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24- 25 D 7 LOS DOMINGOS DE adivina un lateral del apóstol, un perfil de la torre del Reloj, una gárgola, un santo; retazos del románico, del gótico, del barroco, del renacentista, de la mezcla de estilos que componen la catedral compostelana. Retazos dosificados de la asombrosa visión que aparece al cruzar la portezuela de entrada a los tejados escalonados de granito: otro Santiago de Compostela hace acto de aparición. Torres y cúpulas se crecen en importancia, y a su vera podemos ver lo que el punto de vista terrenal nos ocultaba del templo. En el andar cauteloso por las cúspides, además, casi se pueden tocar los tejados y galerías de la ciudad. La panorámica del Campo de las Estrellas se pierde en el horizonte. Allá en el horizonte, los montes tapizados de eucaliptos bordean la urbe que, aquí, vigila desde lo alto la estatua del apóstol, escoltada por las torres gemelas de la Carraca y de las Campanas. Es un regalo para la vista subir al atardecer cuando la luz ámbar de poniente se posa sobre las tejas rojas y cenicientas e ilumina el plateresco Hostal de los Reyes Católicos. Es un deleite observar cada detalle de las plazas que bordean la catedral, San Martín Pinario y el palacio de Rajoy, sede del ayuntamiento. Las vidriadas galerías de las viviendas, así concebidas para atrapar el sol de invierno, humanizan el carácter monumental de la ciudad. Se multiplican los aspectos encantadores, como la clásica chimenea compostelana de la Casa de la Parra, cuyo nombre hace honor a la hermosa parra que cuelga por sus ventanas, y mil rincones anónimos a vista de pájaro; aquí, un pozo cubierto de musgo, allí, la cruz que corona la escalinata del tejado. Abajo, como figuras de maqueta, los peregrinos que descansan sentados en el suelo de la plaza del Obradoiro o en las escalinatas de la de Platerías. Ya han llegado a su destino. Hay que cerrar los ojos e imaginar la metamorfosis por la que ha pasado la catedral de Santiago a lo largo de los siglos, desde que Alfonso II el Casto levantó una pequeña iglesia en el siglo IX, que Alfonso III el Magnánimo agrandó. Luego vino su destrucción por Almanzor en el siglo X y su reconstrucción a cargo de Diego Peláez y Diego Gelmírez en los siglos XI y XII. Escuchar el cloqueo de las gallinas o el gruñir de los Desde lo alto vigila el apóstol peregrino Agenda Las visitas serán guiadas y en grupos de no más de 25 personas. El acceso a las cubiertas se abrirá de martes a domingo entre las 10 y las 14 h, y entre las 16 y las 20 h, dependiendo del factor meteorológico y de la luz. www. catedraldesantiago. es Donde dormir y comer: Hostal de Los Reyes Católicos, en la Plaza del Obradoiro. Telf. 00 34 981 582200 www. parador. es Subida al atardecer La Torre de la Carraca y la de las Campanas escoltan al apóstol Quien arriba va, aunque suba triste bajará alegre al contemplar tanta belleza decía Aymerico Picaud en el Códice Calixtino Y con razón. Otro mundo se abre en la azotea cerdos del campanero mayor Fandiña, moviéndose por los tejados en los que hicieron su corral, mientras, al lado, en una habitación próxima a la escalinata, el sastre vivía cosiendo los encargos de los prelados. Realismo mágico gallego. Hay que imaginar cuando la campana mayor, la Berenguela emulando al arzobispo Berenguer Landoira, cantaba las horas en do grave. Pesaba nueve toneladas y la secundaba la campana de los cuartos afinada en sol, de solo 1.839 kilitos. Hoy, las campanas originales están en el claustro, y la réplica de la Berenguela cuelga de la torre del Reloj, que según los santiagueños, no suena igual... Cuenta la leyenda que Almanzor se encaprichó de la Berenguela y se la llevó a Córdoba a hombros de prisioneros cristianos. Y dicen también que la Berenguela volvió a su sitio a hombros de prisioneros musulmanes cuando Fernando III conquistó Córdoba. La visita termina en el pilón de la Cruz de los Farrapos, donde los peregrinos, tiempo ha, quemaban los ropajes que les habían cubierto durante su peregrinaje. Cae la noche sobre Santiago, el tono rosáceo del ocaso apenas ilumina las piedras. Las torres y las cúpulas parecen tenues siluetas, sombras chinescas bajo las estrellas que empiezan a aparecer en el cielo compostelano. Se encienden los faroles y se ilumina la catedral y la plaza del Obradoiro. Y una vez más un Santiago diferente sorprende al visitante por su belleza nocturna. También desde el aire.