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23 3 08 EL LIBRO PREPUBLICACIÓN El mapa del crimen organizado La mafia ha llegado a convertirse en una economía en la sombra que mueve el 20 por 100 de los negocios mundiales. El autor ha elaborado un gran reportaje después de tres años de investigación: ha hablado con gánsteres, policías y víctimas, y reflexiona sobre los abismos de la globalización. En este capítulo se refiere a las mafias rusas que operan en Israel a frontera que separa a Egipto e Israel apenas es perceptible. Al contemplar la endeble alambrada que se eleva entre el desierto de Negev y el norte del Sinaí, me sorprende que un país tan preocupado por la seguridad como Israel permita un acceso tan abierto hacia su territorio desde tierras árabes. La policía me asegura que patrullan la frontera con regularidad, pero desde el coche no veo ni un alma cuando salgo hacia el norte en dirección al extremo meridional de Gaza. En cierto punto, dos camellos asoman la cabeza altaneramente a unos doscientos metros por delante de mí. Entran en Israel desde Egipto llevados por cuatro adolescentes, dos jinetes y dos guías. Los camellos están cargados hasta la joroba con productos de contrabando; las mercancías básicas con que trafican estos comerciantes transfronterizos son el tabaco y las drogas. Atemorizados al ver mi coche, los muchachos fustigan a los enormes animales y salen a toda prisa en dirección a un camión que no lleva matrícula cuando, de pronto, el ondulado Negev los engulle a todos: jinetes, vehículo y camellos. Los jóvenes contrabandistas beduinos mantienen viva la frágil llama de la memoria colectiva de su pueblo. Su trabajo es claramente más interesante y variado que cualquier otra de las pocas oportunidades que se les ofrecen en los asentamientos, y comporta un contacto regular con sus primos del Sinaí, al otro lado de la frontera. Su sector está en pleno crecimiento, como atestigua el incremento del consumo de drogas entre los beduinos. En general, las comunidades de las que proceden quienes trafican con drogas por rutas terrestres- -albaneses, beduinos o tayikos, por ejemplo- -suelen sufrir tasas crónicas de drogodependencia. Pero los principales motivos que han impulsado el desarrollo de este comercio ilegal en el Negev no están relacionados con los beduinos, sino con un grupo de inmigrantes que comenzó a llegar a Israel hace quin- L Título: MacMafia. El crimen sin fronteras Autor: Misha Glenny Editorial: Destino Colección: imago mundi Páginas: 503 Precio: 19,50 euros Fecha de publicación: 27 de marzo ce años: los rusos. Cuando la Unión Soviética se derrumbó y la economía de los Estados que nacieron de ella entró en barrena, para la gran mayoría de sus habitantes el futuro se presentaba tétrico e incierto. Si el capitalismo gansteril parecía temible en Moscú, peores eran las perspectivas para quienes vivían en territorios periféricos, especialmente en el Cáucaso, donde las guerras, los conflictos civiles y el hampa revestían de peligro actividades tan cotidianas como salir a la calle a hacer la compra. Los emigrantes rusos establecieron muy rápidamente una sociedad compleja en Israel, que evolucionó en paralelo con la comunidad ya existente. El Estado mostró una escasa inclinación a trabajar activamente para integrar a los rusos, aunque en realidad tampoco tenía capacidad para hacerlo. Así, cuando llegó la avalancha de rusos durante la primera fase de integración, las dos comunidades apenas interactuaron en absoluto: las diferencias de lengua y cultura marcaron un período de exclusión mutua. La policía fue la primera en percibir que pasaba algo raro. En aquella época yo era jefe del servicio de inteligencia de Jerusalén- -dice Hezi Leder, comandante de policía ya jubilado- Comenzamos a recibir informes de mis colegas de Haifa y del norte de Israel sobre un drástico aumento de la actividad delictiva entre los jóvenes. Eran chicos de trece y catorce años, tal vez quince, pero parecían no estar integrados en el sistema educativo. Y casi todos eran rusos. A mediados de los años noventa ya había más de Misha Glenny Ha sido corresponsal de The Guardian y la BBC para Europa del Este La oleada de delincuencia se centró en Tel Aviv- -a la que los periódicos denominan Sin City ciudad del pecado pero casi siempre dentro de la comunidad rusa La Policía descubrió una red de proxenetas, burdeles, extorsiones de protección, falsificación de documentos y secuestros. Un universo clandestino e invisible 700.000 rusos en Israel. La mayoría de ellos eran ciudadanos totalmente honrados, como Alexander Gentelev, que se marchó de Makhachkala impulsado por el mismo motivo que tantos otros emigrantes de todo el mundo: salir de un entorno problemático para encontrar un lugar seguro y una vida mejor para sus hijos. Pero si vienen un millón de rusos y sólo un 1 por 100 son delincuentes- -explica Gil Kleiman, ex policía- -no dejan de ser muchos malos. Poco después de que Leder alertara a sus colegas sobre el fenómeno de las bandas juveniles, la policía comenzó a observar un incremento en los asesinatos y los atracos con una brutalidad sin precedentes. La oleada de delincuencia se centró en Tel Aviv- -a la que los periódicos denominan Sin City ciudad del pecado pero casi siempre estaba contenida dentro de la comunidad de habla rusa. Tras recibir un aviso anónimo en septiembre de 1996, Kleiman y sus hombres descubrieron atónitos en un apartamento de un rascacielos, en un charco de sangre, el cadáver aún caliente de un proxeneta llamado Oleg Karpits Karpachov. En la autopsia consta que había sido apuñalado en la frente y en el cuello. El cuchillo atravesó la piel, las venas y la tráquea hasta alcanzar la columna vertebral, que quedó cortada escribió el forense. Karpits también fue golpeado con un objeto contundente y apuñalado en la espalda y el hombro. Habían quitado las bombillas de la planta en que se encontraba su apartamento para que no hubiera luz- -recuerda Kleiman- o sea, que supimos que había sido un asesinato planificado en serio. Más tarde descubrimos que al coordinarse para llevarlo a cabo no usaron sus teléfonos móviles durante más de un minuto, por si los estaban siguiendo. Si las circunstancias de la muerte de Karpits eran misteriosas, más lo fue lo que descubrió el equipo especial de investigación de Kleiman sobre el mundo del difunto. Comenzaron a desentrañar toda una red de proxenetas, burdeles, extorsiones de protec-