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17 2 08 VIAJES Stellae Santiago visto desde el tejado La catedral de Santiago abre sus tejados a los visitantes. Una nueva forma de contemplar el campo de estrellas de esta ciudad, destino de peregrinos y capital del realismo mágico gallego TEXTO: MANENA MUNAR FOTOS: MIGUEL MUÑIZ H ay muchas formas de mirar: según el ángulo, la altura, incluso según las gafas de ver la vida. Para ver bien la catedral de Santiago, es necesario pararse, observar... Y cuando ya la retina ha asimilado la espectacular silueta barroca de la fachada en la plaza del Obradoiro, obra de Fernando Casa Novoa, construida en 1738 para proteger la antigua puerta medieval del rigor meteorológico... Cuando ya se ha paseado por la fachada sur de la plaza de Platerías y admirado sus dos puertas románicas... Una vez recorrida la plaza de la Azabachería en la fachada norte, donde antes del incendio del siglo XVII estaba la puerta del Paraíso y por la que entraban los peregrinos... Y cuando finalmente se ha llegado a la fachada este, en la plaza de la Quintana, con sus 24 estatuas de apóstoles y profetas... Entonces, hay que adentrarse en la catedral, contemplar la majestad del Pórtico de la Gloria encajar la mano propia sobre la huella de millones de manos que nos precedieron bajo la égida del apóstol, coger aliento y comenzar a subir las escaleras que conducen a los tejados... Quien arriba va, aunque suba triste bajará alegre al contemplar tanta belleza decía Aymerico Picaut en el Códice Calixtino Y con razón. Un mundo de penumbra y silencio se abre al cerrar la puerta de acceso a los altos de la catedral. En la ascensión por sinuoso camino se deja atrás la algarabía de la plaza del Obradoiro y es como si el tiempo se detuviera. Por las ventanas encajadas en los gruesos muros se El Campo de Estrellas desde lo alto, se convierte en una geometría de tejados, patios, torres y galerías