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18- 19 D 7 LOS DOMINGOS DE España cuenta hoy con uno de los Ejércitos más profesionales de Europa. En la imagen, maniobras militares en Cerro Muriano Las terribles palabras de uno de los héroes de aquellas horas decisivas, el almirante William F. Halsey hijo- no sé qué nos produce más placer, si ahogar a los japoneses o quemarlos -nos resultarían hoy inaceptables en los principios de cualquier Ejército de una democracia. Cuando en 1935 Jean Giraudoux, con las heridas aún no cerradas de la Primera Guerra Mundial, escribe La guerra de Troya no tendrá lugar apela a un sentimiento que en el siglo XXI ha germinado con fuerza Albert Camus, implicado en la lucha encubierta contra los nazis escribió de forma pedagógica en el diario Combat, después de la guerra, para combatir con la pluma la espiral de odio y violencia que reflejó de forma admirable en artículos como el de Ni víctimas ni verdugos En el escenario formidable de la batalla del golfo de Leyte se enfrentaban junto a buques, cañones y hombres dos conceptos de guerreros. La identidad forjada por los gobiernos militaristas de Japón rendía culto a la muerte; la democracia estadounidense nunca lo hizo. El historiador Willmott reflejó ese choque de culturas señalando de forma acertada cómo el soldado de las canciones bélicas estadounidenses volvía a casa después de servir en el frente; el de las japonesas se despedía de su familia para ir a morir en el campo de batalla. Para el general Patton la labor de un soldado o un marino estadounidense no era morir por su patria, sino hacer que el enemigo muriera por la suya. Definitivamente, la hoguera de la II Guerra Mundial se apagó el día en que cayó el Muro de Berlín contra el que Juan Pablo II clamó. Fue el comienzo del mayor proceso pacífico de reunificación pacífica en la historia de Europa desde el Atlántico a los Urales. Ni el genio político de Maquiavelo ni el militar de Napoleón hubieran imaginado que tal empresa hubiera podido realizarse sin acumular cuerpos de ejército para movilizarlos en vastas campañas militares. ¿Cuál es el papel hoy de las fuerzas armadas? ¿Dónde radican sus fortalezas? Excepto el caso de Turquía, el mayor ejército no profesional en su totalidad de la OTAN, las sociedades de la Alianza Atlántica, entre las que España ocupa posición de avanzada, han convertido sus Fuerzas Armadas en uno de los pilares de la sociedad civil. Los ejércitos asumen sus misiones precisas en casos de conflicto extremo pero su perfil más importante es el de sus labores en momentos de quiebra, fragilidad y pánico de la sociedad civil. La cara de las fuerzas armadas ya no es la de angustia heroica en días y noches de combate en el golfo de Leyte. Y tampoco su rostro es el de la guerra de Irak. Su nueva brújula busca el perfil de las labores intensas de reconstrucción de puentes en Afganistán, los hospitales de campaña ante lacras y epidemias, o el de las masivas intervenciones ante inundaciones y pavorosos incendios En esas misiones de ayuda y solidaridad es donde cayeron en este siglo los nuevos héroes. RAFA ALCAIDE Miguel Blesa de la Parra Presidente de Caja Madrid Muchos han sido los cambios experimentados en la sociedad española en los últimos treinta años y muchas también las transformaciones que se han operado en las instituciones que conforman el cuerpo fundamental de la estructura del Estado. Desde el punto de vista formal, esas transformacio- La apertura de los militares al mundo les hizo comprender que la mejor manera de defender a España es a través de la seguridad compartida J. Solana La cara de las Fuerzas Armadas ya no es la de la angustia heroica en días y noches de combate... Su brújula hoy busca el perfil de las labores de reconstrucción E. de Ybarra nes han consistido en adaptar las estructuras particulares a la nueva y gran estructura del Estado democrático definido en nuestra Constitución, lo que ha requerido, además de una intensa actividad legislativa para crear nuevas instituciones o modificar las existentes, una continuada práctica que ha ido modelando el discurrir de las actividades de cada una de ellas. Pero las grandes transformaciones exigen mucho más que cambios formales: reclaman genuina interiorización de esos cambios, asunción de elementos programáticos diferentes, asimilación de hábitos nuevos, reformulación de enfoques superados. Ese contenido inmaterial es el que requiere muchas veces de más tiempo y de más esfuerzo para lograr que arraiguen los cambios realmente trascendentales en una sociedad. En ambos aspectos, el formal y el sustantivo, las Fuerzas Armadas de España se han transformado con pasos de gigante. En treinta años, un período de tiempo en términos históricos muy breve, el legislador ha desmantelado muchos de los esencialismos aparentemente inamovibles de las Fuerzas Armadas y éstas no sólo han aceptado todo el complejo legislativo sobrevenido, sino que han hecho suyos los cambios con honrada naturalidad.