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23 3 08 CLAVES DE ACTUALIDAD Monasterio de Labrang en Xiahe (provincia china de Gansu) Los monjes budistas combinan los principios básicos de su religión con elementos modernos, como el ping pong Tíbet chino Progreso y espiritualidad no comparten mantra Tras los graves disturbios que han sumido a Lhasa en el caos no sólo subyace una demanda independentista, sino dos formas de entender el mundo: la modernidad china frente a la tradición tibetana TEXTO Y FOTOS: PABLO M. DÍEZ ENVIADO ESPECIAL ace una semana estallaba el oasis de paz y espiritualidad que era Lhasa, la capital del Tíbet y ciudad sagrada del budismo. Protagonizando los peores disturbios desde 1989, los tibetanos se echaban a la calle para reclamar la independencia de esta región, ocupada por China desde 1950. Las tiendas del Barkhor, el cir- H cuito de peregrinación alrededor del templo de Jokhang, ardían y, según el régimen comunista, morían 13 civiles linchados y quemados y tres tibetanos que saltaban al vacío por una ventana al ser detenidos. Desde la ciudad india de Dharamsala, el Gobierno del Dalai Lama en el exilio cifraba el número de víctimas entre 30 y 80 fallecidos, a los que habría que sumar una treintena de muertos al extenderse la revuelta por otras provincias limítrofes, como Qinghai, Sichuan y Gansu, con abundante población tibetana. Estos datos revelan que nadie sabe lo que está pasando en el Tíbet porque es una zona prohibida para los periodistas extranjeros y en la que los turistas necesitan un permiso especial. En julio de 2006, y a bordo del primer tren que unía Pekín con Lhasa, este corresponsal llegó al Tíbet y pudo moverse libremente pese a tales restricciones. Lo visto allí entonces sirve para explicar lo que ocurre ahora. En Lhasa, una ciudad de 250.000 habitantes a la que cada año llegan 50.000 Sutras y money