Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
20- 21 D 7 LOS DOMINGOS DE M. FRANCISCO REINA Cultura El francotirador del verso o es habitual que un poeta se mantenga firme y al margen de modas y tendencias, como si estuviésemos en el Corte Inglés, a tenor de algunas antologías supuestamente generacionales en las que según qué Popes disertan cada dos o tres años sobre las corrientes poéticas y sus torbellinos, como si fuese la Pasarela Cibeles, con lo que cuando uno se encuentra con aquellos que no pasan de moda a fuerza de esfuerzo, determinación y de no estar persiguiendo quimeras de mentidero literario, la satisfacción, además de por la calidad de la obra bien hecha y reposada, es doble. Me refiero al hallazgo del libro Monólogo del entreacto del poeta y novelista Manuel Rico, con un estudio preliminar de Marta Sanz, en el que se recogen cien poemas, desde 1982 a 2005, que acaba de publicar Hiperión. Sobre el libro y su autor hacía el crítico Luis García Jambrina- -que acaba de presentar el Almanaque de la renovada revista cultural Ínsula en colaboración con la Fundación Lara- -una acertadísima semblanza en el suplemento cultural ABCD las Artes y las Letras, marcando algunas líneas maestras de su poética: Manuel Rico se forma como poeta en una época dominada por la estética novísima, que el autor rechaza de una manera abierta; de ahí que, desde sus inicios, intente abrir una vía rehumanizadora y de recuperación de la memoria. Sus primeros libros coinciden, en el tiempo, con el surgimiento de la otra sentimentalidad, que pronto daría lugar a la llamada poesía de la experiencia, de la que también se ha mantenido a distancia. Estamos, pues, ante un poeta solitario e independiente o, mejor aún, ante un francotirador como a él le gusta autodefinirse. N Tal vez esta distancia que bien apunta Jambrina, con la presencia, eso sí, de grandes maestros y amigos suyos, también alejados de las vanidades y supercherías, como son Diego Jesús Jiménez y Manuel Vázquez Montalbán, poetas de potente y personalísima voz, como Manuel Rico, le ha salvado de pasar de moda, como a muchos de los compañeros cronológicos de generación y oropeles del momento. Ante la inmersión en su propia obra, para elaborar su antología, el poeta asegura que ha sido una experiencia parecida a la extrañeza. Mezclada con una íntima alegría por reencontrarme con viejos poemas (los de principios de los ochenta, o de los primeros noventa) que parecen haber renacido. Sí: renacido. Y es que el ejercicio de autoexigencia de este poeta es, en sus propias declaraciones, el oficio de amalgamar palabra reveladora y conciencia crítica, insumisión frente al mundo e investigación en el lenguaje, emoción sentimental y emoción estética, memoria y deseo Un ejercicio en el que, no en vano uno de sus libros se titula El muro transparente haya la transparencia revelada de la palabra, símbolo, en este sentido, de los que no se aferran a la cómoda certeza de la autocomplacencia. Quizá por eso, en uno de sus poemas, escribe Jamás la certidumbre. Nunca la posesión de lo absoluto. Sí lo que abraza y reconstruye tu frágil corazón con la materia que forman las palabras, los apuntes, las piezas de la vida o de la muerte Manuel Rico es de esos poetas que no alardean de tal, imbuidos por la santidad del trabajo en silencio, del soliloquio con la poesía, de la revelación deslumbrante y cotidiana de la esencialidad de la literatura apeada de fanfarrias. Poética del descubrimiento y la honestidad, de la trascendencia de lo humano en la que la voz de Rico se encuentra con su propia voz y piel, como en un maravilloso espejo sonoro, asegurando: Descubriste la verdadera piel, la que nunca habrá de traicionarte. No vivía ni en la luz familiar ni en el principio. Desdeñaba los mapas que, en tardes de oro sucio, te enseñaron, fermentó en la impostura que nació en la palabra hasta ser máscara fundida con la carne Razón poética esta que evidencia que la verdad poética y la poesía pueden hacerse palpables y comprensibles, dentro de su naturaleza misteriosa, que este poeta consigue hacer asequible, difícil alquimia que sólo alcanzan los más grandes y esforzados. Un libro que recoge un corazón tatuado, una criatura viva compuesta de muchas criaturas vivas con forma de emocionantes y hermosos poemas. FERNANDO FERNÁNDEZ Economía Vacaciones sin descanso ensábamos que tras las elecciones vendría la calma, pero los ciclos económicos tienen poco que ver con los políticos. Ha bastado que Bear Stearns haya sido adquirido a precio de saldo por un ilustre competidor- -no solo en España las crisis bancarias se resuelven entre caballeros en el silencio de los despachos- -para descubrir la fragilidad de la situación financiera internacional. Esa misma que el ejecutivo negaba en campaña electoral y presentaba como una conspiración azul sajona contra Zapatero. Hasta la prensa amiga editorializa sobre la crisis que viene, ya nadie habla de desaceleración, y titula con ironía que el Gobierno se anticipa al cambio de ciclo. Valiente anticipación ésta que ha de esperar a que el euro se acerque a 1,60 dólares, las Bolsas coqueteen con el pánico, la crisis bancaria se extienda y Bernanke intente sin éxito imitar a Greenspan bajando los tipos al 2,25 para convencerse de que el ciclo no ha muerto y las cosas de los dineros pintan negras. Esta es tradicionalmente una semana de reflexión en lo trascendente y ahora también en lo efímero, como el ahorro y la riqueza. Se me ocurre que la actitud de los economistas y de la prensa económica en general merece una seria reflexión. Más atentos a sus posicionamientos que a sus obligaciones profesionales, han postergado cualquier análisis objetivo a la victoria electoral de sus parientes ideológicos. Nos encontramos así con una población, perdón una ciudadanía, escéptica, que no acaba de entender cómo si hace unas semanas estábamos en la Champions y teníamos la economía mejor preparada del mundo, necesitamos hoy medidas de emergencia para endere- P zar el rumbo de una convaleciente economía que padece como pocas dos males crónicos, la hipertrofia inmobiliaria y el exceso de endeudamiento. Con ser esto grave lo es más, a mi juicio, la apabullante subordinación del análisis económico a los intereses políticos. El partidismo lo ha invadido todo. Normal, se me dirá, en una sociedad civil muy débil que no ha desarrollado instituciones de contrapeso al gran hermano de Orwell. Si el poder absoluto lo corrompe todo, decía Lord Acton, en esta España nuestra en que la omnipresencia de los partidos políticos se entiende como normal es desgraciadamente lógico que la política económica se postergue a conveniencia del partido de Gobierno. Pero no solo la política económica, sino también el simple análisis. A nadie le gusta ser tildado de vendepatrias, catastrofista, sectario o pesimista incorregible por un simple artículo. Pero los hechos acaban imponiéndose a las consignas. Las revisiones a la baja del crecimiento de la economía española se suceden a ritmo de Fórmula 1, aunque sea el del coche de Fernando Alonso. La ansiada inflexión a la baja de la inflación se hace más de rogar que la autopista del Cantábrico. El muy glosado aterrizaje suave de la vivienda se ha convertido en caída libre. Maravillas de la ciencia política que, como Uri Geller, si no consigue doblar cucharas sí permite que los hechos cambien con el resultado electoral. La economía era hasta el 9 de marzo una obsesión de la derecha extrema, la izquierda moderna estaba más preocupada con la consolidación de derechos y la ampliación de libertades. Pero esta Semana Santa nos preparan un Plan de Choque. A nuestro regreso nos encontraremos con que las promesas electorales han caducado y que las bases presupuestarias de Solbes son incompatibles con la nueva situación internacional. Lo que es completamente cierto, pero lo sabían antes de las elecciones. Sin esperar al Gobierno, los grandes empresarios están tomando medidas. La banca se prepara para el aumento de los costes de financiación que le supondrá tener que renovar vencimientos de deuda por importe de 791.000 millones. Reaparece Bhavnani con el 3,3 del Popular y el 2 del Sabadell. Iberdrola y Acciona ultiman la creación de un lobby de renovables que defienda las subvenciones ante el recorte presupuestario que se avecina. Telefónica amortiza el 1,35 de su capital para dar una alegría al valor de su acción. Pero todos los inversores aumentan el peso de la renta fija en sus carteras y el capital riesgo pisa el freno en sus planes de expansión en España.