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9 3 08 CLAVES DE ACTUALIDAD La madre Ana, archivera de Huelgas, muestra el Codex Musical, único manuscrito polifónico medieval que siete siglos después se conserva en el mismo lugar y por la misma orden Las Huelgas Seductora EM Margarita González Cristóbal, directora del Archivo General de Palacio, del que dependen todos los archivos de la Corte, no deja de sorprenderse de la fabulosa atracción de la Edad Media española sobre investigadores nacionales y extranjeros. Una americana ha trabajado meses en Huelgas interesada en los monasterios femeninos y en el último congreso de Sepúlveda sobre los fueros ha sido impactante la presencia de estudiosos rusos con cátedras de Historia Medieval de España, insaciables buscadores de documentación. Por eso es tan necesaria la microfilmación y digitalización de los fondos de Huelgas, emporio medieval por excelencia, que los hará, previa restauración de papel y pergamino, más accesibles Tecno en clausura Junto a los dormitorios de las 30 monjas de Las Huelgas vive un archivo crucial de la historia de España. Es la Edad Media rediviva en legajos y manuscritos que van a digitalizar para protegerlos y estudiarlos sin violar la clausura que los mima desde hace mil años. D 7 cruzó su umbral POR VIRGINIA RÓDENAS FOTOS: FÉLIX ORDÓÑEZ uelgas fue el centro neurálgico de la Corona, fabuloso núcleo de poder, gobernado exclusivamente por audaces mujeres del medievo. Y lo fue, sobre todas las cosas, por el empeño de otra gran señora: Leonor de Plantagenet, reina y esposa de Alfonso VIII, madre de reyes y hermana de Ricardo Cora- H zón de León y Juan Sin Tierra, que quiso fundar, con su consorte, este monasterio cisterciense en aquella llanura de huertas y prados- -donde las gentes del lugar iban para holgar- amén de para ser tumba real, para que las mujeres pudieran disponer del mismo grado de mando y responsabilidad que los hombres, ya que no extra muros, al menos en la vida cenobí- tica. Era Castilla y corría 1187. Con ello, su propia hija, Constanza, como segunda abadesa que fue, era dueña de un señorío material- -54 villas, tierras, molinos y todo tipo de exenciones- y jurídico- -dirigía y vigilaba las leyes civiles y criminales, podía nombrar alcaldes y abadesas de otros monasterios- y disfrutaba de tal autonomía espiritual que sólo debía rendir cuentas al Papa; y aunque no podía confesar, ni decir misa ni predicar, era ella quien daba las licencias para que los sacerdotes hicieran esos trabajos. Y así ocurrió con estas superioras del Cister hasta la segunda mitad del siglo XIX, en que un hombre, el Papa Pio IX, aniquiló esos privilegios de un plumazo. Por eso, cuando ahora cruzamos la puerta de la clausura, en vísperas del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, nos sale al paso el guiño de la historia mientras somos testigos de que el único poder que se atisba hoy tras estos muros milenarios es el del espíritu, y la exigua riqueza terrenal, la de un salario de lavanderas, alfareras o artesanas. La única rebelión: la tozuda voluntad de la madre Ana, archivera de Huelgas, que a sus muchos años y contra to-