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16 3 08 CLAVES DE ACTUALIDAD Explotación Chinas en Rumanía (Viene de la página anterior) tro de Bucarest donde la esposa del dictador Ceaucescu, Elena, realizaba sus investigaciones químicas. Uno de los grandes fraudes de la dictadura. Presidente del Bloque Nacional Sindical, Costin se remite a los errores cometidos tanto por el régimen anterior como por los políticos surgidos después. Como consecuencia, sectores enteros (como el agrícola o la metalurgia) entraron en crisis. Añadido a un entorno nada favorable por carencias sanitarias, educativas y de todo tipo, la cancela estaba abierta para la fuga. De una población de 20 millones, 4,7 millones están registrados como trabajadores: 1,6 millones reciben un salario mensual que oscila entre los 150 y los 180 euros. A pesar de trabajar, son pobres comenta Costin, que añade: Para sobrevivir, muchos cultivan un pequeña huerta o hacen chapuzas en el mercado negro Así se explica la aparente paradoja de que con 3,5 millones de rumanos trabajando en el exterior falte mano de obra interna, aparte del secreto de las chinas de Bacau: no sólo han pagado una fuerte suma al intermediario para conseguir el premio de un contrato lejos de casa, sino que aunque cobren 300 o 400 euros las jornadas son muchísimo más lar- Sin los ingresos de los emigrados (en 2006, la contribución al crecimiento económico del país se estimó en un 7 por ciento) Rumanía sería una especie de Bangladesh gas, sin apenas asueto y ningún tipo de protección sindical. La factoría de Bacau es un campo de trabajos forzados sentencia Costin, que muestra el contrato firmado por un turco para una empresa subsidiaria de la norteamericana Bechtel en la que aparte de no figurar ni el salario ni el lugar donde debía trabajar el obrero renunciaba a sus derechos. Rumanía tiene rasgos de la España de los años sesenta: exporta mano de obra. Según Costin, los rumanos en el extranjero enviaron a casa 9.000 millones de euros. La llegada de inmigrantes es todavía muy tenue. Unos 8.000 extranjeros llegaron oficialmente el año pasado, con permiso y contrato de trabajo. Hoy en día exportamos mano de obra. En el capitalismo, la mano de obra es la mercancía que se exporta sobre la base de los principios del mercado. Sin los ingresos de dicha exportación (en 2006, la contribución al crecimiento económico del país se estimó en un 7 por ciento) Rumanía sería una especie de Bangladesh dice Mircea Popa, fino analista político que padeció en su carne la represión del régimen de Ceaucescu y que desde la llegada de la democracia ha probado suerte con varias iniciativas empresariales. Para Popa, resulta obvio que los que optaron por trabajar en el exterior representan el segmento más dinámico de la sociedad y el más cualificado El único sector que tal vez esté sufriendo es el de la construcción Según algunas estimaciones, fuera de Rumanía trabajan unos 200.000 albañiles por salarios que oscilan entre 800 y 1.000 euros al mes. Llama la atención en el centro de Bacau la mole paradójicamente estalinista de la nueva catedral ortodoxa, puro hormigón, que será la más grande de su género del este europeo: sitiada de andamios, ni un albañil se ve en todo el día, y lo mismo ocurre en otros templos ortodoxos a medio hacer de Bacau y Brasov, camino de Bucarest. Todavía no se ven los beneficios del ingreso en la Unión Europea. España supo hacer sus deberes y durante años ha mamado de la teta europea. A los políticos rumanos les ha faltado esa mano izquierda se queja el empresario Vasile Catana, director de Masxam Corp Sau (ex Unión de Explosivos Riotinto) que muestra su inquietud porque empiezan a faltar especialistas La profesora Oana Covaliu, licenciada en filología románica, ironiza sobre la hipótesis de que alguien trabaje de verdad en Rumanía: No estoy segura de si los empresarios rumanos prefieren a empleados asiáticos, pero lo cierto es que los rumanos quieren una vida mejor (y eso no tiene sólo que ver con el salario, sino acabar con la corrupción y las conexiones de las que disfrutan los viejos comunistas, los penosos hospitales y el absurdo sistema educativo) y su lucha diaria para salir adelante. Lo mismo que hacen los asiáticos en sus países. No se trata sólo de dinero, sino de todo un sistema y de una sociedad que debe cambiar Covaliu desconfía de que exista un mundo mejor al que emigrar. El mejor hotel de Bacau, el Moldova, parece un edificio decrépito pese a haber sido levantado en los ochenta. Su aire siniestro, posrealismo socialista con pretensiones, cristaliza en la recepción, donde ante la mirada perpleja del viajero recepcionista y jefa de camareros se enzarzan en ríspida polémica. Parece una escena de Cuatro meses, tres semanas y dos días la desoladora película dirigida por Cristian Mungiu. En torno al hotel, tristísimos casinos fotografían la noche de Bacau. En la Wear, máquinas y chinas, por fin, duermen. La teta europea Mircea Popa, analista y empresario, lee la prensa del día