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24 2 08 CLAVES DE ACTUALIDAD Dinamarca extremistas musulmanes. La sociedad de este país se divide Un país en jaque por el islam radical Los daneses han dicho basta y contestan sin miedo al desafío de los peligrosamente mientras crece la desconfianza hacia los inmigrantes TEXTO: ENRIQUE SERBETO ENVIADO ESPECIAL A COPENHAGUE A gha Momamed Nadeem llegó hace 30 años a Dinamarca. Entonces- -cuenta mientras atiende a los primeros clientes en su carnicería halal en el barrio de Norrebro en Copenhague- -cuando los daneses veían a una persona con el pelo negro, casi te invitaban a casa, para ver algo exótico y saber cosas de países lejanos. Ahora todo el mundo está cerrado a cal y canto La sociedad danesa, en efecto, se ha roto. Esta semana, hasta el líder de la oposición socialista ha dicho públicamente que los musulmanes que no se sientan integrados deberían irse a Oriente Medio El segundo episodio de las caricaturas de Mahoma ha acabado con el espejismo de una Dinamarca apacible y todo lo que era políticamente correcto en el trato con la comunidad musulmana ha saltado por los aires. Si hace un año fue un conflicto entre un pequeño país nórdico y el orbe islámico, irritado por la publicación de unos dibujos que fueron considerados blasfemos, ahora es una reacción casi alérgica de gran parte de la sociedad danesa contra la resistencia de muchos musulmanes a acomodarse a los valores democráticos que han hecho de este país uno de los mejores lugares del mundo para vivir. Las noches de disturbios en Copenhague, escuelas y coches quemados (que poco a poco empiezan a remitir) y las amenazas de un nuevo boicot comercial han tenido un efecto que en otros tiempos habría parecido imposible: en vez de buscar el apaciguamiento timorato, todos los partidos se han unido para combatir sin fisuras las posiciones de los dirigentes de la comunidad musulmana. Cuando hace una semana hubo una manifestación de militantes islámicos y se pudo ver a los representantes de organizaciones moderadas como la Sociedad Islámica junto a los extremistas de Hibz- ut- Tahir, hasta el líder del Partido Socialdemócrata (en la oposición) Villy Sovnd quemó públicamente las naves en sus relaciones con la comunidad musulmana diciéndoles que si quieren vivir en una dictadura religiosa, peor para ellos, pueden elegir cualquier país de Oriente Medio donde estas dictaduras existen La segunda parte del episodio de las caricaturas de Mahoma empezó el pasado 12 de febrero, cuando la policía detuvo a tres personas, dos tunecinos y un marroquí nacionalizado danés, acusándoles de planear el asesinato del dibujante del Jyllands- Posten, Kurt Westergaard. El dibujante ha pasado a la clandestinidad, pero a diferencia de lo que sucedió el año pasado, en este caso los diarios no esperaron ninguna explicación y toda la prensa del país publicó de nuevo las caricaturas para demostrar que no se sentían amedrentados en la defensa de la libertad de expresión. Los tunecinos han sido expulsados, y el ciudadano danés está en su casa a la espera de juicio. Para los musulmanes se trata de una doble provocación, una de la policía y otra de los diarios. Por las noches, grupos de jóvenes desafían a la policía quemando coches y papeleras desde hace casi dos semanas. Hace tan sólo diez años nadie habría podido prever que en Dinamarca se desataría esta tensión intercomunitaria, casi balcáni- Todos a una Un taxista nacido en Copenhague de una familia que dejó Turquía huyendo de la miseria piensa en el advenimiento del califato universal, en Andalucía también ca. Nadie podría haber dicho que habría allí ciudadanos que preferirían el totalitarismo teocrático a la sociedad avanzada y tolerante donde viven o en la que han nacido. Pero no sólo son los daneses de origen cristiano los que han roto el tabú del convencionalismo bienpensante. También los musulmanes se atreven a decir que se sienten más musulmanes que daneses o que se consideran miembros de la comunidad musulmana universal. De repente, se encuentra uno un taxista nacido en Copenhague de una familia que dejó Turquía para huir de la miseria, que no piensa en otra cosa que en el advenimiento del califato universal, en Andalucía también, naturalmente como solución a todos los problemas: Ni capitalismo ni comunismo: el islam es la solución Ver a un marroquí, que lleva más de treinta años en Dinamarca, salir co-