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30 3 08 CLAVES DE ACTUALIDAD Miguel Delibes No creo que España vaya por buen camino El mejor escritor vivo de España se confiesa pesimista ante la falta de valores en Europa, la pérdida de calidad en el lenguaje y la mala educación en general TEXTO: JOSEFINA MARTÍNEZ DEL ÁLAMO FOTOS: HERAS uando lo conocí, había en Miguel Delibes dos personalidades diferentes. De entrada, su apariencia externa: un hombre largo, delgado, asténico, sonriente y amable; siempre dispuesto a ayudar. Con los días previstos y ordenados: las clases en la Escuela de Comercio, la caza, los paseos, escribir diariamente hasta las dos, su gusto por el cine y los deportes; el verano en la casita de Sedano para pescar truchas en el río Rudrón, y vigilar cómo vienen cada año los guisantes y las remolachas en la pequeña huerta cedida a sus cuidados. La imagen perfecta de El hombre del traje gris con la vida programada. Pero de sonrisa para adentro le invadía la obsesión de la perfección, la inseguridad, la larga depresión de cinco años, las noches de Valium y pesadillas que él mismo te contaba entre carcajadas para superar la situación... Y esa gran capacidad para observar y analizar el mundo y describirlo con su perfecto castellano, conciso y exacto, heredado del lenguaje mercantil de Joaquín Garrigues. C Era también un hombre desolado por la muerte de su esposa, y con una visión negativa de sí mismo y de su vida. Un pesimista que te advertía: Ya ves... Es que tengo 59 años... Soy un anciano de 59 años Hoy, con los años encima- -ahora sí- -y la crueldad de tres operaciones, me temo que se habrá acentuado, justificadamente, su pesimismo. Pero supongo también que su curiosidad por el mundo sigue intacta. Porque Delibes fue tan periodista como escritor; y el periodismo ya se sabe que imprime carácter de por vida. Aunque según confesó en su día: Al periodismo hay que dejarlo antes de que el periodismo acabe con uno Así que me gustaría charlar con él de este mundo de hoy, de sus cambios, de la sociedad, de las gentes. Saber cómo lo ve, cómo lo siente... Y empezamos un cruce de cartas- -mías- -y de tarjetas- -de él- Estoy enfermo y tengo muchos años Además, desde que se operó sólo acepta cuestionarios. Intento convencerle, pero entiendo también su desánimo. Me cuenta primero cómo orga- Nuestro clásico del siglo XX A un antiguo editor le preguntaron, allá por los ochenta, quién se merecía el Nobel de Literatura, a quién se lo daría; y no lo dudó: Miguel Delibes. Aunque quizás trae mala suerte decirlo... Además, en los últimos años nos sacan unos Nobel que no los conocen ni en su casa Con Nobel o sin él, Delibes es uno de los grandes. Tal vez el último superviviente de aquella gran generación de escritores que lo dominaban todo: el fondo y la forma. Que a pesar de la falta de libertad, o precisamente por ella, retrataron la realidad de España con un lenguaje insuperable. Los clásicos del siglo XX. Sin embargo, hace unos días, oí el comentario de un chico joven, empedernido lector: Pues mis compañeros apenas lo conocen. Como hace años que no publica... Ellos leen otras cosas Supongo que tampoco se lee a Galdós, a Unamuno, a Baroja... porque hace años que no publican. Y esos compañeros, casi todos universitarios y bien situados, leen- -si leen- -las novelas seudohistóricas y esotéricas tan de actualidad. Cada tiempo tiene su afán. Y me quedé asombrada. Si es así como va España, ya no me extraña nada. Ahora incluso empiezo a entender lo inexplicable... Por favor, que el último apague la luz. niza su vida hoy, de forma tan distinta, porque las circunstancias siempre terminan por mandar. -Paseo media hora. Leo- -poco porque he perdido mucha vista... No voy al cine ni a reuniones... Veo lo más insulso de la tele, aparte de los deportes. Y no me muevo de Valladolid. ¿Pero sigue yendo a Sedano? -Sigo yendo a Sedano dos meses en verano. ¿Y habla aún con las gentes del pueblo? ¿Fueron ellos y sus conversaciones, su fuente de inspiración? -Mis contemporáneos me acompañan hasta el fin. Me enseñaron muchas cosas. Los más viejos, a los que la tele ha silenciado, fueron buenos maestros. -Supongo que ya no pesca. -Tampoco cazo... Y desde 1998 no he escrito profesionalmente ni una línea. Todo quedó interrumpido al operarme de cáncer. Quedé vivo pero roto. Mi vitalidad Vivo, pero roto...