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D 7 10 2 08 Es otra pionera, una de esas mujeres que, en España, rompió el llamado techo de cristal y se instaló en lo más alto de la actividad empresarial e institucional cuando aquello aún era una rareza. María Jesús Prieto Laffargue (Salamanca, 1945) ingeniera de Telecomunicaciones y actual presidenta del Instituto de Ingeniería de España, defiende el rigor y el esfuerzo para acabar con la desigualdad y plantar cara a cualquier desafío. Más que política y buenas intenciones, asegura, el mundo necesita ingenieros GUTIERREZ Y DE LA FUENTE 32 D 7 LOS DOMINGOS DE M. Jesús P. Laffargue PRESIDENTA DEL INSTITUTO DE INGENIERÍA DE ESPAÑA ISABEL GUTIÉRREZ- -En su impresionante currículo, le he echado el ojo a un galardón que le otorgaron hace un tiempo: Premio Heroína 2002. ¿De verdad se ha sentido así? -Bueno, ser una profesional y criar a cuatro hijos... Hoy eso ya no tiene gracia (risas) En serio, lo que pasa es que en este asunto de la conciliación de la vida familiar y laboral, una debe saber la armonía que quiere en su vida y cómo se puede manejar. -Cuando llegó a la Escuela Superior de Ingenieros de Telecomunicación de la Politécnica, en los 60, ¿qué esperaba? ¿Si tenía grandes expectativas? sin duda. Sabía bien que mi pretensión era asumir las máximas responsabilidades. Recuerdo a mis compañeras de colegio en Salamanca que decían: Yo quiero ser enfermera Y yo pensaba: ¿Por qué hacer Enfermería si puedes estudiar Medicina? Cada uno habla según el escenario que ha vivido, y yo he tropezado con las dificultades propias de mi tiempo, que son diferentes a las de ahora. Nuestra presencia, en el ámbito de la tecnología, no llegaba ni al 1 por 100. -Pero aún hoy no es un terreno atractivo para las mujeres. -Esa es una gran cuestión: por qué la presencia de la mujer no se impone en esta disciplina, cuando en la actualidad representamos en torno al 54 por 100 de las escuelas de negocios y las universidades. Yo creo que algo tiene que ver el hecho de que hablamos de cuestiones áridas, en apariencia con una proyección poco humanística o social. Y fíjese la barbaridad que esto supone, pues precisamente la ingeniería es el conocimiento aplicado al progreso social. Creo que éste es el momento en que la mujer debe apropiarse de la tecnología pues, indudablemente, la usa más que nadie: en la casa a diario. El mundo necesita ingenieras. ¿En España está lo suficientemente valorada la figura del ingeniero? -Yo creo que no. Lo estuvo, pero Si no haces una barbaridad, no consigues la igualdad mente tomaron posiciones relevantes gentes que militaban en un partido y que no habían hecho nada fuera del ámbito de la política. También ha influido ese concepto de que al niño no se le puede exigir, que no se puede ser riguroso... Pero la ingeniería, por definición, tiene que ser totalmente rigurosa. Además está el hecho de que el nivel de esfuerzo y responsabilidad no tienen nada que ver con la remuneración. La sociedad tiene una deuda. ¿Ocurre lo mismo fuera de aquí? -Yo creo que eso es una dinámica local y por local entiendo España. La tecnología es hacer bien las cosas útiles, es aplicar los conocimientos para solucionar problemas concretos con eficacia. Las necesidades del siglo XXI pasan por el uso inteligente de ese conocimiento. Y los mayores problemas del mundo vienen por su complejidad y las desigualdades sociales: existen muchos millones de personas que viven en la pobreza absoluta, cuando hay alimentos suficientes y tecnología para producir. Se necesitan más y mejores ingenieros. -El concepto de superwoman ¿no está dejando demasiadas víctimas? -La mujer que quiere contribuir a la actividad económica asumiendo las mayores responsabilidades, donde hay que competir y expresar ideas propias; esa mujer que tiene que desarrollarse profesionalmente y realizarse en familia, no puede renunciar a sí misma. Si renuncias a ti misma, acabas destrozándote. Tienes que elegir y saber prescindir. El tiempo no da para todo. No hay necesidad de pasar por toda esa ansiedad. Yo decidí no destrozarme. La conciliación no viene por las leyes, viene por una la conciencia, la autoestima y la formación. ¿Está de acuerdo con la paridad? -No me gusta que la mujer ocupe un lugar por ser mujer. Pero bien es verdad que si no haces una barbaridad, no consigues la igualdad. La trampa del gancho En nuestra sociedad hay frivolidad y superficialidad, y ahí está la raíz de muchos problemas. Es como cuando hablan de determinada figura política y dicen que no tiene gancho. ¿Pero quién debería estar presidiendo el gobierno de España? ¿Una persona con mucho gancho que no sabe hacer la o con un canuto o alguien sin esa brillantez física, pero que realmente profundice en los tres o cuatro problemas que tiene planteada la sociedad española? SIGEFREDO ya no lo está. Sin la menor discusión. Mire, en los años 60 toda madre quería que su hija se casara con un ingeniero, porque representaba cierta élite. La ingeniería era un sanctasanctórum, su prestigio era insólito. ¿Y por qué se ha devaluado? -Mucho tuvo que ver, que, con la llegada de la democracia, obvia-