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6 4 08 EL LIBRO PREPUBLICACIÓN En el Gobierno de Adolfo Suárez Ha sido diputado, ministro, presidente del Tribunal Constitucional y, siempre, un hombre comprometido con la libertad, Manuel Jiménez de Parga ha escrito unas memorias- Vivir es arriesgarse -de inmenso valor para entender la España del siglo XX y, en especial, las claves de la actual democracia. Reproducimos a continuación el capítulo sobre sus inicios en el Ejecutivo de 1977 parentemente el Gobierno era en 1977 una institución sólida, que disponía de los instrumentos necesarios para un funcionamiento eficaz. Visto de cerca, y formando parte del gabinete, las apariencias engañaban. En el tiempo posterior al verano de 1977 se fueron supliendo las carencias y cualquier visitante de la Moncloa percibe ahora los profundos cambios introducidos, materiales y de personal. Como prueba de la inicial precariedad de dotaciones, reseñaré lo sucedido al finalizar el primer Consejo de Ministros. Había que facilitar una declaración oficial a los medios de comunicación. El presidente se dirigió a mí con estas curiosas palabras: Tú que tienes costumbre de escribir, prepara un texto Me quedé sorprendido por lo de costumbre de escribir y salí del salón en busca de un taquígrafo. Era bastante tarde, sobre las dos de la madrugada, y Aurelio Delgado me advirtió de que en su secretaría no había nadie capaz de tomar una nota taquigráficamente. Lo único que le puedo ofrecer es una buena mecanógrafa. ¿Cómo era posible que en la Presidencia del Gobierno no hubiese un taquígrafo? No se preocupe le dije a Aurelio. Con una máquina de escribir me basta. Yo escribiré en ella directamente. El voluntarioso secretario, una persona además estupenda que llegó a ser buen amigo, exclamó: ¡Cómo un ministro va a tener que escribir a máquina! Preparé la nota y le dije al presidente que no se fijase en las erratas. Le recordé algo que me recriminó, años atrás, el profesor Tierno, estando yo en la redacción de la Revista de Estudios Políticos y transmitirle unas quejas del impresor por los originales poco cuidados: Muchachito no haga usted caso: las personas inteligentes se fijan en los errores y los tontos en las erratas. Con una que otra errata- -supongo- -salimos a la calle y anunciamos el propósito del Gobierno de elaborar una Constitución. A Título: Vivir es arriesgarse Autor: Manuel Jiménez de Parga Editorial: Planeta Páginas: 450 Precio: 24 Euros Era el punto central de un programa que aspiraba a una renovación amplia de la vida española, aunque no se revelasen las formas concretas de afrontar y resolver los problemas. Se marcharía empíricamente, según el momento y las circunstancias de cada asunto. Cuestión importante, e inaplazable, era la elección del presidente del Congreso de los Diputados. La UCD necesitaba completar su mayoría relativa con los votos favorables de otro grupo. Se acordó que tal vez se conseguiría el apoyo del Partido Socialista Popular (PSP) y, a este fin, se me encomendó que hiciese gestiones con Tierno. Yo era el ministro mejor relacionado con él. El Viejo Profesor quiso que comiésemos juntos en un restaurante donde él era- -por lo que pude apreciar- -figura destacada y admirada. Le transmití el deseo del Gobierno y él aceptó complacido. Con los votos de la UCD y los del PSP nuestro candidato, Fernando Álvarez de Miranda, sería elegido. Tierno me subrayó que se trataba de un excelente aspirante, de limpia trayectoria democrática. Telefoneé inmediatamente a Suárez con la buena noticia y en el siguiente Consejo de Ministros me felicitaron por el éxito de la gestión. Pero llegó el día de las votaciones y en la puerta del palacio de la Carrera de San Jerónimo esperaba Tierno. Me comunicó que él, a título personal, apoyaría a Álvarez de Miranda; sin embargo, había consultado a las bases del partido y se había acordado dar libertad de voto. El resultado era, pues, incierto. Tan incierto que en el primer Manuel Jiménez de Parga Miembro de la Academia de Ciencias morales y Políticas. Fue ministro de Trabajo y presidente del Tribunal Constitucional intento nos quedamos sin la mayoría exigida. Yo había advertido a Suárez del inesperado cambio de Tierno. Los diputados de la UCD me miraban con cara de asombro, unos, y con desconfianza, otros. Se sabía en el grupo parlamentario que era yo quien había conseguido el voto del PSP. Jordi Solé Tura, desde los bancos del PCE, me transmitió con un gesto que deseaba hablar conmigo. Nos encontramos en los lavabos y allí Jordi me dijo: La culpa es suya, por fiarse de Tierno. He hablado con Santiago (Carrillo) y nosotros les vamos a ayudar en la segunda votación. Me acerqué a Suárez y le di cuenta de mi entrevista con Solé Tura. El presidente me preguntó con indisimulado enfado: ¿Y quién es ese Solé Tura? ¿Acaso otro catedrático? Suárez desconfiaba profundamente de los catedráticos. No todos poseíamos para él las suficientes garantías. Le tuve que aclarar que Jordi era una persona de mi absoluta confianza, que llevaba veinte años colaborando conmigo en la universidad. El presidente sólo se convenció al salir elegido Fernando Álvarez de Miranda gracias a la actitud de los comunistas. La elección del presidente del Congreso había sido considerada, semanas atrás, en la primera visita que Felipe González hizo a Suárez después de las elecciones del 15- J. Nos encontrábamos reunidos en Consejo de Ministros cuando le hicieron llegar una nota escrita al presidente. Suárez se levantó y al pasar junto a mí me pidió que le acompañara. Fuimos a su despacho y allí se encontraban Felipe González y Javier Solana, con la representación del PSOE. La visita tenía como objeto exponer al presidente del Gobierno las pretensiones del primer partido de la oposición. Era un catálogo de aspiraciones bastante radicales, algunas de ellas imposibles de aceptar. Me acuerdo de casi toda la conversación entre Suárez y Felipe González (Solana y yo éramos testigos mudos) Re- ¿Otro catedrático? Suárez nos dijo: Os ruego, señores ministros, que os comportéis lo más amable posible con todos los parlamentarios, y en especial con los de la oposición González y Solana expusieron las pretensiones del primer partido de la oposición. Un catálogo de aspiraciones radicales, algunas imposibles de aceptar