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24- 25 D 7 LOS DOMINGOS DE Así es el toque del tambor en Moratalla: individualista y anárquico. Sus tambores siguen siendo fabricados artesanalmente con pieles de cabra y oveja Otros tambores, como los turolenses, son pequeños e industriales, hechos con plástico, y al ser tocados vomitan sonido metálico. La marea de colores digna del mejor carnaval también sorprende. Cada localidad tiene un traje específico que lo diferencia de las demás. Los anfitriones visten túnicas nazarenas de innumerables colores, que expresan la personalidad y creatividad de quien la lleva, y tapan sus caras con el capirote, lo que les da una enigmática apariencia. Los turolenses se dividen por colores: morado en Calanda, azul en Alcañiz, blanco en Alcorisa, rojo en Andorra... También son muy curiosos los coliblancos del pueblo cordobés de Baena (el único andaluz) con una mezcla de casco romano con crines de caballo con las que despiertan la simpatías ajenas allí donde van. VICENTE VICENS ALBACETE Yecla Moratalla Caravaca de la Cruz Lorca ALMERÍA ESPAÑA 0 Km Murcia MAR MEDITERRÁNEO Carnaval de colores MURCIA Cartagena Costa Cálida N ABC 50 Los coliblancos de Baena suelen suscitar las chanzas del respetable tocan en grupo al compás de un gran bombo. El sur, más anárquico y fiestero, es prolijo en jóvenes y mayores que acompañan los toques de tambor con las cañas en el bar o con la bota de vino. También el instrumento venerado tiene muchas variantes. Los tambores de Moratalla, por ejemplo, son grandes, artesanales y pesados, hechos con piel de cabra y oveja, y generan un sonido atronador cuando son golpeados con palillos de grandes dimensiones. Éxtasis colectivo Una vez inmersos dentro del pueblo, de cuestas empinadas y bellas, desde el mirador de la Parroquia de la Asunción- -del siglo XVI- -o degustando un plato típi- co murciano, el pagano podrá comprender el verdadero motivo de estas manifestaciones culturales: el tambor es una suerte de karma que hipnotiza a quien lo escucha, sumiéndolo en un éxtasis colectivo. Tras pocos minutos escuchando, es fácil llegar a la conclusión de que los sonidos electrónicos como el techno no se diferencian demasiado del rugir de cientos de tambores. En el fondo, son lo mismo, porque significan la vuelta a los origenes, al sonido de la tribu cuando bailaba junto al fuego para quitarse de encima el miedo. De igual modo, que nadie llame al médico cuando vea a los esforzados penitentes sangrar por las manos de tanto tocar. En su sangre llevan su orgullo, el orgullo de emular las manos de Jesús cuando fue clavado en la cruz. Pocas celebraciones tienen la brutalidad, sentimiento y pureza que tiene una tamborada. Puede no ser entendida desde fuera, o no apreciarse el tambor como música sino como distorsión, pero nadie puede quedar indiferente ante una manifestación humana que entronca tan de lleno con las raíces de nuestro propio origen. ALICANTE