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8- 9 D 7 LOS DOMINGOS DE Entre otras medidas, la participación de los propios iraquíes en el control de la violencia- -con unos 90.000 efectivos, pagados por los norteamericanos- -ha reducido la sangría zada en el 2006 por responsables de tribus suníes en la provincia de Anbar precisamente contra la violencia vinculada a Al Qaida. Por su propia iniciativa, los jefes tribales solicitaron permiso a los comandantes de Estados Unidos para crear grupos de auto- defensa. Desde entonces, Anbar ha dejado de ser una de las provincias más violentas de Irak. Y ese modelo ha sido aplicado a otras zonas del norte y centro del país. Este efectivo parche a la decisión inicial de disolver todas las fuerzas militares y seguridad del régimen de Sadam Husein se enfrenta ahora al reto de convencer al gobierno de Irak, controlado por chiíes, para que acepte y pague de su bolsillo estas fuerzas irregulares dominadas por suníes. Mientras el equipo del primer ministro Nouri Maliki teme que esas milicias se transformen en una nueva fuerza militar paralela y fuera de su control, los comandantes americanos consideran que si no se produce una necesaria integración, la violencia volverá a dispararse. Otro factor que ha convertido en más o menos viable la situación en Irak es el papel del clérigo Moqtada al- Sadr que en agosto del 2007 impuso un alto el fuego unilateral a sus milicias conocidas como el Ejército Al Mahdi. El líder chií, a pesar de mantener su oposición a la presencia militar extranjera en Irak, ha renovado esa tregua el mes pasado en un intento de multiplicar su control sobre sus milicias y expulsar a violentos sectores de renegados. Y de hecho, los militares de Estados Unidos ya no consideran al clérigo con aspiraciones de ayatolá como un factor desestabilizador. Con este respiro, y el peligro de una desestabilizadora guerra civil conjurada por el momento, los responsables del Pentágono consideran que la gran asignatura pendiente es un proceso de reconciliación nacional, más allá de estrechos intereses sectarios. El próximo mes de abril, tanto el general Petraeus como el embajador Crocker tendrán que testificar ante el Congreso en Washington, entre presiones de la mayoría demócrata para imponer un calendario de retirada. Se espera que el militar y el diplomático argumenten que la actual estrategia queda más que justificada por los progresos logrados y que una abrupta retirada no haría más que convertir en un paréntesis todo lo que se ha conseguido durante el último año. George Bush durante su discurso conmemorativo de esta semana AP REUTERS pañados con el despliegue de 30.000 efectivos adicionales del Pentágono, para remediar el déficit de varias brigadas adicionales registrado desde la misma caída de Bagdad, tres semanas después de la invasión, y todo el caos posterior. Con esos refuerzos, el contingente de Estados Unidos en Irak ha llegado a alcanzar aproximadamente los 160.000 efectivos. Lo que ha reducido toda la maquinaria militar del Pentágono básicamente a tres partes: los que están en Irak, los que están volviendo a Irak y los que se están preparando para ir a Irak. Si los avances logrados se mantienen, este verano se espera una reducción hasta llegar a los 140.000 soldados. Este esfuerzo militar por parte de Estados Unidos también se ha visto acompañado por la creación de milicias populares pagadas para actuar como grupos de auto- defensa contra Al Qaida, responsable de las mayores atrocidades registradas en Irak desde la invasión a pesar de que la red terrorista liderada por Osama Bin Laden no tuviera ninguna clase de vínculos con el régimen de Sadam Husein, según las conclusio- Manifestación en Washington, el pasado miércoles, contra la guerra AP Promesas para noviembre De cara a las presidenciales de noviembre, y si la delicada situación económica de Estados Unidos no termina por monopolizar el debate político, una de las grandes cuestiones será el futuro de la guerra de Irak. Tanto Hillary Clinton (tan rápido como sea posible) como Barack Obama (en el plazo de 16 meses) insisten en que ordenarán una pronta y acelerada retirada en caso de llegar a la Casa Blanca, dejando solamente un reducido contingente del Pentágono para combatir contra Al Qaida y proteger a funcionarios de Estados Unidos. Con todo el senador por Illinois no deja de reprochar a la ex primera dama el haber votado a favor de la resolución parlamentaria que autorizó al presidente Bush el uso de la fuerza en Irak. En contraste, el candidato republicano John McCain, insiste en que una significativa presencia militar de Estados Unidos en Irak es un necesario compromiso a largo plazo comparable al medio siglo que las tropas del Pentágono llevan desplegadas en Alemania o entre las dos Coreas. Fue uno de los mayores críticos a la gestión inicial de la guerra, pero a su juicio una retirada precipitada sería el equivalente a fijar una fecha de rendición nes de un completo informe publicado este mes por el Departamento de Defensa. En la actualidad, casi 90.000 iraquíes- -algunos con antecedentes como insurgentes- -trabajan en estas tareas de seguridad coordinadas por los militares de Estados Unidos. Un ochenta por ciento de ese contingente estaría formado por suníes y un veinte por ciento, chiíes. Por su trabajo reciben el equivalente a unos doscientos euros al mes y se encuentran desplegados sobre todo en zonas donde las fuerzas regulares del gobierno de Irak no están presentes o son rechazadas por pasados abusos sectarios. Esta táctica tiene su origen en la inesperada revuelta protagoni- La maquinaria del Pentágono