones de fuerzas ocultas. La Costa de la Muerte gallega es un buen ejemplo. En Finisterre, junto al cabo considerado en la antigüedad como el fin del mundo y en lo alto del monte Facho, se encuentra la piedra de San Guillermo, un sepulcro antropomorfo conocido como la cama de piedra. Allí acu- E dían las parejas estériles, y tanta fama adquirió y tanta gente iba a la piedra que un obispo mandó destruirla para evitar el pagano rito. Los dos trozos partidos se conservan hoy semiocultos entre la vegetación, y muchos creen que aún no ha perdido sus propiedades. Y a su lado se encuentran las llamadas pedras santas que forman un mirador sobre tierra y mar. Desde lo alto se contempla el pueblecito y la iglesia románica dedicada a Santa María das Áreas, que alberga un Cristo náufrago que llegó arrastrado por las olas al que acuden a encomendarse los pescadores antes de embarcar. El Cristo fue devuelto por el mar tras alguno de aquellos hundimientos de barcos que acreditan el nombre de Costa de la Muerte a este lugar. A la milagrosa imagen, a la que la tradición dice que le crece la barba, se encomiendan desde antiguo los marineros: Santo Cristo de Fisterra, santo de barba dorada, dame fuerzas pa pasar, desde Laxe a Touriñana Exvotos de cera y maquetas de barcos cuelgan de las paredes en petición de ayuda o como muestra de agradecimiento. Hasta Fisterra venían los peregrinos desde Santiago, unos para venerar a San Guillermo y otros para arrodillarse ante el Santo Cristo. El cabo Fisterra, o Finisterre, debe su nombre a la antigua creencia de que aquí estaba el fin de la tierra donde la tierra acaba y el mar comienza Allí los fenicios levantaron un altar donde se daba culto al sol, que la tradición dice que destruyó el apóstol Santiago. Al lado queda la pequeña aldea de Duio en cuyos alrededores la leyenda sitúa la ciudad de Dugium, de la que cuentan que se la tragó el mar por los pecados de sus habitantes. Numerosos restos arqueológicos en las cercanías hacen realidad la leyenda al señalar la existencia de una población que, sin embargo, Pedra da serpe en Gondomil, cerca de Corme, lugar de antiguos cultos celtas En los alrededores de Duio la leyenda sitúa la ciudad de Dugium, de la que cuentan que por sus pecados se la tragó el mar, aunque parece ser que fue destruida por los suevos