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D 7 24 2 08 Tocó diversos palos (Periodismo, Económicas... antes de recalar en el ámbito audiovisual, especialmente en Estados Unidos. Su primera película Óscar. Una pasión surrealista sobre la vida del pintor de origen canario Óscar Domínguez, llega avalada por un altísimo presupuesto, insólito por estas latitudes, y un potente reparto: Joaquim de Almeida, Victoria Abril, Emma Suárez, Jorge Perugorría, Jack Taylor... El canario Lucas Fernández, una nueva voz en el cine español, insiste en revisar modos y maneras para crear y conquistar GUTIERREZ Y DE LA FUENTE 32 D 7 LOS DOMINGOS DE Lucas Fernández DIRECTOR Y GUIONISTA ISABEL GUTIÉRREZ- -Usted, un director primerizo, nos presenta, con gran repercusión mediática, a una casi desconocida aunque sobresaliente figura del surrealismo: el pintor Óscar Domínguez. ¿Por qué? -Conocí a Óscar Domínguez hace pocos años, y de una manera casual: durante unas conferencias sobre el Surrealismo. Ahí surgió el nombre de alguien que nunca abandonó ese arte, que lo llevó hasta sus últimas consecuencias. Nació en Tenerife, pero en 1936 salió de esa islita y se plantó en París. Y se zambulló en la vorágine bohemia de la época, junto a André Breton, Paul Éluard, Man Ray... Un chico sin formación, un autodidacta. A eso hay que sumar una vida caótica y autodestructiva, con una tendencia a amar y romper todo lo que amaba. Pensé que la suya era una vida de película. -De nuevo, el malditismo del creador. ¿El sufrimiento le hace más atractivo? -Hay una máxima que dice que no existe arte sin sufrimiento, sin drama. En el caso de Óscar Domínguez fue más allá: no hay arte sin destrucción, sin caos. -El proceso de creación de su película ha sido peculiar: empezó paseándose por productoras españolas sin recibir una respuesta positiva y acabó consiguiendo financiación, y mucha, en Estados Unidos... -Cuando presenté a las productoras españolas mi proyecto, la pregunta común era: ¿Y esto no lo puedes hacer más barato? En aquella época el presupuesto era de 5 millones de euros y al final lo hemos cerrado con 6,5 millones. Presumo de que el hecho de trabajar con una productora norteamericana me ha permitido, por ejemplo, recrear la ocupación de París en el centro de Praga con casi 3.000 extras, con carros de combate, tanques, asesores militares... Para una sola secuencia. Aquí eso ni me lo planteo. -Parecería un poco marciano pidiendo lo imposible. El público no responde al mensaje político de ver cine español fui como un productor que quería vender una película, sino como alguien que sólo quería hacer su película porque merecía la pena. Propuse darles todos los derechos en cine, televisión, DVD, cable... Y de manera indefinida. -Además de la estética, hay ciertos títulos españoles con una planteamiento promocional muy a la americana como Los crímenes de Oxford El orfanato ¿Existe un cambio de mentalidad? -Soy un gran desconocedor de la industria cinematográfica de este país, pero de lo poco que sé entiendo que hay que cambiar muchas cosas y abrir este mercado. Si este mercado se convierte en un producto endogámico, está condenado a la extinción. -Así que la superprotección es peligrosa... -Yo creo que hay que buscar la coproducción, que es buena porque hace que tu producto se haga en España y se vea fuera. Además, está la posibilidad de trabajar con unos recursos económicos que no giran en torno a las subvenciones. Se trata de internacionalizar y no podemos perder ese tren. ¿Y cómo se hace cuando se vive contra el coco americano? -Yo creo que el espectador funciona bajo estímulos visuales. El público no responde al mensaje político de que hay que ver cine español, así que habrá que adaptarse a otros mensajes. El cine americano sabe vender muy bien lo que hace. El orfanato no tiene el look de una película española ni Los crímenes de Oxford ni El laberinto del fauno ¿Eso es una virtud? -No es malo. Hay que adaptarse a lo que pide el público. Si para que vaya a las salas necesita ciertos estímulos, hay que dárselos. ¿Es un error el cine como bandera política? -El cine americano tiene muchas cosas malas y algunas buenas: es una industria sin color político. Su único carnet se llama dólar y hasta que el cine español no asuma como carnet el euro y no la política, no será competitivo. Con propia denominación Sólo hay un Almodóvar y un Amenábar. Han construido su propia marca y hagan lo que hagan, siempre serán ellos mismos. En el exterior la suya es una marca brillante y genial. Eso supone muchas películas, mucho sufrimiento, muchos años de trabajo. Creo que Juan Carlos Fresnadillo y Álex de la Iglesia van por el mismo camino CHEMA BARROSO -Entiendo que me miraran raro. ¿Qué cree que pensaron de alguien que necesitaba 5 millones para su primera película? -Pues que ese chico tiene las cosas claras, pero vive levitando a dos metros del suelo. Todo eso me empujó a ir directamente a Los Ángeles. El dinero está allí. ¿Y por qué les convencí? porque no