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14- 15 D 7 LOS DOMINGOS DE disfrutaron de la expresividad gótica de Diego y Gil de Siloé. Sin embargo, la Capilla ya no tiene el esplendor de hace cuatro años en comparación con el retablo mayor, cuya restauración es más reciente confiesa René Payo. Bienaventurados quienes hayan disfrutado de ese momento, como quien acierta con las horas justas de un hayedo en otoño. Un mundo sin fin, como el título de la novela de Follet. Hace poco más de un año el Ministerio de Cultura y la Conferencia Episcopal firmaron un convenio que comprometía al Estado a invertir 10 millones de euros para actuar en las 43 catedrales que necesitan una intervención prioritaria (en España hay 83 templos) Los detalles del Plan de Catedrales pueden verse en la página del ministerio (www. mcu. es patrimonio) Sin embargo, en los últimos años la iniciativa privada ha sido como una bombona de oxígeno adicional. La mayoría de los cabildos ya tienen bastante con mantener el edificio abierto, pero sin esos euros extra hay poco que hacer. Las catedrales necesitan equipos permanentes, porque tan importante como restaurar es conservar. El mecenazgo ha vuelto y se une a personajes que nunca se fueron, como la del canónigo fabriquero que cuida de la custodia y la inversión de los fondos dedicados a los edificios y a los utensilios y paños del culto. No hay una política de Estado, sino actuaciones dispersas señala Pedro Navascués, catedrático de Historia del Arte de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid y miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Las catedrales pertenecen al ámbito diocesano, y cada diócesis hace lo que le parece mejor, con lo que el panorama es muy desigual. Nunca las partidas presupuestarias habían sido tan generosas como ahora, pero se ha perdido la filosofía de proyecto nacional y, además, el dinero no se ha invertido siempre en la mejor dirección. Los trabajos desarrollados en Salamanca y Barcelona, por ejemplo, son modélicos: son catedrales vivas que respiran el espíritu de la Edad Media. En Burgos y Sevilla, en cambio, se abusa del concepto de museo, hay que entrar pagando y le hurtas al público el gozo de un recorrido libre Ahí siguen, en pie. Obras que superan el medio milenio de edad, cuando se estima que la fecha de caducidad de algunos grandes edificios modernos es de doscientos años. Hagamos un templo tal y tan grande que los que lo vieren acabado nos tengan por locos escribió un canónigo sevillano. Su locura aún nos inspira. (Infografía en páginas siguientes) Mecenazgo: oxígeno adicional Ken Follet en su reciente visita a la catedral de Vitoria, objeto de inspiración siglo XII a través del Camino de Santiago. Estos hallazgos arquitectónicos cuajaron en España como en ningún otro lugar de Europa, y durante siglos se usaron con pureza de estilo en iglesias y edificios civiles incluso cuando ya habían pasado de moda en su país de origen. Las catedrales de Santo Domingo de la Calzada, León, Burgos y Toledo compiten en fuerza expresiva y monumentalidad con los mejores ejemplos franceses. Podemos hablar de dos Europas medievales explica René Payo. La de los monasterios, de carácter rural, que se desarrolló entre los siglos VIII y XII; y la de las catedrales, a partir del siglo XIII, que supone la consolidación de los burgos y la preeminencia de los arzobispos sobre los abades. Las catedrales se convierten en el emblema de las ciudades por encima de los ayuntamientos: son los edificios emblemáticos, los polos de atención- -aún hoy lo son en muchos casos- y no sólo por su carácter religioso, sino por usos profanos (los tribunales se reunían en los pórticos) Las más importantes empezaron a levantarse en torno a 1220- 30. Las de Burgos y León son prácticamente gemelas, con parecidas soluciones técnicas; los mismos maestros canteros trabajaron en ambas. Es imposible saber cuánta gente participó, no sólo por tratarse de proyectos de décadas- -o, incluso, de siglos- sino por las lagunas documentales. Cientos, miles de personas. Se conocen algunos detalles: por ejemplo, en el siglo XVI se hundió el cimborrio de la catedral de Burgos y en su reconstrucción se implicaron 90 trabajadores. La primera piedra de este magnífico monumento- -ejemplo paradigmático donde los haya de que una ciudad es su catedral- -se colocó el 20 de julio de 1221 en presencia de los promotores, el Rey Fernan- IOSU ONANDIA FOTO: FÉLIX ORDÓÑEZ mios, porque es un proyecto eterno reconoce René Payo, profesor de Historia del Arte de la Universidad de Burgos. Superada la terrible crisis de la década de 1990, cuando estos monumentos- -y, en general, el patrimonio artístico español- -sufrieron algo más que humedades y mal de piedra a causa del los estragos del tiempo y la molicie de las administraciones, la literatura superventas los ha puesto de nuevo en el candelero: Un mundo sin fin de Ken Follet, continuación de Los pilares de la Tierra y La catedral del mar de Ildefonso Falcones, recrean aquella época en que un edificio se convertía en el proyecto vital de una ciudad entera. La era de las grandes catedrales españolas está unida al arte gótico importado de Francia en el Siglo XIII, primera piedra do III de Castilla y el obispo Don Mauricio. Hay que poner nuestra mentalidad en contraste con la suya continúa Payo. Cuando leemos en un periódico que se pone la primera piedra de un rascacielos pensamos que, salvo imponderables ajenos a nuestra voluntad, lo veremos acabado; Don Mauricio tenía claro que él no vería el fin de la catedral De hecho, la parte principal no se concluyó hasta 70 años después. Pero, ¿quién ve el fin? Hace quince años el templo estaba cayéndose a pedazos- -y no sólo metafóricamente- Entonces ocurrió el milagro de San Lorenzo la escultura del santo se desplomó desde cincuenta metros de altura una calurosa tarde de agosto. Saltaron todas las alarmas. Al mismo tiempo se quemó el Liceo de Barcelona, y los políticos se volcaron en su resurrección Un flanco por donde atacar: ¿Por qué ese teatro sí y las catedrales no? Y de paso, ¿por qué no el resto de monumentos? En 1994, el patrimonio artístico español era un paisaje de andamios. Burgos, León, Tarazona, Vitoria, Salamanca, Astorga, Ávila, El Paular, San Francisco el Grande (Madrid) el acueducto de Segovia... Se dio un impulso a una obra que no acabará nunca. La urdimbre interminable de los siglos, como la tela de Penélope. Ochenta metros por debajo de las agujas, la Capilla de los Condestables de la catedral de Burgos era por entonces un solar. Los retablos habían sido desmontados y sus compontes limpiados y restañados con goma laca, un barniz refrescante. Hubo que sacudirles cincuenta kilos de polvo. Tras eliminar con un punzón la suciedad de las figuras, los restauradores En el fondo, una catedral nunca deja de construirse. Necesita un equipo de conservación permanente. Siempre hay andamios, porque es un proyecto eterno