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22- 23 D 7 LOS DOMINGOS DE Malasia Borneo Indonesia I. Filipinas Singaraja BALI Mendaya Denpasar 40 km 0 50 km Sum Océano Índico atra Java BALI N Bangli Sanur Pistas Dónde dormir y comer. Para sumergirse en la sensualidad de la isla, la cadena Aman tiene Amanusa con vistas al volcán Monte Agung. Especialistas también en masajes faciales. www. amanresorts. com. Para los amantes del golf, Wantilan Bali Golf Villas. Para todos los gustos: www. bali- travel- agency. com Compras. Son preciosos los álbumes de fotos y cuadernos hechos con hojas de plátano o coco, Merecen la pena por su colorido los batiks de seda y los sarongs Los quitasoles son un recuerdo gracioso. Ubud está lleno de joyerías con diseños muy originales. Un grupo de mujeres interpreta un baile tradicional durante una procesión hindú en la playa de Kuta alzan varias casas de influencia occidental. Conservan esa personalidad europea que dejaron los holandeses cuando Cornelis Houtman desembarcó en las islas en el 1597 y la Compañía Holandesa de las Indias Orientales asentó su sede en Bali. Eso sí, en ninguna falta el altar con su ofrenda. La frondosa vegetación tropical de cocoteros y bambúes se interrumpe con una basta extensión de campos de arroz, que se transforman en terrazas ya cerca de Ubud. Curiosa metamorfosis la de estos montes, que son a la vez toda una obra de ingeniería agrícola. Sumidos en el verdor refulgente del arroz, los campesinos aguantan apenas cubiertos con sus coníferos sombreros y armados del bolo para cortar las hierbas... o por si aparecen serpientes. En cuanto te detienes, una multitud de vendedores surgen de la nada y rodean el coche que se convierte en un tenderete de sedas y perlas del que no se puede escapar hasta que comprar alguno de los preciados productos. La gente es amable y delicada. Tienen una elegancia natural al hablar, al sonreír, al andar... y hasta cuando regatean son encantadores. Ni que decir tiene que siempre se salen con la suya, pero lo hacen de una forma tan sutil que, al final, parece que el comprador se ha llevado una ganga y ha dado sopas con ondas al vendedor, que le despide con la mejor de sus sonrisas. Ubud es el corazón cultural de Bali. Tiendas de artesanía, galerías de arte y un bullicioso mercado son algunos de los atractivos de este pueblo de montaña que exhibe la cultura milenaria de la isla. En los años 30 la gente empezó a llegar a Bali en busca de sol y playa. Pero los que pedían algo más no tardaron en dar con Ubud y con su legado cultural. Notables son los museos Puri Lukisan Neka y el de Antonio Blanco Americano, uno de esos forasteros especializados en las técnicas pictóricas balinesas. Incluso cuenta con un Festival de escritores y lectores que se celebra en octubre, y en el que se unen la literatura oriental y occidental en un cálido encuentro en el que, por supuesto, no pueden faltar los bailes balineses, danzas místicas para comunicarse con un Dios presente en todas las manifestaciones de la vida. Un espectáculo en el que tampoco puede faltar el so- AP Sol, playa y civilización nido del Gamelán conjunto de instrumentos de percusión formado por el metalófono, el xilófono, tambores y gongs balineses, que ameniza las celebraciones isleñas. Cae la tarde, y cae deprisa siguiendo la tónica de los trópicos donde el telón de la noche se cierra en un santiamén. Buena hora para llegar a Tanah Lot, no sin antes abastecerse de algunas de delicias callejeras, como frutas tropicales, maíz, coco tierno o dulces de arroz. Entre olas y rocas surgen entonces las solitarias torres negras de Tanah Lot. que recuerdan por su delicadeza las pinturas chinas. Son parte de un espectacular templo del siglo XVI construido por iniciativa del monje Nirartha, quien en uno de sus viajes se sentó a descansar en el islote rocoso, le dio categoría de lugar sagrado e hizo prometer a los pescadores que levantarían un templo en honor del dios del mar. No es de extrañar que Nirartha se empapara de la magia del lugar. El mar y la tierra funden agua y rocas, logrando una soberbia gama de colores que se agudiza en la puesta de sol. Y del mundo onírico de Tanah Lot pasamos a la bulla de Kuta. Paraíso de los surferos y meca del turismo balinés, esta localidad está repleta de tiendas y discotecas, de juventud y bullicio. Los restaurantes especializados en pescado y marisco que ocupan la playa encienden antorchas y faroles al anochecer y se disponen a servir a su internacional clientela. A la orilla del mar podemos saborear las delicias de un cangrejo con guindilla, de un pollo picantón, del satay o brocheta a la salsa de cacahuete o de una dorada a la brasa, todo ello acompañado de arroz dulce o agrio, picante o soso, con leche de coco o con huevas de gamba... Paraíso de surferos Los balineses son amables y delicados. Tienen una elegancia natural al hablar, al sonreír, al andar... y hasta cuando regatean son increíblemente encantadores En las celebraciones no pueden faltar los bailes balineses, danzas místicas para comunicarse con un Dios presente en todas las manifestaciones de la vida