Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
6- 7 D 7 LOS DOMINGOS DE El clan de San Petersburgo R. MAÑUECO El clan familiar y, en un sentido más amplio, el paisanaje jugó siempre en la política rusa un papel destacado. Leonid Brézhnev se rodeó de colaboradores procedentes de su ciudad natal, Dnepropetrovsk, Gorbachov lo hizo con gente de Stávropol, Yeltsin llenó el Kremlin de sus antiguos camaradas de Svérdlovsk, actual Ekaterimburgo. Y no tuvo reparos en que su hija, Tatiana, moviera los hilos de la tramoya del Kremlin. El círculo de allegados creado por ella era conocido como la familia y ese mismo nombre conserva hoy el grupo de personas que accedieron al poder o a los negocios de la mano de Yeltsin. Hoy, y desde hace ya ocho años, el grupo más poderoso de la elite rusa es el llamado clan de San Petersburgo la antigua ciudad imperial rusa y ciudad natal de Vladímir Putin. Y parece que lo va a seguir siendo durante mucho tiempo. Oriundos de San Petersburgo son la mayoría de los altos responsables de la Administración del Kremlin, el primer ministro ruso, Víctor Zubkov, los titulares de las principales carteras, los presidentes de las dos Cámaras del Parlamento, Borís Grizlov y Serguéi Mirónov. También los directores del gigante energético ruso Gazprom, Alexéi Miller, y de la pujante petrolera Rosneft, Serguéi Bogdánchikov. Todos ellos proceden, no sólo de San Petersburgo, sino de alguno de los tres núcleos que han sido la cantera de cuadros de Putin: la Facultad de Derecho de la Universidad de la ciudad norteña (LGU) el llamado Comité de Relaciones Exteriores del Ayuntamiento y los servicios secretos. Todo comenzó en la Facultad de Derecho de la Universidad de San Petersburgo, donde el reformista liberal Anatoli Sobchak impartió clases a Putin y, más tarde, a Dmitri Medvédev, el candidato con más posibilidades en las elecciones presidenciales de hoy en Rusia. Sobchak, fallecido en 2000, utilizó el centro docente como plataforma para convertirse en alcalde de la ciudad. Una vez ganadas las elecciones, puso a Putin al frente del Comité de Relaciones Exteriores del Ayuntamiento. Medvédev, que terminó doctorándose en la misma cátedra que Sobchak, se incorporó también al consistorio en calidad de ayudante de Putin. El hombre que sirvió de puente para que al final todos desembarcaran en Moscú fue Anatoli Chubáis, hombre clave en el Gobierno de Yeltsin, artífice de las caóticas privatizaciones de los años 90 y actual presidente de Sistemas Eléctricos de Rusia (EES) la principal empresa de electricidad del país. Chubáis, que también hizo toda su carrera en San Petersburgo, se llevó a Putin a la capital rusa en 1996 para trabajar en el Kremlin. Al año siguiente, Putin era ya jefe de la Administración del Kremlin, en 1998 director de los servicios secretos, en 1999 primer ministro y en 2000 presidente. Sede del gigantesco consorcio Gazprom en Moscú almacenamiento, transporte y distribución de gas y, en menor cantidad, petróleo. Posee acciones de otras muchas firmas rusas y extranjeras, fundamentalmente en el sector de la energía, aunque también en el bancario canalizado por Gazprombank. REUTERS Gazprom- Media agrupa seis emisoras de radio, tres canales de televisión, tres periódicos y cinco revistas. El grupo energético posee además una red de inmobiliarias. Emplea a 390.000 personas y su red de gasoductos es la mayor del mundo, más de medio millón de kilómetros. Gazprom exporta gas a 32 países, europeos en su mayoría, pero pronto se incorporarán también EE. UU. Japón y China. El gas ruso es poco probable que llegue a corto plazo a España a través de tuberías, pero sí licuado a bordo de cargueros. Sus ansias de expansión ha llevado al holding a desarrollar proyectos en países como India, Vietnam y Venezuela. Gazprom, con toda su esencial dimensión política, es la empresa número cuatro del planeta, la tercera entre las energéticas, sólo por detrás de Exxon Mobil y Petro China, y la primera entre las dedicadas al gas. Su aspiración, según admite Kupriánov, es hacerse con el 80 del suministro de gas a Europa y lograrlo sin intermediarios Pero el gran imperio energético arrastra una aureola de corporación corrupta, negligente e incumplidora que, pese a los esfuerzos de Putin, no ha podido sacudirse. Kevin Rosner, un experto en seguridad energética, participante en programas de cooperación con Rusia y Azerbaiyán, cree que el ancestro de Gazprom, el antiguo Ministerio soviético de la Industria del Gas, tiene la culpa de que la actual corporación sea una empresa fuertemente centralizada y opaca en su fun- cionamiento Cuando la dirección de Gazprom está constituida por una nomenklatura más preocupada por el poder político que la energía proporciona que por el beneficio económico que debería reportar al país y a sus ciudadanos, el resultado termina siendo la mala gestión y la incompetencia asegura Rosner. Según su punto de vista, para ser eficaz, Gazprom necesita liberarse de la estructura monolítica que la atenaza y de su supeditación al Gobierno ruso. Alexéi Miller, director general de Gazprom, sin embargo, cree que las compañías estatales o que gozan del respaldo del Estado tienen ventajas significativas para alcanzar posiciones dominantes en los mercados internacionales Los europeos que más saben de Gazprom son los alemanes- -hace tiempo que el gas ruso calienta sus hogares- -y las opiniones que tienen de él son de lo más variadas y contrapuestas. Algunos llaman al holding ruso der nimmersatte gigant (gigante insaciable) Pero quien desde luego no puede quejarse es el ex- canciller Gerhard Schröder, a quien Putin puso al frente del Consejo de Administración del Gasoducto de Europa del Norte (NEGP) con una asignación de casi 20.000 euros al mes.