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22- 23 D 7 LOS DOMINGOS DE El histórico, pero ruinoso, Mercado Público del Casco Viejo, recién derribado para dejar espacio a nuevos inmuebles. Al fondo, Paitilla, el manhattan de Ciudad de Panamá El Casco Viejo se reconstruye paso a paso, con la lentitud de un buey transplantado al trópico, mientras el centro de la nueva Ciudad de Panamá se eriza de rascacielos ria Panamá puede semejar un edén, las 940 especies de aves la nombran república reina de la biodiversidad centroamericana. Y de la selva al mar. Es en el archipiélago caribeño de Bocas del Toro adonde hay que volar antes de que la codicia enturbie el agua. Una empresa estadounidense acaba de recibir el último sello para levantar un hotel de siete pisos (en una archipiélago donde casas, hoteles y cabañas jamás se alzan más de dos plantas de madera, cemento y paja) La inversión supera los mil millones de dólares, y muchos isleños quieren su tajada. Y eso que aquí es donde más verdadero es Panamá: así llamaban los indios cueva al lugar de muchos pescados El aire manso oscila entre Costa Rica y Jamaica, pero con aroma propio, con playas tan afrodisíacas como la de las Estrellas, de aguas tan límpidas que el vértigo es el de no regresar jamás a la civilización que dejamos atrás, perdidos entre manglares, ensenadas donde se (Pasa a la página siguiente) Un carguero navega por el lago Gatún, en el centro del canal que ha dado renombre al país del istmo tro Nacional compartan el mismo palacio colonial. El Casco Viejo se reconstruye con la lentitud de un buey transplantado al trópico, mientras el centro de la nueva Ciudad de Panamá, El Cangrejo y Bella Vista, atravesado por Vía España, y la península de Paitilla, ve multiplicarse rascacielos como un híbrido de Shanghai y Nueva York. Pero la selva acecha desde el cerro Ancón y el Parque Natural Metropolitano. Basta con internarse en parajes como el Parque Nacional Soberanía, que hasta no hace ni una década era campo de maniobras del Ejército estadounidense (en el país del istmo tenía su domicilio la siniestra Escuela de las Américas) Localizado en Gamboa, es fácil adentrarse en la espesura de este bosque tropical húmedo gracias a un teleférico, fabricado en Suiza y silencioso como un reptil. Desde la cesta se puede contemplar, de cerca y en su salsa, al mono aullador, al ensimismado perezoso, a la iguana encaramada en copas inverosímiles, mariposas, insectos... toda la lujuria vegetal coronada por la orquídea. Si para quienes se han zafado de la mise-