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22- 23 D 7 LOS DOMINGOS DE Uno de los numerosos ídolos que jalonan la isla sepultura de Viernes Los alrededores de Madang están salpicados de aldeas escondidas y casas diseminadas entre una espesa vegetación tropical. Cada una tiene sus características peculiares, pero ninguna puede compararse a Haya. Apartada, en lo alto de una colina, se extiende en pequeños barrios a lo largo de un camino ondulante de tierra. La esponjosa y cuidada pradera en la que se asientan las viviendas de paja trenzada no envidiaría al jardín del mejor palacio europeo. Cada familia tiene su choza de palma, su huerta, de la que se nutre, y su piara de cerdos, algo esencial para la economía familiar. Los vegetales se cultivan para comer, pero los cerdos sirven también como moneda de cambio para adquirir bienes, comprar esposas para los hijos o, incluso, adquirir créditos (moka) para enfrentar deudas o llevar a cabo proyectos familiares. Entre la tribus de Papúa hay grandes diferencias sociales, pero si algo en común comparten todas es la trilogía universal de Tiera, Cerdo y Mujer, que constituyen (por ese orden) los pilares de su organización social. Haya es, como digo, una aldea de cuento de hadas, donde la vida transcurre al margen de la ambición y de las miserias mundanas. Hombres y mujeres llevan con naturalidad los torsos desnudos y los niños, que cascabelean entre risas incesantes por la pradera, parecen de todos. El porche de la casa del big man (el jefe) emplazada en ese lugar prominente, en plena plaza, que los pueblos de occidente reservan al Ayuntamiento, sirve tanto de lugar de encuentro social como de foro para discutir los asuntos que afectan a la comunidad. En la ciudad de Madang todo es (Pasa a la página siguiente) Una mujer y su hijo, en su atuendo cotidiano, en la aldea de Haya, donde la vida discurre al margen de la ambición y miserias mundanas una tupida vegetación que no permite adivinar su naturaleza hasta no adentrarse en alguna de las numerosas cuevas que hay en la base y descubrir los restos de coral muerto y fósiles marinos que abundan por doquier. De una de las cuevas más próximas a la aldea mana una fuente de aguas sulfurosas, tan azules y transparentes que parecen mágicas. En la misma boca de la cueva, el agua forma un pequeño estanque de cristal azulado envuelto por una lujuriante vegetación tropical. Es un rincón de una belleza tan extraordinaria que no parece de este mundo. No es de extrañar que un lugar tan especial fuera elegido como escenario para la película Robinsón Crusoe (la de Pierce Brossman, 1994) Allí puede verse aún la montonera de piedras que representa en el film la