Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
17 2 08 CLAVES DE ACTUALIDAD El Prado resucita el olvidado Casón Esculturas derribadas, humedades, suelos levantados... tal es el estado en que el abandono oficial sume al Casón en 1957 (Viene de la página anterior) cas por el crecido gasto y su escasa rentabilidad, sobre todo cuando la popularización de la fotografía y la mejora en las condiciones del transporte internacional, le restaron buena parte de su atractivo. Probablemente, tampoco fue ajeno a su decadencia la distinta actitud de los nuevos artistas ante la tradición clásica que el Museo Helénico representaba. De hecho, podríamos resumir su historia a lo largo del siglo XX como una lenta agonía ante la creciente indiferencia de casi todos y el amor apasionado de muy pocos. Nada ayudaba su ubicación marginal en el Madrid de la época, sobre todo su fachada de Alfonso XII, donde por las noches se ocul- taban mendigos y prostitutas. Tampoco la ausencia de condiciones mínimas para el uso encomendado: sin agua, servicios higiénicos o calefacción, que se hizo esperar hasta 1935. Su cierre durante la guerra civil supuso el golpe de gracia de esta mortecina institución que, a pesar de las grandilocuentes palabras de los discursos inaugurales de 1940, había ya vivido sus mejores momentos. Triste visión A comienzos de la década siguiente, su director, Enrique Lafuente Ferrari, trató con ímpetu encomiable de insuflar vida al cadáver que dirigía, remitiendo informes a sus superiores jerárquicos, que eran inevitablemente recibi- dos con indiferencia. En ellos se daba cuenta del estado de la bóveda pintada por el artista napolitano que, según sus palabras: A la menor vibración o una simple corriente de aire sería suficiente para que nuevos témpanos de pintura viniesen a tierra y agravasen su ruina En su desesperación, Enrique Lafuente encargó un juego de fotografías de las salas del Museo el 15 de marzo de 1957, que remitió reservadamente al ministerio como prueba de la veracidad de su diagnóstico. Su visión sólo produce tristeza. Suelos levantados, esculturas derribadas por el suelo, humedades en todas sus salas, dejadez, abandono, desidia... Probablemente su director no fue nunca consciente de que todos sus esfuerzos no consiguieron otro objetivo que llamar la atención de las autoridades culturales sobre un soberbio inmueble que bien podía utilizarse para otros menesteres. Por ello, a finales de 1956 comenzó a hablarse tímidamente de la adjudicación de los presupuestos solicitados por Lafuente, cualquiera que sea el futuro del edificio Y el futuro se buscó con extrema celeridad. Efectivamente, la destrucción sistemática de la bellísima decoración del Museo de Reproducciones comenzó en 1959, destrucción que no respetó siquiera a Giordano, cuya pintura fue de nuevo mutilada para ampliar los lunetos de la bóveda. La desaparición del Museo de Reproducciones hizo inevitable una sucesión de usos como había ocurrido en el siglo XIX. Efectivamente, en 1960 se inauguró el Ca- Otros menesteres El salón de Embajadores convertido en Sala Fidias del Museo de Reproducciones promovido por Cánovas