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16 3 08 EL LIBRO PREPUBLICACIÓN Habla Agustina de Aragón En La artillera Ángeles de Irisarri narra la gesta de esas mujeres que se sumaron al levantamiento popular contra Napoleón, unos hechos en los que se fragua la moderna conciencia de España como nación. En el episodio que reproducimos, la heroína recuerda en charla con su hija las pasiones que llevaron a un pueblo a convertirse en protagonista principal de la historia ediada la mañana, Carlota Cobo, hija de Agustina de Aragón, se presentaba en la habitación de su madre, la aireaba, dejaba que se desayunara y, si la Artillera se levantaba, las dos se encaminaban a la salita de la casa, la anciana tambaleante, pues que cada día respiraba con más fatiga, hasta que hubo de permanecer en el lecho, y se sentaban. Al momento, Carlota sacaba el cuaderno y el recado de escribir y decía: -Cuénteme usted, madre. -Te lo he contado mil veces. -Cada vez me lo cuenta diferente. -Me falla la memoria. -Hubiera sido hermoso que el sargento muerto de cuya mano cogió usted el botafuego, hubiera sido su primer marido. -No, era un desconocido. -También que hubiera estado embarazada de su primer hijo, de aquel Juanico. -No, ya había muerto. Era muy lindo, ¿sabes? Como tú y otro tanto que tu hermano... -Deje eso, madre, volvamos a la puerta del Portillo... -Dime, Carlota, ¿se ha escrito algo sobre mí? -Que yo sepa no- -mentía piadosamente la hija porque ya habían sido publicados varios libros de los Sitios de Zaragoza que apenas hablaban de su hazaña- ¿Qué le impulsó a disparar el cañón? -No lo sé. ¿Lo hizo sin pensar? ¿Cómo puede ser, usted no es mujer de prontos? -Mis recuerdos están quedando en una nebulosa... Déjalo... -No, madre, no, voy a escribir su verdadera historia. -Ya no importa... -Claro que importa. A mi marido no le he dicho nada de la novela, a mi padre y a mi hermano tampoco, se reirían de mí, pero usted, ayúdeme. -Han pasado tantos años que ya no sé qué fue verdad y qué falsedad. ¿Y aquellas mujeres, las de la fuente del Portillo? ¿Qué? ¿Iban a buscar agua? M Título: La Artillera Autor: Ángeles de Irisarri Editorial: Suma Páginas: 560 Precio: 20 euros Fecha de publicación: 26 de marzo -Claro. Por cierto, ¿dónde está tu padre? -En Madrid. ¿Sigue con la política? -Sí. -Yo, que soy partidaria de la reina Isabel, casada con un carlista... Ya ves, qué cosas tiene la vida... Menos mal que voy a vivir poco ya. -No piense eso, le quedan muchos años. ¿Quiere volver a la cama? -Sí. -Ea, vamos, pues. -Esta fatiga... -Descanse, madre. ¿Para comer quiere un tazón de caldo y una tortilla francesa? -Una tortilla francesa nunca. -Ah, bromea usted... -Nunca te podrás imaginar lo de Zaragoza... -Cuente, cuénteme usted. -Mañana, mañana. Y al día siguiente: ¿Tan mal lo pasaron en Zaragoza? -No había qué comer, se comió gato y perro... Al principio, había mucha comida y se podía llenar el puchero. ¿Eso fue en el primer sitio o en el segundo? -En los dos. ¿Se repitió todo? -Por supuesto, los franceses vinieron a conquistar la ciudad y nosotros la defendimos... ¿No hubiera sido mejor rendirse? Se hubieran evitado muchas muertes... -La palabra rendición no entraba en nuestro vocabulario. Fue vencer o morir... ¿Para qué? -Para ser libres. ¿Usted ha sido siempre libre, Ángeles de Irisarri, Escritora No había qué comer, se comió gato y perro... La palabra rendición no entraba en nuestro vocabulario. Fue vencer o morir... ¿Para qué? Para ser libres Tuve en la cabeza la idea de la libertad, incluso cuando iba en una cuerda de prisioneros camino de la Francia, en una mula que me dio un buen hombre... madre? -Dentro de lo que cabe sí... Pero hube de atender a mis maridos y a mis hijos, cierto que, desde los episodios de Zaragoza, tuve en la cabeza la idea de la libertad, incluso cuando iba en una cuerda de prisioneros camino de la Francia, en una mula que me dio un buen hombre, Dios se lo pague, porque nunca se lo pude agradecer de lo enferma que estaba, me contagié de la peste... -Madre, vayamos con orden. ¿No quieres que hable? pues déjame. -Ay, es que luego me hago un barullo... ¿Y quieres editar el libro? -Claro. -Acuérdate de que te hable de mi hermana y de un chiquillo que había tontico en Zaragoza... -Madre, no se quita usted lo del ico -En Aragón hablan así y allí pasé los mejores años de mi vida... Y al día siguiente: -Madre, si le parece bien empezamos... ¿No te cansas nunca? -No, he salido tenaz como usted. Mencionó ayer a un chico tonto... -No sé. -Dijo que era de Zaragoza. -Pues no recuerdo. -También me pidió que le recordara a su hermana Quimeta. ¿Se sabe algo de ella? Desde que se fue de Zaragoza no he tenido noticias suyas... Me voy a ir de este mundo con esa pena... -No diga eso, madre. -Sin embargo, recuerdo al chiquillo de la señora Casta que llevaba una casaca amarilla, yo creía que era de soldado francés e hice que su madre se la quitara, pero luego, al cabo del tiempo, caí en la cuenta de que era española, del regimiento de Dragones de Numancia... Ay, la fatiga... Y pasaba un día y dos y tres: -Buenos días, madre... ¿Se encuentra mejor? -Sí, Carlota, las ventosas me han hecho bien. Verás, lo mejor de los Sitios de Zaragoza fueron las mujeres de la fuente del Portillo... -Espere a que me siente y abra el