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8- 9 D 7 LOS DOMINGOS DE La globalización abjura del vacío, parece seguir la física de los vasos comunicantes: si los ecuatorianos emigran a España, muchos puestos vacantes los ocupan peruanos forma que sumarán 800, que se unirán a las 130 chinas, perfectamente integradas Así reza el comunicado enviado desde algún lugar de Italia por Silvia Ferrari, communication manager de Wear Company. Cualquier intento de verificar directamente las condiciones de trabajo de esas perfectamente integradas trabajadoras chinas en las instalaciones de Bacau fueron abortadas de forma sistemática: primero por un cancerbero con capucha que se materializó desde la nada y envió a los curiosos de vuelta a la sede de la empresa en la otra punta de Bacau, en un extremo de la Avenida de la República. Allí, como ante la jefa de relaciones públicas por teléfono, todos los intentos de conseguir un salvoconducto para visitar la Wear se dieron de bruces con un frontón de pretextos. De nada sirvió tampoco apostarse a la puerta de la factoría entre cuervos, chatarreros que hacían la ronda, una partida de empresarios que buscaban terrenos para instalar una nueva fábrica... Mientras de otras empresas cercanas salían los obreros al cumplir la jornada laboral, nadie abandonaba el perímetro de la Wear, silencioso, opaco, impenetrable. La perfecta integración se vio desmentida el año pasado, cuando las chinas que raramente abandonan la fábrica (muchos vecinos de Bacau, como el taxista Giorgio, jamás han visto una) se declararon en huelga para reclamar un aumento de sus exiguos salarios y una mejoraría de la comida y sus condiciones de vida. Lo recogió la BBC. Sorin Nicolaescu, director general de la empresa, se negó a la subida salarial que reclamaban sus empleadas venidas de Oriente. El salario mínimo rumano es de 150 euros. Las empleadas exigían que se les duplicaran los 224 euros mensuales y llegaran a los 449. Si hiciera eso provocaría la quiebra de la compañía Nicolaescu aseguró que pagaba 288 euros mensuales (sin descontar los impuestos) pero se ofreció a hacerse cargo de los 5.000 dólares (3.210 euros) que al parecer cada empleada había pagado a la empresa intermediaria que se encargó del reclutamiento en la lejana Fujian. Todo tiene explicación. El despacho de Dumitru Costin está en el cuarto piso del edificio del cen (Pasa a la página siguiente) La perfecta integración