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6 4 08 CLAVES DE ACTUALIDAD Abuso sexual Madres cómplices (Viene de la página anterior) aguantan más y al mismo tiempo disimulan lo que les pasa para proteger a sus madres; y éstas ante esos mensajes contradictorios pueden no saber lo que está pasando. Lo que no exime de culpa a la hora de proteger a los niños, pero que sí puede ayudar a comprender que no siempre es fácil la detección, ni para las madres y ni para las familias. También es cierto que, aunque no es para nada justificable, hay veces que las madres lo tienen muy difícil para tomar pasos porque pueden tener dependencia económica, emocional, social respecto a su pareja y eso provoca que no sean capaces de posicionarse como protectoras En el grupo de adolescentes con el que trabaja Pilar Polo, 9 chicas entre 14 y 18 años, abusadas por la familia extensa menos tres que lo fueron por su padre, todas coinciden en que durante el primer año de agresiones sexuales ni se les pasó por la cabeza pedir ayuda ni contárselo a nadie. Desconcierto y miedo a las consecuencias les taparon la boca. Luego explican que estuvieron entre año y medio y dos pensando en si decirlo, cómo y a quién. Y todas confiesan que si llegan a saber lo que viene después se hubieran callado. Porque después- -cuenta la terapeuta- -lo que viene es que la madre no te cree, que la familia se rompe, que viene un juicio y que piensan que eres una putita y una mentirosa porque tu testimonio es lo que más vale y la defensa del abusador es la niña miente Muchas veces el abuso se destapa porque la hermana mayor accede a que el abuso continúe con la condición de que no se repita en la pequeña. Si tu no vienes cojo a tu La Fundación Vicki Bernadet trató de 2005 a 2008 ocho casos de madres y dos de abuelas autoras de abusos sexuales. Un escaso 2 de las agresiones en la familia llega al juez hermana Pero si yo voy y la coges, lo digo Muchos casos en que la madre era consentidora se han sabido por la hermana mayor. Ninguna familia está preparada para aceptar que haya abusos sexuales, el sentimiento de culpa es inmenso. Pero pensemos que una mujer a la que su hija le explica que su pareja, que su marido la viola, antes de hacer nada tiene que aceptar tres cosas de si misma: he fracasado como madre porque no he protegido a mis hijos, he fracasado como mujer si mi marido se tiene que buscar a otra, y he fracasado como persona porque cómo pude escoger tan mal. Y si es un hijo el que abusa de otro, ¿cómo te posicionas? Los padres no quieren que ninguno de sus hijos acabe en prisión y muchas veces la víctima vuelve a ser sacrificada Y sea quien sea el abusador y cuál fue la actitud de sus madres, el sentimiento de las víctimas siempre es que ellas no hicieron lo suficiente. ¿Es madre? -me pregunta Polo- Pues sabrá que los niños esperan todo de sus madres, que se lo sepan todo y que todo lo solucionen. La figura del abusador la pueden sacar fuera pero nunca la idea de de que su madre pudo hacer más. Es una sensación que nos encontramos en terapia en casi todos los casos, incluso hacia madres que han movido cielo y tierra para ayudarles. Siempre queda ese mi madre tenía que haberse dado El grito del silencio José Luis O. C. condenado por violar a sus hijas durante 8 años, junto a su esposa (a la izquierda) que le defendió FRANCIS J. CANO cuenta no puede ser que no lo sintiera, yo le dije algo... pero no se lo contó. Porque muchas veces el tipo de ayuda que pidieron fue no quiero ir a casa de los abuelos y se zanjó con un mira cómo eres, con lo que te quieren y el remate y no te portes mal Pero aún el trago de hiel en una garganta infantil puede ser más amargo. El dolor no duerme nunca; el silencio lo vela. Y no queda nada cuando la madre es cómplice o abusadora. Oímos muchas veces- -dice la psicóloga- mi madre lo veía o se lo conté y no hizo nada porque su respuesta fue no cuentes nada, intenta no quedarte sólo con él que ya pasará Desde 2005 a marzo de 2008 hemos tratado 8 casos de madres abusadoras y dos de abuelas. No sé si hay algo peor, pero en la recuperación de estas víctimas el trabajo con respecto a la figura materna es fundamental. La idea de la femineidad hace que la sociedad no esté preparada para aceptar estas cosas Por eso cuando la madre de María del Carmen Lojo la bañó con ácido en las escaleras de la Audiencia Provincial de Pontevedra, el 2 de octubre de 2000, al ir a testificar contra su padre, el mismo que la había violado desde los 3 hasta los 17 años- -como había hecho con su hermana mayor- -y que la había dejado embarazada- -el aborto lo aprobó un juez- algo se quebró en la España biempensante. Hoy me dice Teresa Pazos, la abogada de esta víctima, que aquel suceso escalofriante- -y por el que aún pagan en la cárcel tanto el padre violador, como la madre encubridora y agresora- -marcó a lo grande un punto de inflexión sobre estas situaciones, aunque cada uno en su pueblo o en su ciudad conociera que se había juzgado algo parecido. ¡Se deben romper tantísimas cosas cuando se pulveriza la figura protectora de la madre! Las madres cómplices son excepciones. Pero eso no te deja tranquila, porque es una excepción mientras no te toca y son excepciones que existen. El problema- -añade la abogada de familia- -son las secuelas. Si la víctima no tiene un adecuado tratamiento por parte de las instituciones públicas, que no suele darse, cuando sale del entorno familiar suele repetir conducta con otro maltratador, en forma de novio, marido... Y si María del Carmen tuvo ese tratamiento, fue de aquella manera Dos años después, parcheadas las quemaduras del líquido abrasivo y en carne viva la herida del alma, escondida por temor a más represalias y lejos de Galicia, María del Carmen Lojo, ya con 22 años, seguía sintiendo en su boca el odioso sabor del ácido Un tormento parido contra natura: Para mi madre- -alegó- mi padre era Dios