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30- 31 D 7 LOS DOMINGOS DE ROSA BELMONTE Expediente Ñ A veces no hacen oficinas quieren salvar una taberna londinense de la demolición (lo raro es que quisieran salvar una biblioteca) Por otro lado, y en otro continente, devotos de Los Carpenter han montado una campaña para que los dueños de la casa en la que vivieron los hermanos (la de la portada del disco Now Then no la echen abajo. La casa de Downey, a 24 kilómetros del centro de Los Ángeles, y donde la pionera anoréxica Karen Carpenter tuvo el paro cardíaco antes de morir, se ha convertido en un pequeño Graceland, lo que debe de ser inaguantable si vives ahí. Hay gente que salva focas y hay gente que salva edificios. Los artistas y las celebridades no sólo utilizan sus nombres para apoyar a políticos, también encabezan cruzadas para salvar piedras. El violinista Isaac Stern consiguió que no se tirara el Carnegie Hall. A finales de los años 50, la ciudad de Nueva York proyectaba la construcción del Lincoln Center, lo que implicaba la destrucción del viejo Metropolitan y de la sala de conciertos. Ambos con mágicas acústicas. El Carnegie consiguió librarse de la pala gracias al grupo que Stern formó en 1960 y detrás del que estaba el músico Leonard Altman, nombre asimismo vinculado al intento fallido de salvar el Metropolitan Opera House original. A veces sale y a veces no sale. El primer y mítico Metropolitan (por una vez algo que merece el adjetivo) estaba al sur de Times Square, entre la 39 y la 40. Tenía una magnífica acústica y un problema gordo: no había espacio para guardar los decorados (había que utilizar un almacén cercano) ni para ensayar, ni para sustituir los diminutos camerinos. Eso lo contaba muy bien la gran Victoria de los Ánge- K ate Moss y Amy Winehouse Ana García Siñeriz: ha dicho adiós a Cuatro, tras suspenderse el programa que presentaba desde Barcelona pezó el mosqueo. Al final parece ser que ni una cosa ni la otra y de ahí que el suma y sigue de los descubrimientos que fue haciendo acabara con una relación que nunca fue del todo clara y que ahora promete dar más capítulos en esta ruptura. Ana no quiere hablar, Darek por primera vez intenta caer bien a los reporteros y por los platós más nocturnos de la televisión aparecen personajes que hablan y no callan sobre la supuesta doble vida del bello polaco y sus conquistas con señoras de cierta edad. Mucho más tranquilo fue el estreno de la película en Madrid Óscar. Una pasión surrealista del director canario Lucas Fernández con Victoria Abril, Emma Suárez, Joaquím de Almeida y Jorge Perugorría en el reparto. A decir de los invitados al estreno la película gustó dada la ovación del público y los comentarios que luego se hicieron en la copa posterior. La única que faltó fue Victoria Abril que ese día ya se encontraba en México rodando la próxima película de Agustín Díaz Yanes, Sólo quiero caminar En el filme de Fernández, una de las escenas más comentadas fue la que prota- ABC gonizan Emma y Victoria cuando se dan un apasionado beso que desde luego no tuvo nada que ver con la realidad. En eso se nota que son unas actrices de primera. Tras verlas en la pantalla nadie diría que entre ellas hubo tanta tensión en el rodaje. Triste es como se fue de España el actor Antonio Banderas después de enterrar a su padre. Triste por su muerte pero contento por haber estado a su lado durante sus últimas semanas de vida. Banderas paró todo cuando supo de la gravedad y decidió reunir a su familia en su casa de Marbella para es juntos atendiendo a su padre. Hoy ha retomado sus compromisos y lo último que llega es su imagen como modelo de la firma Police de gafas cuyo lema habla del sueño americano. De eso sabe un rato. Y si hablamos de imágenes, Ana García Siñeriz está muy contenta con la eterna firma Escorpión, que ha renovado su estilo. Ana ha hecho las maletas para retornar a Madrid desde Barcelona, a la que se había trasladado para presentar el programa de la Cuatro, Channel 4 con Boris Izaguirre. Por cierto, también ha decidido abandonar la cadena. Días tristes de Banderas Pasiones surrealistas les en las conversaciones que mantuvo con Jaume Comellas Memorias de viva voz Ediciones Península) Pocas voces ha habido tan autorizadas para hablar del teatro neoyorquino como ella. Fue el escenario donde más representaciones de ópera cantó. Ni Viena ni Milán, Nueva York. Según María Callas, Victoria era la única rosa en el estercolero del Metropolitan (la afirmación, además de ser cierta, es de la época en que la Callas y Rudolf Bing, el mandamás del Met, eran Pica y Rasca) Recordaba Victoria lo de los almacenes pero también la pena que le dio la desaparición del teatro y lo horrible del sonido en el Lincoln Center: No me gusta. La acústica es muy mala para el público. Nunca he cantado pero escuché Evgeni Onegin y me pareció una acústica... Y no tiene el ambiente del antiguo; el otro tenía el valor de Por aquí ha pasado este y este O te lo imaginas. Caruso y la Melba También recordaba que el Carnegie se había librado gracias a la campaña de Stern. El Met fue demolido en 1967 y en su lugar se construyó un simplón rascacielos sin ninguna distinción. Hicieron oficinas decía Victoria. De nada sirvió en este caso el comité ciudadano liderado por Altman y que integraba a gente como Leopold Stokowski, Marian Anderson o Tony Randall (quizá Doris Day y Rock Hudson habrían tenido más peso en la causa) Pero hay otro edificio de Nueva York (mi sitio de interior favorito de la ciudad junto al vestíbulo art déco del Empire State Building) que sí sobrevivió: la Estación Central, la Grand Central Terminal. La lideresa de este proyecto fue Jacqueline Kennedy, que siendo primera dama ya había salvado el entorno de Lafayette Square, enfrente de la Casa Blanca y lleno de pequeñas e históricas construcciones. Jacqueline Kennedy, en defensa de la Grand Central Terminal, pronunció un emotivo discurso que nada tiene que envidiar a los de su primer marido, un discurso que apelaba al pasado de su país y cargaba contra un mundo uniforme de acero y cristal. La ciudad de Nueva York pleiteó contra Penn Central Transportation Co. y la corte le dio la razón en 1978. La Estación Central sigue ahí, en la calle 42, casi enterrada entre mastodontes de acero y cristal. Entras y poco tiempo después puedes acabar en un sitio tan fascinante como Poughkeepsie. Y encima piensas, como Victoria con el viejo Metropolitan, lo de por aquí ha pasado este o este. Cary Grant, de incógnito, perseguido, sacándose un billete de tren en Con la muerte en los talones La ONU era falsa. La estación, no.