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10 2 08 VIAJES En la playa de las Estrellas, en el archipiélago caribeño de Bocas de Toro, estos equinodermos están casi a flor de agua. Las tres sirenas las devolvieron al mar enseguida Panamá Mucho más que un canal (Viene de la página anterior) mecen delfines, corales y cardúmenes, y aguas cálidas, pero no caldosas, con hoteles asequibles como el Bahía o exlusivos como los palafitos de Punta Caracol. Piratas de otra era, como Drake, atraído como Morgan por el oro que se amontonaba en las aduanas, saqueó e incendió Portobelo. Con su Cristo Negro y sus congos (negros cimarrones que recrean tradiciones y cantos africanos) y vestigios de fuertes como el de Santiago o el de San Fernando siguen vigilando la misma lámina de agua que deslumbró al almirante: una bahía que al atardecer quita el aliento y donde los mástiles de los yates fondeados parecen estar esperando por un Turner que los caligrafíe. El pueblo es hermoso y pobre. Como el país, que aprende a duras penas a ser rico. La desigualdad crece, como salta a la vista en la depauperada Colón, que en sus casas despintadas y carcomidas, en muchis ociosos y olores, trae reminiscencias de La Habana. No se concibe cómo la pujante Zona Libre (donde operan más de 2.000 empresas, muchas en manos de comerciantes árabes) o el mismo canal que tantos dividendos proporciona no ha permitido a Colón zafarse de su mala estampa, lavar su fama. Se quejan del olvido los vecinos de la bahía de Limón, en el Atlántico, sala de espera de los buques que enfilan el canal. La historia pesa. Todo pago se hace en dólares, no en vano aunque la moneda nacional se llame balboa (como la mejor cerveza) y exista en forma de monedas, no circula más papel moneda que el dólar americano. Y como deporte rey, el béisbol. Como en tiempos de los conquistadores fue el oro descubierto en California el catalizador de una fiebre que llevó a miles de aventureros a través del istmo: preferían ese camino a dar la vuelta al continente o fajarse con los pieles rojas. Antes de aprobar por mayoría la ampliación del canal, Panamá ya había experimentado gracias a sus franquicias fiscales un boom financiero e inmobiliario que ha alterado la faz de Ciudad de Panamá. Los más de cinco mil millones de dólares que se invertirán en hacer más profundos los accesos del Pacífico y el Atlántico, ensanchar y ahondar los canales de navegación tanto del lago Gatún como del corte Culebra, la construcción de dos nuevos juegos de esclusas que reutilizarán el 60 por ciento del agua empleada en cada tránsito la novial del canal es la lluvia y que darán la bienvenida a los post- Panamax buques de hasta 55 metros de manga (an- La emblemática matrícula del país del istmo cho; frente a los 33 de ahora) y 400 metros de eslora (frente a los 305 metros de ahora) y la elevación del lago Gatún a su nivel operacional máximo, serán un banderín para inversores, ingenieros, operarios, aprovechados y turistas. Se espera que el nuevo hito esté concluido a más tardar en 2014. Los panameños demostraron que eran infundados los augurios de que con la recuperación de la soberanía sobre todo el territorio nacional a fines de 1999, en cumplimento de los acuerdos Carter- Torrijos, el canal se oxidaría y una de la arterias del comercio mundial entraría en bancarrota. Todo lo contrario: los 14.000 navíos que lo surcan cada año son la principal fuente de ingresos para el tesoro panameño. Si contemplar el funcionamiento de las actuales esclusas resulta un espectáculo prodigioso (con sus locomotoras o mulas canaleras que operan 24 horas al día los 365 días del año) especialmente en Miraflores, donde un museo que habla y guías elocuentes celebran una de las grandes conquistas de la ingeniería para mejorar el mundo, la estabilidad de la república parece incuestionable. Ni siquiera tiene ejército. Aunque sólo por el canal ya merecería la visita, Portobelo, el Parque Nacional Soberanía, Bocas del Toro, Darién, la Ciudad de Panamá... son toda una invitación a seguir los pasos de Núñez de Balboa, por ejemplo yendo desde la capital hasta Colón en tren y regresando a Ciudad de Panamá en barco, por el hilo del canal. Un país al que volver.