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2 3 08 VIAJES Natal Las arenas más finas de América Sus limpias aguas, su aire transparente, sus vivas y finísimas arenas y su genuino sosiego convierten a este lugar en uno de los preferidos por los brasileños para pasar unas vacaciones en familia TEXTO Y FOTOS: FRANCISCO LÓPEZ SEIVANE ituado en el calcañar de Brasil, en el punto más próximo a África- ¡y a España! -del continente americano, Natal goza del aire más puro de las Américas- -NASA dixit- del mayor número de días de sol al año, de las aguas más limpias y templadas del hemisferio y de las playas más extensas que uno pueda imaginarse. Muy cerca de allí, en Touros, se firmó el tratado que marcó el nacimiento de Brasil, apadrinado por el navegante Américo Vespucio, quien, antes de dar nombre a todo el continente, ya había presenciado estupefacto cómo las mujeres potiguares celebraban un banquete antropofágico. Poco más tarde, Felipe II, Rey de España y Portugal- -entre otros- -tras expulsar a los franceses, mandaría construir una fortificación en forma de estrella en la boca del río Potangí. Defendida por esa fortaleza, Natal fue crecien- S do sobre un lecho de arena. Por alguna razón misteriosa, el mar y el viento han convertido la prominente geografía del estado de Río Grande del Norte en un espectacular depósito de arenas finas y blancas, que se adunan y mueven como algo vivo y palpitante. El litoral potiguar es un hermoso desierto, cubierto sólo parcialmente por la lujuria de la selva, que se entrega desnudo al Atlántico, a veces extendiéndose en playas interminables, otras, cayendo dramáticamente al agua, como en Genipabú, a duna que beija o mar En medio de ese litoral, junto a la desembocadura del río Potangí, se alza Natal, capital del estado y centro neurálgico de una región turística de imparable crecimiento. Natal no posee grandes edificios coloniales, ni un patrimonio artístico digno de mención, pero las formidables arenas de su Vía Costeira, extendiéndose ininterrumpidamente desde la Playa de los Artistas hasta Punta Negra, diez kilómetros más allá, atraen a miles de turistas (con sus familias) que pueden disfrutar en cualquier época del año del clima más benigno, el mar más limpio y templado y las arenas