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14- 15 D 7 LOS DOMINGOS DE da eficacia, su tren bala y los letreros de neón que pueblan los rascacielos de sus grandes urbes. Pero en Osaka, más allá de la fachada de rótulos luminosos de Dotombori o de la milla de oro de Shinsaibashi, donde se suceden las boutiques de Chanel, Dior, Armani y Gucci, existe otro Japón menos conocido pero igual de impresionante: el de los no jyuku sha que literalmente significa los que acampan en los parques Así se denomina a los 10.000 sin techo que pululan por la ciudad, donde viven un tercio de los 30.000 indigentes que han proliferado en el archipiélago tras la crisis financiera que sacudió a Asia en 1997. Hasta ese momento, Japón había protagonizado un auténtico Unos 10.000 sin techo viven en el barrio de Kamagasaki de Osaka. Una pequeña urbe levantada con materiales de desecho milagro económico al lograr su reconstrucción y florecimiento tras la Segunda Guerra Mundial. Pero en los 90 llegó la recesión y se quebró el sistema de trabajos para toda la vida en corporaciones como Sony o Mitsubishi. Desde entonces, la economía nipona se ha ralentizado y han disminuido las grandes obras, por lo que han acabado pagando las consecuencias los más débiles. Es el caso de Daiji Yamada, que tiene 55 años, vino a Osaka con 18 y ha trabajado en la construcción del aeropuerto de Kansai y en otros colosales proyectos de Takenaka, una de las mayores inmobiliarias niponas. Entre ellos, destacan las autopistas de varios niveles que atraviesan Osaka y los puentes que, dibujando complicadas curvas, sortean unas humeantes chimeneas de fábricas y siderurgias propias de una película de ciencia ficción. Ganaba al mes 100.000 yenes (637 euros) pero me quedé sin seguro cuando perdí el trabajo hace diez años explica a ABC en el centro de contratación de Kamagasaki. En este barrio, que oficialmente se denomina Airin- chiku y está cerca del centro de Osaka, vive en apenas dos kilómetros cuadrados la mayor concentración de sin techo de Japón. Casi todos se agolpan en el centro de contratación temporal, una desvencijada nave donde hay 18 taquillas para presentar ofertas y demandas de empleo. Sin embargo, hace tiempo que permanecen cerradas aunque el recinto abre sus puertas de cinco de la mañana a cinco de la tarde. Doce horas que los sin techo aprovechan para dormir en su frío suelo, pero a cubierto. Hago chapuzas por 10.000 yenes (63 euros) al día indica Yamada señalando a las furgonetas con carteles que ofrecen trabajo en pueblos limítrofes. Pero, muchas veces, los temporeros deben pagar la mitad del salario en alojamiento y comida. A los menos afortunados, como los que duermen sobre el piso de la nave en cajas de cartón, les queda la posibilidad de comprar las raciones caducadas que otros sin techo han encontrado en la basura de los restaurantes. Y es que Kamagasaki es una ciudad a escala donde sus habitantes ocupan las calles con tiendas de campaña azules donde viven y venden lo que sacan de los contenedores, como comida, revistas o ropa. Además, en la zona hay 200 hoteluchos donde se pasa la noche por 1.500 yenes (9,5 euros) lo que muchos ganan al día recogiendo chatarra y cartones o incluso, como se descubrió hace años, arriesgando su salud limpiando los reactores de las centrales nucleares. Pero otros ni siquiera reúnen esta cantidad y duermen en refugios o a la intemperie en los parques del Triángulo y del Cuadrado. Así han sido bautizados dos solares plagados de lonas azules donde unos sin techo escarban en la basura mientras otros se calientan ante una fogata. En invierno hace tanto frío que ya hemos encontrado dos muertos en la calle se lamenta el padre Shin Takayama, quien recuerda que cada año aparecen cien mendigos congelados en Osaka Takayama es un sacerdote jesuita que, hace 28 años, huyó en un bote de Vietnam y ahora atiende a los indigentes en un centro de día donde permanecen bajo techo y al lado de una estufa. Hasta aquí ha venido Ueda Yukiaki, quien tiene 62 años y trabajó dos décadas como cocinero. Ganaba al mes 100.000 yenes (637 euros) y vivía con sus padres, pero abandonó su casa al perder el trabajo. No quiero ser una carga asevera revelando una de las claves de la indigencia en esta competitiva y alienante sociedad. Los japoneses son muy orgullos y consideran una deshonra no trabajar. Los que se quedan sin empleo no vuelven con sus parientes aclara el padre Takayama, quien sin embargo precisa que la mayoría de los sin techo son hombres solteros con una media de 52 años. De hecho, sólo hay diez mujeres entre los miles de mendigos de Kamagasaki, que se ven abocados al rechazo social y a un círculo vicioso en el que la falta de trabajo les lleva a vivir en la calle, y la indigencia al alcoholismo o al juego en los populares y ruidosos pachinkos (locales de máquinas tragaperras) En este barrio operan impunemente 90 garitos de la yakuza (mafia japonesa) que organiza timbas y trafica con drogas en casas perfectamente reconocibles por los matones que vigilan sus puertas. Unos lugares por donde la Policía prefiere no pasar para concentrarse en pedirles los papeles a los sin techo Sólo quiero un empleo, pero es difícil por mi edad se queja Hisaya Masaka, de 48 años, quien trabajaba en una imprenta, ganaba al mes 300.000 yenes (1.900 euros) y tenía una vida normal hasta que la crisis lo dejó sin techo en plena calle. Los japoneses son muy orgullosos y consideran una deshonra no trabajar. Los que se quedan sin empleo no vuelven con sus parientes nos explica un sacerdote Tras la recesión se quebró el sistema de empleo para toda la vida en corporaciones como Sony o Mitsubishi. Y las consecuencias las han pagado los más débiles