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16 3 08 EN PORTADA Un nazareno de la Hermandad del Baratillo, tras salir de una capilla anexa a la plaza de toros, se confiesa antes de hacer estación de penitencia en la tarde del Miércoles Santo Semana Santa La fe del pueblo TEXTO Y FOTOS: LUIS DE VEGA o se ha inventado todavía la escala con la que medir el terremoto que sacude cada año a la ciudad de Sevilla por Semana Santa. Ese temblor a ritmo de sahumerio que supone la Pasión según los hispalenses, y que tantos sabios y especialistas han explicado de manera prodigiosa, aunque cualquier intento por abarcarla acabe rozando la injusta simplificación. Sólo si se vive y se pierde uno repetidamente, una y otra vez, entre las calles y gentes de la ciudad se puede llegar a desarrollar ese sexto sentido necesario para tener una noción aproximada de lo que se cuece desde hoy hasta el Domingo de Resurrección. Con los años uno llegará a comprender los excesos y la mesura que dan forma a esta fiesta, que va más allá- -mucho más allá- -del ritual religioso. Aunque sin el fervor de la Pasión y sin el diapasón de la tradición católica, la celebra- N ción se quedaría en nada. Hay que comprender que éstos son los excesos de una Semana Santa en la que se muestra en su esplendor la fe del pueblo, tan arrebatadora y socializada que a ella se unen incluso los que flaquean en su fe. En la que participan devotos, creyentes, tibios e incluso laicos, fervorosos a su manera. Convertidos, como toda la ciudad, a una fe popular e invencible. Que no se decepcionen los recién llegados si no logran hueco en primera fila o si se atascan en pleno casco histórico donde hoy, con nueve procesiones si el tiempo no lo impide, será hora punta desde por la mañana hasta entrada la madrugada del Lunes Santo. Verán a los sevillanos lucir sus mejores galas, cada uno arreglado a su manera. Si alguno de ellos les acompaña de cicerone, Apenas son cuatro las hermandades que aún no permiten participar a las mujeres en la procesión de manera oficial, aunque alguna se cuela, oculta tras su capirote