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30- 31 D 7 LOS DOMINGOS DE ROSA BELMONTE Expediente Ñ Sí que era queridísima mamá cariñosa. A los 30 años de la publicación de Mommie Dearest el muy bruto libro en el que su hija Christina la llamaba sádico monstruo del control, nos dicen que las cosas en casa Crawford no eran como se contaban en el puñalibro. Este mes Charlotte Chandler publica Not the girl next door y da otra versión de la historia. Tampoco es que la estrella quede como Caroline Ingalls en La casa de la pradera pero mejora su imagen. La escritora lleva desde los años 80 años hablando con amigos y familiares de la actriz. Hasta con enemigos como Bette Davis. Kit Kat. Siempre me ha costado trabajo creerme eso de que la Crawford tiró los tejos a la Davis, que la abrumaba con regalos y que ésta la rechazó. Porque vamos a ser serios, ¿quién querría acostarse con Bette Davis? Por muy fascinante que fuera. Como en 2006, cuando Chandler sacó The girl who walked home alone (sobre Davis) la revista Vanity Fair publica un extracto. Mommie Dearest salió un año y medio después de la muerte de Joan Crawford en el 77, aunque ella ya se olía el percal. Las relaciones entre mamá y sus dos hijos mayores, de quienes no recibía ni amor ni respeto eran deficientes. El problema es que yo la adopté a ella pero ella no me adoptó a mí decía de la chiquilla. Ni que decir que tanto a Christina como a Christopher los había desheredado en 1976, manteniendo en el testamento a las hijas gemelas, Cathy y Cynthia, y a su querida secretaria. Eso además de dejar dinero para obras de caridad. Porque era muy caritativa. Un pedazo de pan. Hasta Bette Davis, que no era la mayor fan de la Crawford es vulgar, hipócrita y A hora resulta que Joan Crawford era una mamá Un modelo de noche de Ángel Schlesser, que desfiló esta semana en la Pasarela Cibeles de Madrid yes querrá rehacer su vida sentimental. Desde luego, si Doña Elena vuelve a enamorarse la noticia no se quedaría en el cajón de las publicaciones. Pero es pronto para lanzar cohetes y besos al aire. Primero porque la situación de la Infanta tampoco está solucionada. El cese temporal no es ni tan siquiera una separación oficial, por lo que ante los ojos de Dios y de la Ley los Duques de Lugo siguen casados. Otro tema será si median una separación civil y hasta un divorcio. Jaime de Marichalar o Doña Elena podrían rehacer sus vidas sin dar lugar a más polémicas o debates sobre lo extraño de su situación. Serían libres (en caso de divorcio) y hasta podrían aparecer públicamente con sus nuevas parejas sin saltarse ninguna de las reglas. Por eso el beso de la Infanta no ha servido para titular un nuevo amor una vez comprobado que se trata de un beso en la mejilla que dos amigos se dan al encontrarse en una de las cafeterías de la estación leridana con sus familias y amigos pero sí para poner en evidencia la fecha de caducidad del cese temporal que me huelo tiene los días contados. Mientras esto pasaba en Baqueira, Jaime de Marichalar se ANGEL DE ANTONIO encontraba en Nueva York donde se celebró la semana de la moda y a donde suele acudir cada cierto tiempo, dicen que para sus chequeos médicos. Según me cuenta Miguel Ángel Nicolás, a Marichalar se le vio solo y serio mientras recorría la tienda de Apple de la Gran Manzana. Caprichoso con sus compras y un punto exquisito en sus gustos se entretuvo viendo las últimas novedades. Algún gadget caería. Seguro. Lo que muchos diseñadores españoles no entienden es porqué Marichalar nunca se deja caer por la Pasarela Cibeles. Aunque sólo fuera por curiosidad y por variar. Allá él. Se perdió algunos de los desfiles más aplaudidos como el de Ágatha Ruiz de la Prada, Schlesser o Carmen March, que además presentó las joyas inspiradas en bichos que ha diseñado para la joyería Suárez. De lo más chic. El último día fue para el peletero Miguel Marinero, un creador que siempre reúne en la primera fila a clientas famosas, y la cordobesa Juana Martín quien, pasito a pasito, ha encontrado el reconocimiento de la crítica y el público. Marichalar se lo pierde. Una ausencia en Madrid se ha acostado con todos los actores de la Metro con la excepción de Lassie lamentaba el libro de la niña. Lo siento mucho aunque sé que ella no habría agradecido mis condolencias, es lo último que querría le decía a Chandler. En sus recaditos mutuos, hechas las dos ya unas carcamalazas, Joan Crawford mandó un telegrama a Bette: Querida Miss Davis, tenga la bondad de no hablar a la prensa refiriéndose a mí como un vejestorio Es todo tan divertido. Lo más increíble de estas vidas como paralelas que ambas tuvieron (Joan había sido la modelo para la madrastra de Blancanieves y Bette lo había sido para la madrastra de Cenicienta) es que después de esas palabras, Bette Davis tuvo que ver cómo su propia hija, D. B. Hyman, sangre de su sangre (también adoptó dos niños con Gay Merryl) le dedicaba otro libro. En My Mother s Keeper (1985) D. B relata la relación materno filial acusando a mamá de egocéntrica y alcohólica (de Gay Merrill decía que era un alcohólico violento) Como Bette Davis estaba viva, con una reciente mastectomía, pero vivita y fumando, pudo refutar las acusaciones. Cuando nos hemos llevado las manos a la cabeza viendo cómo Bienvenida Pérez se peleaba con su madre en los platós de televisión, pues qué quieren, un deyaví que te ví, que está todo inventado. Joan Crawford no pudo defenderse. Ni las gemelas, horrorizadas y humilladas por el libro de la hermana, llegaron a dar entrevistas. Los amigos también estaban perplejos. Myrna Loy no podía entender que la gente pagara por comprar semejante basura, que la leyeran y, lo que es peor, la creyeran. Mommie Dearest (libro y película) dañó la imagen de Joan Crawford para siempre. Cathy, una de las gemelas (y la única hija superviviente junto a Christina) desmiente a su hermana y asegura que tenía su propia realidad. Recuerda a su madre como estricta pero cariñosa. Cuenta que una vez que se rompió el codo y la muñeca en el colegio la llamaron y llegó inmediatamente toda maquillada de un rodaje. Y que saltaban a su cama los domingos por la mañana o que las llevaba a cenar al 21 (a las gemelas) Aquí cuenta que estaban sentadas y el camarero puso una botella de Coca Cola delante de su madre y ésta saludó a un señor al otro lado del restaurante. Las chicas no entendían nada. Era el presidente de Coca Cola (y Joan jefa de la Pepsi por su matrimonio con Al Steele) Cada vez que coincidían en un restaurante se intercambiaban colas. Esta anécdota es lo que más me gusta. Cómo va a ser mala una mandamás de Pepsi que bebe Coca Cola en público.