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12- 13 D 7 LOS DOMINGOS DE La joven Neuyen Thi Van, víctima del Agente Naranja, herbicida utilizado por EE. UU. durante la guerra para arrasar la jungla gado durante 35 años. Teniendo en cuenta que EE. UU. arrojó directamente 4,7 millones de pesticidas sobre 33.339 hectáreas de cultivo y 3.138 pueblos, no es de extrañar que aún hoy sigan naciendo niños seriamente afectados por el Agente Naranja, capaz de provocar hasta 35 distintas enfermedades. La mayoría de ellas son tumores, leucemias linfáticas, alteraciones del sistema nervioso y horribles malformaciones físicas, como las que se observan en la Aldea de la Amistad, un centro ubicado a las afueras de Hanoi donde se atiende a 120 niños venidos de 34 provincias de Vietnam y a 40 veteranos de guerra. El 60 por ciento de nuestros internos tiene problemas mentales, por lo que aquí les ofrecemos un tratamiento y un proceso de rehabilitación para que los más capacitados puedan valerse por sí mismos explica a ABC el director de esta institución estatal, Dang Vu Dung. Una de esas pacientes es Neuyen Thi Van Long, quien, a pesar de su minusvalía, es la más rápida de su clase confeccionando flores de papel. Menos habilidosa se muestra, en cambio, Dang Thi Nu, una niña de 12 años ciega, sorda y retrasada, que ha reproducido los síntomas del Agente Naranja en la tercera generación de su familia después de la guerra. Aunque su progenitor, hijo de un soldado que se vio expuesto a dicha sustancia durante la contienda, nació sano, la pequeña ha acabado desarrollando una enfermedad que nadie sabe cómo ni cuándo puede surgir. Por su parte, Canh Chi Long apenas sobrepasa el metro de altura a sus 24 años porque las dioxinas han afectado a su crecimiento, pero al menos es capaz de valerse por sí mismo y no como PABLO M. DÍEZ De agosto de 1961 a junio de 1971 los bombarderos norteamericanos lanzaron 80 millones de litros de pesticidas, la mitad de ellos del arrasador Agente Naranja Las dioxinas liberadas por el Agente Naranja permanecen en la superficie terrestre 25 años, y un siglo en las capas más profundas. Sus daños al medio ambiente son enormes las decenas de niños deficientes y con microcefalias (cabezas diminutas) que pululan por el centro como si fueran los renglones torcidos de los bombardeos del tío Sam El catálogo de horrores provocado por el Agente Naranja es tan variado que va desde las deformaciones de miembros que padecen los hermanos Le Van, anclados de por vida a una silla de ruedas, hasta la extraña mutación de Le Van O, quien nació sin ojos y ni siquiera tiene párpados, por lo que una fantasmal y lisa superficie de piel le cubre la parte superior del rostro. A tenor de los estudios realizados en el Hospital Tu Du de Ho Chi Minh, donde se atienden los casos más graves, uno de cada mil niños vietnamitas sufre malformaciones genéticas. A ellos hay que sumar los miles de soldados que han desarrollado distintos tumores y dolencias tras verse expuestos al letal pesticida. Por ese motivo, la Asociación de Víctimas del Agente Naranja, que engloba a más de 10.000 personas, presentó el 30 de enero de 2004 una demanda contra 36 com- pañías americanas que suministraban sustancias químicas al Pentágono, como Dow Chemical, Diamond Alcali, Uniroyal Chemical, Thompson Chemical, Hercules, Monsanto, Ansul y Thompson Hayward. El 10 de marzo de 2005, el juez encargado del caso desestimó su denuncia a pesar de que dichas firmas ya habían indemnizado en 1984 con 240 millones de dólares a los militares de EE. UU. que se vieron afectados por el peligroso pesticida mientras participaban en el conflicto. Esa decisión supone una desigualdad con las víctimas vietnamitas. Hemos apelado la sentencia y lucharemos hasta conseguir una indemnización porque la mayoría de los afectados son muy pobres y no pueden costearse un tratamiento criticó el portavoz de la Asociación, Mai The Chinh. Durante años, EE. UU. ha negado los efectos del Agente Naranja en Vietnam, convertido en un motivo de rifirrafes diplomáticos entre ambos países. De hecho, cada vez que Washington rechazaba las alegaciones de este bello pero castigado país del sureste asiático, el gobierno vietnamita organizaba algún concierto a favor de las víctimas de tan letal pesticida para denunciar su situación ante la comunidad internacional. Pero, desde la visita del presidente Bush a Hanoi para participar en noviembre de 2006 en la cumbre de países de Asia- Pacífico (APEC) ambas partes han empezado a colaborar para intentar solucionar el problema. Descontaminación de la zona Washington ya ha destinado unos 250.000 euros para realizar un estudio sobre la descontaminación de las zonas afectadas y dos millones de euros para proceder a su limpieza, pero dicha cantidad se convierte en una minucia porque las autoridades vietnamitas calculan que les costará 25 millones de euros recuperar su deteriorado medioambiente. Entre los lugares más afectados destaca la antigua base aérea militar de Danang, donde se mezclaba el Agente Naranja y cuyos restos en el subsuelo se filtran a esta ciudad de un millón de habitantes cuyo principal reclamo turístico son sus playas. Cerca de su aeropuerto internacional, los niveles de dioxinas detectados por los científicos llegan a ser entre 300 y 400 veces superiores a los límites establecidos por la Organización Mundial de la Salud. Un ejemplo más de que, tres décadas después de vencer al Ejército más poderoso del planeta, a Vietnam aún le queda por ganar la última batalla de una atroz guerra que todavía no ha acabado.