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12- 13 D 7 LOS DOMINGOS DE su esposo, Svetlana no trabajaba, aunque, según sus profesores, reunía todas las condiciones para haber hecho una brillante carrera. Vivían con estrecheces en la casa de los padres de ella. Empujón hacia la cumbre Svetlana Medvédeva enciende unas velas en la catedral que forma parte del conjunto de Kolomenskoye, cerca de Moscú Pero no empezaron a salir hasta que cumplieron los 14. Tuvieron un noviazgo que duró dos lustros con altibajos e incluso con cambios esporádicos de pareja. Cuentan sus antiguos maestros que ella tenía varios pretendientes y él sufría enormemente con cada separación. La vida en el San Petersburgo de los años 70 y 80 no ofrecía grandes atractivos a los adolescentes. Según Irina Grigoróvskaya, una de las profesoras de Medvédev, lo que más le gustaba era pasear por el parque en compañía de Svetlana. A veces, se iban después a casa de los padres de ella a escuchar música. Aunque a precios prohibitivos, en el mercado negro se podían comprar discos de las principales estrellas del pop mundial. Ambos proceden de medios familiares instruidos, lo que en la URSS no era sinónimo de desahogo económico. El padre de Dmitri era profesor de matemáticas en el Instituto Tecnológico de la ciudad, aunque hay quien asegura que la asignatura que enseñó realmente fue marxismo- leninismo. Su madre impartió lengua rusa en el Instituto Pedagógico. El progenitor de Svetlana era oficial del Ejército. Su madre tenía educación superior, pero los constantes cambios de destino del marido la obligaron a dedicarse más bien a la casa. Lo que sí tenían ambas familias eran contactos para lograr que sus hijos ingresaran en la Universidad. Svetlana empezó a estudiar en el Instituto de Economía y Finanzas y su prometido en la Facultad de Derecho. Las nuevas ideas de libertad y democracia que trajo Gorbachov con su perestroika les sorprendieron poco antes de acabar la licenciatura, en 1987. Su afición a las tushovkas palabra rusa que viene a significar sarao le surgió a Svetlana después de finalizar los estudios. Corría el año 1988 y sus compañeros de carrera cavilaban sobre la forma de hacerse ricos. Gorbachov había introducido ya los rudimentos del futuro capitalismo con la ley de cooperativas. Su novio, con el que contraería matrimonio un año después, andaba enfrascado en la tesina de postgrado, en sus disertaciones sobre derecho civil, daba clases y colaboraba en una revista como asesor jurídico. Quienes conocen bien a la pareja aseguran que Medvédev era entonces feliz como profesor de derecho, con sus libros y conferencias. Pero en casa entraba poco dinero. Por imposición expresa de AP La afición a las tushovkas (saraos) de Svetlana le permitieron establecer contactos que han sido muy útiles en la carrera profesional y política de su esposo La nueva primera dama consiguió la conversión religiosa de su marido y el apoyo explícito del Patriarca Alexis II a la candidatura de éste en las elecciones Gracias a sus múltiples contactos obtenidos en las veladas que organizaba, Svetlana le encontró a su marido un trabajo más prometedor y mejor remunerado. Dmitri acabó convirtiéndose en director de una importante papelera, Ilim Palp, donde consiguió reunir una pequeña fortuna. Sus dotes como gestor y su amistad con Anatoli Sobchak, que sería después alcalde de San Petersburgo, elevaron su reputación y el estatus social de la familia. Cuando sus vidas se cruzaron con la de Vladímir Putin, el camino hacia la fama y el poder se abrió ante ellos. Se dice que todo lo que hoy día es Medvédev se lo debe a Svetlana, mujer voluntariosa y de carácter. Algunos la tachan directamente de mandona Ella hizo que su consorte dejase de ser ateo y abrazara la religión ortodoxa meses antes de la boda. Condecorada con la Orden de la Iglesia ortodoxa, la primera dama rusa dirige, en colaboración con el Patriarca Alexis II, un programa para lograr que las nuevas generaciones recuperen el orden, los valores y las costumbres cristianas Iliá, el único hijo del matrimonio, nació en 1996. Vivirían tres años más en San Petersburgo antes de trasladarse a vivir a la capital rusa. Svetlana supo introducirse pronto en lo más selecto de la sociedad moscovita. No resultó muy difícil porque saltaba a la vista que Medvédev eran un joven prometedor. Tenía sólo 34 años y era ya la mano derecha de Putin. Svetlana continuó promoviendo la figura de su amado en todos los ámbitos posibles. El propio Medvédev reconocía hace poco que su cónyuge se encarga de cubrirme la retaguardia En los recientes comicios, Svetlana consiguió del Patriarca ortodoxo una declaración de apoyo explicitó a su marido. Movilizó también a la comunidad judía rusa. Ella es de origen hebreo y, al parecer, también lo es Medvédev, cuyo apellido, según determinadas fuentes, alteró su padre para ocultar el verdadero, Mendel. El actual aspecto físico del nuevo presidente ruso es también obra de su costilla, a golpe de piscina, gimnasio y yoga. El resultado salta a la vista y el flamante jefe del Kremlin aparenta ahora menos edad de la que tiene. La prensa rusa vaticina que Svetlana será una primera dama destacada y peculiar. Afirman que incluso asesorará a su esposo en las grandes decisiones de Estado.