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9 3 08 EN PORTADA Tirofijo El patriarca pistolero (Viene de la página anterior) bla el líder de las FARC es de su abuelo, combatiente de varias guerras y su maestro de táctica militar. Según le contó a Arturo Alape, en su libro Las vidas de Tirofijo de su abuelo Marulanda aprendió que al hombre hay que mirarlo y medirlo como se mide y se mira la montaña: de cuerpo entero También supo que un hombre defiende su vida y no la vida de otro hombre Esa vida, que él recuerda plácida, cambió en 1948 cuando estalló la guerra entre los partidos Liberal y Conservador, en el periodo conocido como La Violencia que se saldó con 300.000 muertos. Por entonces Tirofijo de fami- lia liberal, escapó a las montañas con 14 primos y conoció su primera guerra. Después, en vindicación de su ideología marxista, cambió su nombre por el de Manuel Marulanda Vélez, en homenaje a un líder sindical torturado y muerto en 1950. En 1940 fue la última vez que Tirofijo fue a un cine a ver una película sobre la Segunda Guerra Mundial. El resto de su vida lo ha pasado en la selva. En 1964 cofundó las FARC junto con Jacobo Arenas, una guerrilla marxista- leninista que arrancó peleando por la distribución de tierras y una reforma agraria. Él dice que es marxista pero de eso no entiende nada diría Alfredo Molano, sociólogo colombiano que varias ve- Rebeldes de las FARC se apoderan de un camión de Televisión EPA ces ha entrevistado a Marulanda. Es un campesino. Puedo decir que Marulanda no conoce el mar Pese a su limitada educación, nadie como él sabe de guerra. Su biblioteca personal es una de las más completas en asuntos bélicos, especialmente en ejércitos colombianos. He estudiado todos los libros militares que hay en este país le dijo a Alape. Lo conozco todo sobre armas, inteligencia y combate... Si usted no conoce al enemigo, no puede pelear Su conocimiento dio resultados. Marulanda se volvió legendario en este país en oler el peligro y escapar cuando ha tenido las tropas en sus talones. Ha sobrevivido a centenares de atentados. Me han matado 1.200 veces afirmó. Se confiesa convencido de alcanzar la paz por la vía política Incluso en una tregua, llegó a oficiar de inspector de carreteras. En 1984 se firmó un cese al fuego y, producto de los acuerdos, nació el partido Unión Patriótica que fue arrasado a sangre y fuego. En 1992 volvieron las negociaciones, pero fracasaron. En 1998, el gobierno de Pastrana autorizó una zona desmilitarizada de 42.000 kilómetros cuadrados para negociar la paz, pero tampoco fue posible. El diálogo acabó en febrero de 2002 con el secuestro de Ingrid Betancourt secuestrada. Desde entonces no se le ha vuelto a ver. Algunos especulan que abandonó las montañas antes de morir. Arenas, el cofundador de las FARC, murió de un ataque cardiaco en 1990. Y en 1998, a Manuel Pérez, ex sacerdote español de 62 años que fundó el ELN, segunda guerrilla del país, lo mató una hepatitis. Si sigue la tradición, Marulanda moriría de viejo más que de balas. GUERRILLERO DEL REALISMO MÁGICO El autor tuvo la ocasión de hablar varias veces cara a cara con Marulanda para intentar convencerle de que dejara las armas. Éste es su recuerdo del pistolero CAMILO GÓMEZ ALTO COMISIONADO COLOMBIANO PARA LA PAZ 2000- 2002 anuel Marulanda, Tirofijo es toda una leyenda. Lleva más de 40 años metido en la selva colombiana, odiado por todo el país, huyendo de la persecución del Ejército, tratando de mantener una guerrilla escasa de ideas y unida bajo su mando. Hablar cara a cara con el jefe guerrillero más antiguo del mundo para convencerlo de que dejara las armas no es tarea fácil. Lo vi por primera vez en 1999 en las selvas del sur. Su saludo a la manera campesina se repetiría en los tres siguientes años en un sinnúmero de conversaciones, en las que se mezclaban las discusiones sobre la paz con la actualidad política, las historias de su juventud con la na- M rración de episodios de nuestra historia vividos y contados desde la orilla de este viejo guerrillero. En las reuniones, casi siempre en algún claro de la selva, creó la costumbre de contar primero viejas historias, muchas de ellas sólo dignas del realismo mágico de nuestro país, para luego abarcar los temas de la negociación. Sin ocultar su origen campesino y un bajo nivel de estudios, hablaba de todos los temas políticos con fluidez y pasión. Sagaz y agudo en los comentarios, ágil en su pensamiento y mordaz en sus comentarios. Desconfiado como el que más, pero predecible: podía saber su estado de ánimo y su intención en las discusiones gracias a los símbolos que repetía con frecuencia. Su vestimenta variaba entre el uniforme camuflado y las camisas de cuadros y manga larga, pero siempre con su pistola al cinto, la famosa toalla en su hombro y un peine viejo en el bolsillo de la camisa. Su horario campesino hacía que las citas fueran muy temprano, jamás una reunión se prolongó más allá de las 4 de la tarde. Nunca se supo dónde dormía, pero contaba que casi todas las noches lo hacía en un sitio diferente y solo con sus guerrilleros de confianza. Alguna vez le pregunte por qué salía tan temprano, y sonriente contestó que en la noche era peligroso andar por las carreteras porque de pronto aparecía la guerrilla. Los más feroces guerrilleros jamás hablaban sin su autorización. Nadie solía contradecirlo. Y tal vez por eso, confrontarlo en los temas más álgidos, debatir sus posiciones y hablarle sin rodeos fue lo que generó mayores oportunidades de negociación. Tirofijo dedicó muchas horas a las conversaciones y tuvo la oportunidad de pasar a la historia como el guerrillero que hizo la paz y como el político que siempre quiso ser. Pero la guerrilla prefirió seguir en su lucha vacía y solo será recordado como el guerrillero más odiado de Colombia.