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2- 3 D 7 LOS DOMINGOS DE IGNACIO GIL bertad, sin coacciones. La libertad de expresión representa también esta posibilidad de manifestar las distintas opciones En esa senda se ve la novelista Almudena Solana, que acaba de publicar Las mujeres inglesas destrozan los tacones al andar Me parece bien; cada uno puede hacer lo que quiera. El compromiso in- dividual me parece una obligación de cada ciudadano, sin embargo, el uso del plural y las acciones concertadas ya adquieren un contenido de mayor voluntad militante; algo así como una forma de hacer públicas y oficiales las simpatías... Y eso, para quien esté convencido de ello, también es legítimo JOSÉ MARÍA POU ACTOR Y DIRECTOR Hay dos cosas de las que nunca hablo en público: a quién voto y con quién me acuesto No lo ve tan claro otro novelista, J. Á. González Sainz, autor de libros como Volver al mundo y afincado en Trieste, que comenta: Entre los grafiti conservados en Pompeya, recuerdo uno de un panadero que dice algo así: soy el panadero de la calle tal y todos conocéis el pan tan bueno que hago y sabéis de mi honestidad y rectitud. Pues bien, yo os digo que es conveniente y bueno votar a Fulano de Tal Ése es el apoyo que tendría que valer y que se tendría que recabar: el del que hace buen pan y llama al pan pan. Frente a ello, que un partido cuyo actual líder, un hombre sin atributos más destacables que su teatralidad, su tacticismo y tejemanejismo por su cara bonita que actúa como en un mundo de ficción donde todo vale, busque el apoyo del mundo de la teatralidad y el espectáculo (incluida la rama intelectual) y éste se lo dé no puede sorprender a nadie Jordá, que sitúa su última novela en Burundi, piensa que el que un artista sea conservador o progresista es tan importante para su obra como el hecho de que sea calvo, zurdo o padezca insuficiencia renal. Un artista, si lo es, está por encima de todas estas circunstancias. En España los artistas siempre han buscado la sombra del poder, y esto es así por dos razones: primero, para garantizarse el sustento, y segundo, por miedo a verse desprotegidos en caso de un conflicto civil. La sombra del fusilamiento de Lorca sigue pesando mucho, aunque no lo parezca. Yo envidio la situación de los EE. UU. ¿A quién vota Cormac McCarthy? ¿Y James Salter? Seguro que no lo sabe nadie. Paul Bowles me dijo que sólo había votado dos veces en su vida, a los comunistas, y eso fue en los años 30, durante la Gran Depresión Si revela a quién votará lo hace Jordá (Pasa a la página siguiente) El trabajo de ponerlo todo en cuestión ANDRÉS IBÁÑEZ Broadway. La muerte y la doncella con Gene Hackman, Glenn Close y Richard Dreyfuss. Al terminar la obra, los tres actores salen a escena a saludar, y Dreyfuss saca un cartel en el que pone Vota a Clinton Aplausos, sonrisas y adiós. No me parece bien porque aquí la propaganda política se adentra en la obra de arte y la utiliza. No me gusta que los artistas, sean del signo que sean, mezclen la política y el arte. Pero otra cosa muy diferente es que los artistas, intelectuales, actores, apoyen públicamente a distintas causas, sean sociales, humanitarias o políticas. Las personas que tienen popularidad, o prestigio, o ambas cosas, tienen la capacidad de hacer que su opinión influya en el curso de las cosas. ¿Por qué no utilizar ese poder? Pensemos en el ejemplo reciente de Al Gore: su defensa del medio ambiente ha sido decisiva para que el gran público (y también, por cierto, las altas instancias) se decidan por fin a creerse que el calentamiento global es una realidad. Me parece bien que los artistas e intelectuales defiendan públicamente opciones políticas. ¿Que obtendrán beneficios al hacerlo? Es posible que sí, pero también es posible todo lo contrario, según y cómo se desarrollen los acontecimientos. Sea como sea, una sociedad que escucha la voz de sus artistas y sus intelectuales es una sociedad más madura y más culta, es decir, una sociedad mejor. En Estados Unidos, por ejemplo, los únicos que se oponen públicamente y de manera continuada a la pena de muerte son los intelectuales, actores y artistas. Los políticos no están por la labor. En cuanto a la cuestión de si no puede haber artistas liberales o conservadores, me parece eviden- te que los hay, y muchos. El problema de España, quizá, es que la derecha que tenemos no responde a esa descripción tan moderada. El trabajo de un artista consiste, por definición, en replantearse las cosas y en ponerlo todo en cuestión, una actitud que se acomoda mal con las exigencias, por ejemplo, de nuestra querida Iglesia católica, cada vez más tridentina y obsoleta. Conozco muchos artistas y escritores que se resisten a ser calificados de izquierdas pero que tampoco se consideran en modo alguno de derechas Son liberales en política, pero defienden una sociedad laica, y se sienten tan poco identificados con el utopismo característico de la izquierda (creer en ideas muy hermosas que nadie ha visto) como con la pobreza estética y moral de la derecha reaccionaria, con sus monsergas del ataque a la familia ¿A quién apoyarán? Seguramente uno de los problemas es que el mundo ha cambiado radicalmente en los últimos veinte años, pero no así los discursos políticos. Andrés Ibáñez, colaborador de ABCD, es escritor.