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D 7 17 2 08 Fundado en 1836, el Casino de Madrid ha dado mucho juego. Faro y foro (como el que ABC realiza allí junto con la firma Deloitte) de la cultura, la política y la economía, en sus estancias se ha escrito y subrayado buena parte de la historia de España. Hoy, bajo la dirección de un gallego sabio, universal y polifacético, Mariano Turiel de Castro, el Casino (www. casinodemadrid. es) se mueve a sus anchas en el siglo XXI. La gastronomía (con Adriá y Roncero en los fogones) la belleza de sus salones, su biblioteca, su gimnasio, su club de golf, sus tertulias (sin sapos ni culebras) hacen de esta casa un punto de encuentro, una luz que ilumina el camino de la sociedad GUTIERREZ Y DE LA FUENTE 32 D 7 LOS DOMINGOS DE M. Turiel de Castro PRESIDENTE DEL CASINO DE MADRID MANUEL DE LA FUENTE- -Perdone el chiste fácil, pero ¿usted es quien reparte el juego en el Casino de Madrid? -Soy como un director de orquesta. Ordeno las cosas, las vigilo y trato de coordinar, aunar, dirigir y hacer compatibles las ideas de todos. -Esto no tiene nada que ver con Las Vegas, sino más bien con la ruleta del conocimiento y el progreso. -Este lugar no es un casino de pueblo, aunque consideremos a Madrid un poblachón manchego, como decía la literatura del siglo pasado. Esto es, para empezar, un edificio singular, de una belleza extraordinaria, una construcción cuya génesis fue realmente curiosa y muy relevante en su momento, y que hoy sigue llamando la atención. -También es una institución muy vinculada a Madrid. -La relación ha sido total. El Casino se funda en 1836, unos tiempos en los que la comunicación entre los distintos lugares de España era muy escasa, incluso entre la capital y las capitales de provincia. Pero, desde esta casa, empezaron a irradiar muchas cosas, que con el paso del tiempo tuvieron resonancia en todo el país, y el Casino acabó por ser un faro. ¿Quién puso las cartas sobre la mesa en 1836? -El Casino se funda porque un grupo de jóvenes de la alta sociedad, no los clientes de la tasca de la tía Paca, evidentemente, que se reunían en el Café de Sólito, entre otros muchos sitios... se encontraban incómodos, y hartos del mal ambiente y de que sólo se hablara de tonterías y chorradas. -Gente pudiente, pero concienzada. -Sí. De hecho, una de las primeras normas era la prohibición de hablar de política y de mujeres... Naturalmente, era de lo único que se hablaba, porque ya me dirá usted de qué iba a hablar un grupo de jóvenes en aquellos tiempos tan convulsos. Decidieron que querían hacer un club privado y crearon el Casino, una pa- Para entrar en el Casino no es necesario ser descendiente del Cid sino personas preocupadas por la economía, la política, la cultura, un puñado de auténticos intelectuales, que consiguió que la institución se convirtiera en un faro. -Hagamos un poco de historia, don Mariano. -La casa ha pasado por muchas vicisitudes. Primero, vivió una época de esplendor, pero con el tiempo se produjo un progresivo deterioro, hasta llegar a los tristes sucesos de la Guerra Civil, cuando el edificio se convirtió en un hospital de sangre, con las camas alineadas en nuestros salones. En los cuarenta empieza a revitalizarse, aunque acabó por darse de bruces con una cuestión que nos afecta a todos, la economía. Entonces y ahora Dígales que me he muerto se enfada Don Mariano, cuando le interrumpe el teléfono) los socios quieren disfrutar de todo pero a precios no ya razonables, sino simbólicos y esto es muy dificil, es muy complicado compaginar el gozo y disfrute de tantas cosas con el abono actual- ¿Se reservan ustedes el derecho de admisión? -Aquí entra cualquiera Eso sí, cualquiera que cumpla dos sencillísimas condiciones. Primero, aunque no suele ser un freno, que el aspirante tenga una situación económica que le permita afrontar los compromisos que se contraen con el Casino. Y, sobre todo, y esto es lo verdaderamente importante, que sea una persona de bien, es decir una persona honorable, pero no se exige ser descendiente de la pata derecha del caballo del Cid... -Liberales de toda la vida, supongo. -Éste es un lugar donde la mayoría de la gente es muy liberal, absolutamente liberal. Aquí cabe todo el mundo, pero siempre con mucho respeto y con un ánimo positivo de hacer cosas en beneficio de todos. Realmente, no estamos haciendo nada nuevo, sólo lo hacemos en el sentido de que la cotidianidad puede resultar diferente a la de hace años, pero el espíritu sigue siendo el mismo. mdelafuente abc. es Hagan juego señoras La llegada de la mujer al Casino de Madrid es relativamente reciente. Pero en ello no tiene nada que ver una actitud machista, por supuesto. Lo que sucede es que desde sus orígenes, el Casino fue una sociedad privadísima, creada por hombres y para hombres, como si, por ejemplo, alguien crea una asociación de personas con gafas, pues es evidente que en ella no puede entrar nadie que no las use SIGEFREDO labra que no tiene nada que ver con casino de juego, sino con una palabra italiana, caseta, con la que se definía la finquita que los italianos de pro tenían en los alrededores de las grandes ciudades. -Eran la crema de la intelectualidad, como diría Agustín Lara. -No sólo eran gente importante,