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6- 7 D 7 LOS DOMINGOS DE Raúl, Alarcón, Roque, Lage y el sursuncorda ABC En la reunión que celebrará la Asamblea Nacional el 24 de marzo se dilucidará si el líder cubano y recién analista político desde su claustro hospitalario, Fidel Castro, es reelegido presidente de los Consejos de Estado y de Ministros. A la vez, en una inusitada discusión con estudiantes, el presidente del Parlamento, Ricardo Alarcón, justificó la prohibición de que los cubanos se trasladen al extranjero en la conveniencia de evitar que los cielos se colapsen de viajeros. Altruismo revolucionario. Lo que ha disparado todo tipo de cábalas: las que dicen que Castro será reelegido, pero declinará sus competencias; las que auguran que anunciará su renuncia; o las que señalan que, como dijo él mismo, los revolucionarios nunca se retiran Un cabildeo en el que, hablando de sucesores, aparece su hermano Raúl, claro, junto a algunos destacados funcionarios del régimen, como el propio Alarcón, el secretario del Consejo de Estado, Carlos Lage, el ministro de Exteriores, Felipe Pérez Roque... y el sursuncorda Voluntarios no faltan. REUTERS alguien no le gustan las sorpresas, es a Raúl Castro. Ni producirlas y mucho menos recibirlas. Fidel no. Fidel se salta constantemente las líneas del guión. Véanlo como un problema de carácter. Cuando Fidel preparaba la sorpresa del asalto al cuartel Moncada, en julio de 1953, Raúl estaba pidiendo su ingreso en el Partido Comunista. Raúl es el hombre de los pasos precisos, de las planificaciones. El hombre de la sincronización militar. Pero si nada de esto es nuevo, a qué tanto alboroto. Más bien lo que hay es el desconocimiento de la mecánica. La opinión de la calle ha sido esencial en la vida cotidiana de la Revolución. Existen organizaciones y miles de personas, tanto voluntarios como pro- fesionales, que elaboran permanentemente los estados de opinión. No creo que exista otro gobierno del continente (incluido por supuesto los Estados Unidos) tan atento al sentir popular y el que, como decíamos, mida el aceite de la población con tanta asiduidad. Ese país está celebrando asambleas abiertas, de crítica y autocrítica, de opinión del pueblo, y váyase a saber cuántos nombres, desde los años 60. Le encantan las asambleas abiertas. En el Ministerio del Interior, en las universidades, en los Comités de Defensa de la Revolución (uno en cada cuadra o cuartón de tierra de todo el país) El asunto es que esto nunca Les encantan las asambleas ocurrió en el ejército, del cual Raúl ha sido su jefe desde el triunfo de la Revolución. El resto de la población cubana se despedaza con las autocríticas mientras Raúl y sus militares observaban desde los cuarteles. Algo pasa de Hay algo extraño en estos brotes perestroikianos que impulsa Raúl y que parecen diseñados desde el principio. Porque a Raúl nunca le gustaron las sorpresas Tendrían que haber visto la cara de Fidel tras su viaje a la URSS de Gorbachov. No le gustó nada lo que vio. Por primera vez avizoró el desmerengamiento de la revolución todos modos, cada vez que se impele uno de estos procesos masivos de crítica, y es que los vectores de vapor a presión se disparan y ponen las estructuras del poder en riesgo. Aunque, al nivel de los infelices ciudadanos, siempre hay quien se lo cree y no tiene la experiencia de los revolucionarios más avezados ante el designio de Mao de que crezcan cien flores y cien escuelas se establezcan. Y ya saben. Luego va el líder supremo, presuroso, hacia el florecido cantero, tijera en mano. No caben dudas de que semejantes sesiones religiosas de autoflagelación política tienen un efecto inmediato en la contabilización de la policía. Mientras, el entretenimiento para el próximo quinquenio parece estar garantizado. En estos mismos instantes hay un habanero inmolándose en una asamblea de barrio donde expone que hace seis meses no llegan huevos a su bodega. Si Alarcón está presente, pueden imaginarse la piedad con que hablará de las gallinas. En fin, que a todas estas yo no puedo creer que Raúl Castro desconozca que la base de la estabilidad sólo se encuentra en la economía y no en los pantagruélicas y a la postre inútiles asambleas. Sus nuevos socios comunistas, los chinos y los vietnamitas, le habrán explicado los beneficios de una economía próspera y en desarrollo para el mantenimiento incólume del aparato político. Solo por ahí vendrán las verdaderas señales de cambio. Cambios, por cierto, de los que él está mucho más requerido que cualquiera de nosotros.