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8- 9 D 7 LOS DOMINGOS DE Apoteosis de la Monarquía Española, magnificente obra de Luca Giordano para la bóveda del Casón destinada a cantar la ilusoria grandeza de Carlos II bo del mundo. A sus pies, a la derecha, distintos pueblos se humillan reconociendo su primacía. La Herejía (dragón) el Furor bélico, el Poder Temporal (león con cetro) así como los reinos sometidos (armiños y coronas) y las riquezas ganadas en campañas bélicas (monedas, joyas y objetos de oro y plata) completan el significado del conjunto. En la base de la bóveda, entre los lunetos, situó a las musas acompañadas de filósofos, como muestra de que el poder de la Monarquía se asienta en las artes y el conocimiento. En realidad, el Casón de Felipe IV y de Carlos II era un edificio radicalmente distinto al que ahora vemos. Mucho más pequeño, estaba formado por un salón central (el de embajadores, decorado por Giordano y que todavía existe) y dos vestíbulos laterales, también pintados por Giordano y derribados durante las reformas acometidas durante el siglo XIX. Otra pérdida importante se produjo en 1835, cuando el Casón fue ocupado por el Estamento de Próceres, embrión del Senado, que se instaló allí una única legislatura y que inauguró una sucesión sin fin de incómodos inquilinos, a menudo con traumáticas reformas. Así ocurrió con el citado Estamento de Próceres, que amplió en exceso el arco de unión entre el vestíbulo oeste y el salón de embajadores para alojar allí la tribuna de la soberana, debilitando temerariamente la estructura del edificio. Aunque nada puede compararse con la pérdida de los Trabajos de Hércules de Giordano, arrancados bárbaramente en 1835, en expresión de Mesonero Romanos, al tirar de las telas que se pegaron a los muros para su decoración. Más tarde, el edificio fue ocupado por el Real Gabinete Topográfico; por el gimnasio del príncipe de Asturias don Alfonso y por la Exposición Artística e Industrial, organizada por la sociedad El Fomento de las Artes e inaugurada por Amadeo de Saboya el 12 de mayo de 1871. Incluso, no faltó un proyecto en 1862 para convertirlo en sede de celebración de los capítulos de las órdenes de Carlos III, Isabel la Católica, San Fernando y San Hermenegildo; hasta que, finalmente (1877) fue dedicado a Museo de Reproducciones Artísticas o Museo Helénico, como también fue conocido. Fue Antonio Cánovas del Castillo el promotor del Museo de Reproducciones, sin duda el proyecto más ambicioso de todos los mencionados. Cuatro fueron los arquitectos que intervinieron sucesivamente en sus reformas: Agustín Felipe Peró, muerto al poco de asumir esta responsabilidad (1878- 79) Manuel Antonio Capo, autor de la decoración interior del Museo y de un proyecto arquitectónico neogriego no realizado (1879- 1882) Mariano Carderera, responsable de su fachada a la calle Alfonso XII y de los cuerpos laterales ampliados al norte y al sur (1882- 1886) y Ricardo Velázquez Bosco, autor de la monumental fachada occidental (1886- 1896) Todas estas reformas constituyen una cáscara cuyo núcleo continuaba siendo el salón diseñado en 1637 por Alonso Carbonel. Resulta imposible contemplar las fotos antiguas del Museo de Fotos: Museo del Prado Museo de Reproducciones Arquitectura del Casón Nada más lamentable que la pérdida de los Trabajos de Hércules, de Giordano, arrancados bárbaramente en 1835 al tirar de las telas que decoraban el Casón Reproducciones sin sentir una profunda nostalgia. Las escasas vistas interiores que se han conservado muestran un edificio elegante, sobre todo en el antiguo salón de embajadores, conocido en el Museo de Reproducciones como sala Fidias, donde se mostraban copias de las esculturas antiguas, dispuestas para ser copiadas por los artistas. Como consecuencia de todo este proceso de reforma, la bóveda de Giordano fue totalmente restaurada por el pintor murciano Germán Hernández Amores en 1879, que no dudó en cubrir durante su restauración el 80 por ciento de su superficie, hasta el punto de hacer irreconocible a Giordano. Y esto no fue lo peor. Antes, un grupo de albañiles enlucieron la bóveda fuera de ningún control provocando daños, que la reciente restauración solo ha podido recuperar parcialmente. El Museo de Reproducciones continuó su sigilosa existencia hasta 1959, momento en que cerró definitivamente sus puertas. Pasado el primer impulso de Cánovas, parece que muy pocos se interesaron por esta institución. Incluso no faltaron críti (Pasa a la página siguiente)